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Diario Expreso Ecuador

La política y la falta de vocación de servicio: el auge de los oportunistas

La creciente presencia de figuras políticas guiadas por intereses personales y no por el servicio público alimenta el debate sobre la crisis de representación

El oportunismo político y los intereses personales generan preocupación en distintos sectores de la sociedad.

El oportunismo político y los intereses personales generan preocupación en distintos sectores de la sociedad.Imagen generada con IA

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Amables lectores, sin ninguna duda, veo una sensación cada vez más extendida y difícil de desmentir: nuestra política se ha ido quedando sin políticos con verdadera vocación de servicio. No en el sentido literal: cargos sobran, estructuras sin ideologías también y las campañas parecen más activas que nunca. Lo que escasea es algo más difícil de definir y, sobre todo, de reemplazar: la auténtica vocación de servicio público.

El oportunismo gana terreno en la vida pública

En su lugar proliferan los oportunistas. Personajes que llegan a la política no por convicción, sino por interés; que entienden el poder no como una herramienta para transformar la realidad, sino como un trampolín para satisfacer ambiciones personales y familiares. Son hábiles para modular discursos según la ocasión y detectar hacia dónde les conviene dirigirse. Pero esa misma habilidad los vuelve incapaces de sostener una idea cuando deja de ser rentable.

El político de vocación no es perfecto, pero tiene una brújula. Puede equivocarse, incluso gravemente, pero sus decisiones responden a un marco de valores consistente. El oportunista, en cambio, carece de norte: hoy defiende una causa y mañana la contraria, siempre con la misma seguridad impostada. En ese contexto, tiene ventaja porque reacciona rápido, dice lo que le conviene y evita costos innecesarios. El político auténtico paga el precio de la reflexión, la duda y el compromiso sostenido en el tiempo.

La ciudadanía también tiene responsabilidad en la calidad de la política

Pero el problema no es solo de quienes ocupan cargos; también existe una responsabilidad social. Cuando el debate público se reduce a lo personal y a los escándalos, el terreno favorece a quienes mejor saben moverse en esas situaciones. Sin ideas ni proyectos colectivos, buscan llenar sus bolsillos y arrasar con lo que más puedan.

Recuperar la política exige más que cambiar personas o partidos. Requiere revalorizar el proyecto colectivo, el debate honesto y una ciudadanía dispuesta a exigir más, sin aceptar dádivas.

Al final, la abundancia de oportunistas no es más que el síntoma de una renuncia persistente a tomarnos la política con la seriedad que merece.

Mario Vargas Ochoa

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