La verdad, aun oculta, no deja de ser verdad
No hubo pues masacre de obreros y, si alguno cayó, no fue por obrero sino por vandálico
La historia patria, cuando la política interviene en su redacción, no siempre nos cuenta la verdad. Lo usual es que termine desvirtuándola al antojo de sus cambiantes intereses, pero la verdad, aun oculta, no deja de ser verdad.
Dicho lo anterior, considerando una obligación cívica insoslayable de quienes tengamos acceso a documentación que contradiga el pernicioso accionar de cierta actividad política en la narración de nuestra historia, me dirijo a usted para que a través de las líneas de diario Expreso se conozca documentadamente la verdad de lo acontecido el 15 de noviembre del año 1922.
Al efecto acompaño en copia dos epístolas fechadas ocho meses después del fatídico día 15 de noviembre.
La primera, dirigida a mi abuelo Luis Vernaza , director de la Junta de Beneficencia Municipal de Guayaquil, en la que el general Enrique Barriga, jefe de la Zona Militar, encargado de defender la ciudad de los actos vandálicos perpetrados por dirigentes extremistas totalitarios que manipularon a la clase obrera, le preguntaba sobre el número de fallecidos y su opinión sobre la intervención militar en dicha jornada.
La segunda, de mi abuelo contestándole que los fallecidos fueron 37 y que la intervención militar fue necesaria, sin la cual el número de fallecidos hubiera sido muy alto.
No hubo pues masacre de obreros y, si alguno cayó, no fue por obrero sino por vandálico.
Dr. Jorge Pino Vernaza