Internet, algoritmos e inteligencia artificial: el debate sobre la realidad y la desinformación
El auge de internet, las redes sociales y la inteligencia artificial ha generado una sobrecarga de información, desinformación y simulaciones digitales

La era digital plantea desafíos sobre la verdad, la percepción de la realidad y el papel de la inteligencia artificial en la vida cotidiana.
Una de las primeras experiencias desde que nos iniciamos con el internet fue el enorme aumento de la información de poco o ningún uso, o falsa, confusa. Más trabajo para indagar, diferenciar y desechar la basura del proceso de industrialización de la vida, de superficialidades.
Desinformación, algoritmos y realidad digital
Una vida sintética de simulaciones que nunca pueden proveer la realidad, en un mundo donde estamos contaminados de prejuicios, nociones preconcebidas y desconfianza. Cada vez menos capaces de recordar, la verdad desaparecerá envuelta en publicidad controlada por empresas tecnológicas de control mental, como la goebbeliana Palantir. El peso de pensar por uno mismo, leyendo libros y viviendo una realidad natural está siendo eliminado por una ‘realidad’ virtual -un mundo insubstancial-. Todo esto es lo que oscurece la alegría.
En la era de inteligencia artificial, con falsedades e imágenes y voces generadas y memorias algorítmicamente reconstruidas, la re-enseñanza es urgente para no caer en trampas como fotos montadas de casos que nunca ocurrieron y de construcción digital del pasado, más placentero que lo que realmente ha ocurrido. El algoritmo no te ama, te procesa. ¿Qué hacer? Seguramente el primer paso es ignorar los medios sociales en lo más posible y nunca preguntar a IA, evitar comunicaciones corporativas y artículos sin sentido. Esto parece ridículo pero es la única manera de abrir caminos al corazón y a la mente. Es enigmático.
Cambiar el mundo es dejar de ser acaparador, ser libre de dependencias, libre de miedos y conseguir la paz de la mente. La decisión de estar presente - genuinamente, vulnerable, completamente presente- es, tal vez, el acto más radical y necesario de coraje disponible para un ser humano. Desatar lo falso. Nos morimos internamente si no pensamos y no nos retamos. Sabemos que hay que cambiar, pero no lo hacemos. No puede haber permanencia y cambio a la vez. Revivir nuestras relaciones con la naturaleza, mantener instintos intuitivos, aprender de las personas y los pueblos, su manera de conocer y compartir los sonidos y movimientos, pueden llevarnos a una vida sana y perceptiva. Alimentarnos como acto de cultura agroecológica y no de consumismo.
Federico P. Koelle D.