Pesimismo político en Ecuador: el impacto de los agoreros del desastre en la sociedad
El pesimismo político y los agoreros del desastre afectan la percepción ciudadana en Ecuador, destacando la importancia de una crítica constructiva

Mientras indicadores de desarrollo y seguridad muestran señales de avance en el espacio público, persiste un discurso de confrontación y pesimismo
Hay personas que no saben vivir sin anunciar el fin del mundo. Si el Gobierno arregla una carretera, dicen que es propaganda; si mejora la economía, aseguran que es maquillaje estadístico; si baja la violencia, responden que “seguramente es temporal”. Y si el país avanza un poco, aparecen expertos explicando que todo está peor.
Crítica constructiva vs. pesimismo permanente
No se trata de defender ciegamente al Gobierno. Ningún gobierno es perfecto y todos merecen fiscalización, pero una cosa es criticar con argumentos y otra convertir el pesimismo en proyecto político.
Los agoreros del desastre no construyen, administran el miedo. En Ecuador, gran parte de ese discurso viene impulsado por sectores de izquierda radical y grupos políticos que durante años controlaron el país.
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Lo preocupante no es que existan esos discursos, sino la facilidad con la que parte de la ciudadanía termina absorbida por esa narrativa derrotista. Todo se interpreta desde la sospecha: si llega inversión extranjera, “están entregando el país”; si se fortalecen relaciones internacionales, “nos volvimos colonia”; si se combate el crimen organizado, “se militariza la sociedad”.
El ciudadano común observa algo distinto: pese a errores y tropiezos, hay intentos por recuperar institucionalidad, fortalecer la seguridad y estabilizar la economía. ¿Faltan muchas cosas? Claro que sí. Pero también sería deshonesto negar que ciertos indicadores muestran mejoras.
La estrategia es clara: repetir permanentemente que todo está mal genera una percepción colectiva de fracaso, aunque la realidad sea más compleja. Y en tiempos de redes sociales, el miedo circula más rápido que los datos.
Porque si algo destruye a una sociedad no es solo la crisis económica o la inseguridad, sino la pérdida de confianza en cualquier posibilidad de mejora. Ahí es donde los agoreros del desastre hacen más daño: convierten el pesimismo en identidad política.
Ecuador necesita crítica útil, oposición que proponga y ciudadanos capaces de analizar más allá del titular incendiario o del meme viral.
Al final, una sociedad madura no es la que aplaude todo ni la que destruye todo, sino la que reconoce avances sin dejar de exigir resultados. Eso incomoda a los eternos ‘agoreros del desastre’.
Francesco Aycart C.