Encuestas a la carta
Hay riesgo que las encuestas provoquen un efecto de arrastre, de apoyo al supuesto ganador, de voto útil o ‘zapping’
Faltan pocos días para que se desarrollen las elecciones anticipadas y la consulta popular que decidirá el destino del Yasuní. Al tiempo que la campaña electoral se enciende, una cantidad indiscriminada de encuestas se publican con el propósito de someter a los electores. Esas encuestas pasaron de ser una herramienta necesaria para ajustar las estrategias de campaña de los candidatos o partidos a convertirse en instrumentos de propaganda difundidos indiscriminada e irresponsablemente para configurar la opinión pública. Hay encuestas a la carta, todas indistintas en cuanto a posiciones de los presidenciales y al porcentaje que alcanzarían; pareciera que todo depende de quiénes la financian. Algunas pronostican que habrá ganadores en primera vuelta, otras intentan posicionar a ciertos candidatos como opciones en ascenso e incluso unas terceras desplazan de las preferencias a más de un binomio. El empleo de estos instrumentos en el mundo aplicados a campañas políticas data del período de entreguerras del siglo XX; en Ecuador son usados desde décadas atrás, pero su intencionalidad de incidir en el voto tiene mayor preponderancia en cada elección. Basta recordar los pronósticos de la campaña presidencial de 2021; los resultados revelados de la mayoría de encuestadoras carecieron de asertividad, generaron incertidumbre y son responsables indirectas de la materialización de un fraude electoral que despojó de la segunda vuelta a Yaku Pérez e impuso al banquero en la presidencia. Hay riesgo que las encuestas provoquen un efecto de arrastre, de apoyo al supuesto ganador, de voto útil o ‘zapping’ (modificación de la preferencia electoral incidida por la última encuesta electoral) y terminen impulsando a los binomios auspiciados por los últimos tres gobiernos, vinculados a las encuestadoras. Bien hechas, las encuestas son instrumentos que miden temporalmente los favoritismos. Su asertividad no es absoluta, más aún con la alta indecisión reinante, pues están expuestas a errores técnicos (muestreo, cuestionario, tamaño de la muestra, forma de entrevistar, etc.) y a la parcialización política. Los ecuatorianos son víctimas de una infoxicación predictiva que ojalá no doblegue a la democracia real. A futuro los organismos electorales y de control deben tomar correctivos para estandarizar criterios de los sondeos de opinión, evitar fraudes ideológicos y garantizar los derechos políticos de la gente sobre los intereses proselitistas.
Francisco Escandón Guevara