Navegación a la deriva
Los puentes, desde el 2017, han sufrido alrededor de cinco impactos, ¡oh, sorpresa!
En el año 2014 se inauguraron los puentes desde Guayaquil y Durán hacia la Isla Santay como parte de un Proyecto de Turismo Sostenible y de Conservación de la denominada Área Nacional de Recreación Isla Santay, cuyos objetivos claramente no han sido cumplidos. Más bien, a lo largo de los últimos cinco años, se han convertido en un dolor de cabeza por los continuos accidentes ocurridos en los mencionados puentes.
En su oportunidad, el proyecto mereció cuestionamientos de diferente naturaleza, resaltando la opinión de algunos en el sentido de que constituía un obstáculo a la libre navegación por el río Guayas.
Al margen de lo mencionado, la realidad es que el proyecto se construyó y desde ese momento hasta la actualidad no hemos sido capaces de generar una mesa técnica que permita desarrollar el mejor uso de la infraestructura construida, sin la presión del Gobierno de la década perdida, que sin duda alguna, solo le interesaba gastar sin una planificación que no solamente priorice el gasto, sino que también privilegie o maximice los beneficios hacia una población, que, sin duda alguna, merecía ser atendida.
Los puentes, desde el 2017, han sufrido alrededor de cinco impactos, ¡oh, sorpresa!, por lo menos cuatro de ellos, por barcos que “navegan a la deriva”, que por supuesto han merecido la preocupación ciudadana.
La Dirección Nacional de Espacios Acuáticos (Dirnea), entre otras instituciones, tomó la resolución de suspender el servicio de la aerovía para precautelar la seguridad de los usuarios, al tiempo que reiteraba la necesidad de eliminar los puentes hacia la Isla Santay, seguramente, por el peligro que representan para la navegación a la deriva, ya que la otrora navegación fluvial, desde el siglo XVII hasta parte del siglo XX, se nota claramente que ya no existe.
Es realmente preocupante que un problema de gran magnitud y de enorme trascendencia no merezca la atención debida y su solución se analice con una superficialidad que asusta, con el peligro de caer en algo igual o peor de lo ya existente. Dios nos libre del impacto de un barco a la deriva, o no, sobre el puente de la Unidad Nacional, que a más de ocasionar daños a dicha infraestructura “impediría la libre navegación a la deriva”.
Ing. Kléber Jacinto Rivero