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Diario Expreso Ecuador

Vitruvio desempolvado

La expansión de la IA reabre el debate sobre el valor de las mentes multidisciplinarias, el modelo educativo y el regreso del pensamiento humanista

La inteligencia artificial impulsa nuevas reflexiones sobre educación y creatividad humana.

La inteligencia artificial impulsa nuevas reflexiones sobre educación y creatividad humana.CANVA

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Existe una figura humana que la cultura occidental cargó durante siglos y luego decidió eliminar. El todólogo. El maestro de todo y oficial de nada. El que sabía de leyes, de música, de astros. La modernidad le inventó un mote despectivo. Diletante. Aficionado. Charlatán. Perezoso. Lo expulsó del prestigio, de las cátedras, de los premios. Le exigió escoger una sola cosa.

Steve Jobs y el valor de conectar disciplinas

Pero el todólogo no murió. Se escondió en lugares inesperados. Los padres de Silicon Valley no fueron solo ‘nerds’ vestidos con basta ancha. Steve Jobs auditó un curso de caligrafía sin aplicación práctica alguna y esa clase decidió años después la tipografía del primer Macintosh. La caricatura del especialista absoluto sirvió para vender camisetas. No para describir mentes.

Y sin embargo, cada mañana un niño entra a una escuela donde literatura, matemáticas, ciencia, música y arte se enseñan en aulas separadas, como si fueran trincheras enemigas. Sale a los veintidós con un título que nombra una sola cosa, y descubre a los treinta que el mundo no se deja leer por una. Tarde y caro.

Educación fragmentada y pensamiento integral

El currículum sigue dividido en productos terminados, no en los procesos que los produjeron. Esa es la herida. La mente real trabaja por operaciones que atraviesan los cajones. Observar, imaginar, abstraer, analogizar, pensar con el cuerpo, empatizar, modelar, jugar, sintetizar. Verbos, no disciplinas. Materia prima de cualquier mente entera.

Pero algo se está moviendo. La inteligencia artificial fragmentó al especialista justo donde dolía. Si una máquina ejecuta mejor la profundidad estrecha y además conecta disciplinas a velocidades inalcanzables, el valor humano se desplaza hacia lo que la máquina no hace. La máquina lee. El humano ha atravesado. Solo quien ha atravesado se modula para decodificar contextos humanos. Y es que la IA no cruza vidas.

Por eso vuelve el Vitruvio, ese dibujo con que Leonardo selló el ideal humanista del hombre entero. Sacude el polvo de cinco siglos. No como nostalgia renacentista. Como diagnóstico de urgencia.

Queda la pregunta difícil. Cómo formamos al todólogo que estamos volviendo a necesitar sin que la palabra polimatía se inflame hasta vaciarse. Seguimos en redes @bb_latente

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