¡Hacer el bien es triunfar!
Honremos a la vida, que es muy fácil hacerlo; eso comienza en casa con los sabios consejos de padres y abuelos
Van pasando los días, la verdad en silencio. Las aves de rapiña, esperando el momento de cercenar con furia al cóndor, cuyas alas, ¡volando están muy lento! Pero con la frente alta, labra y labra, tanto que hasta nos parece ya broma macabra. Aves de mal agüero que viven no a destajo, destruyendo lo bueno y endiosando a lo malo. Que atacan en bandadas, cual bandidos triunfantes, al acecho están siempre; odiosos, repugnantes. Sin Dios ni ley, atacan a la verdad hoy incierta, que por la culpa de ellos hoy es palabra muerta. Se pavonean con aires de grandeza, destilando ignorancia y con leyes perversas. ¡Oh vida, es la vergüenza la que tiene hoy su trono!, por eso el país transita en abandono. Todo se desmorona; hasta el cemento ‘in situ’ resquebraja su cuerpo y el caos llega preciso. Hoy todo se abandona, pero lo que nunca muere ni cae en la lona es la sabia palabra que alumbra y jamás hiere a la persona.
Honremos a la vida, que es muy fácil hacerlo; eso comienza en casa con los sabios consejos de padres y abuelos. Ellos ya sembraron en el alma el anhelo de siempre hacer el bien, sea verano o invierno. Logremos nuestro respeto considerando a los otros, a los conocidos y desconocidos, aún a los de bolsillos rotos. Amar es el secreto sincero y sin medida; pero agradeciendo a quienes nos han dado la vida. Desterremos por siempre la anarquía y edifiquemos con la piedra angular de la alegría. Sembremos el bien todos los días, paso a paso; solo así disfrutaremos de la vida, sin dar lugar al ocaso, agradeciendo en todo momento. No hay amor sin sufrimiento.
A Dios, omnipotente y adorado, ¡le pido clemencia para este país convulsionado!
Myrna Jurado de Cobo