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Diario Expreso Ecuador

Duras rompe la narrativa tradicional en una novela marcada por la ansiedad

La obra Los ojos azules, pelo negro, de Marguerite Duras, plantea una experiencia literaria marcada por la ansiedad, el deseo y las emociones no resueltas

Referencial. La obra rompe con las estructuras narrativas tradicionales de la literatura.

Referencial. La obra rompe con las estructuras narrativas tradicionales de la literatura.CANVA

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Me sentí agitada. La respiración entrecortada y, sinceramente, jamás había experimentado esta necesidad de terminar un libro con tanta velocidad. Eso me ocurrió con Los ojos azules, pelo negro, de Marguerite Duras. No fue una lectura cómoda y mucho menos lineal. Hubo momentos en que deseé ponerla a un lado y dejar de leerla. La novela no tiene un ápice de aburrida, pero a mí me produjo ansiedad. Como si la historia estuviese construida para dejar al lector encerrado dentro de una habitación emocional sin salida.

Con los días observé que eso ocurre porque Duras no escribe desde la lógica tradicional del relato. Sus personajes no avanzan hacia una resolución clara, ni sus diálogos parecen obedecer del todo las reglas aristotélicas que por siglos han organizado nuestra forma de entender las historias: planteamiento, conflicto y desenlace. Con esta obra de Duras permanecí en congoja desde los ojos hasta el pecho.

Marguerite Duras rompe las reglas tradicionales de la narrativa

La novela ocurre frente al mar, durante la noche, entre estos dos cuerpos que comparten espacio pero jamás logran alcanzarse realmente. Y mientras la leía entendí que a veces la distancia más grande no ocurre entre dos países, sino entre dos personas que sienten algo y lo callan. Duras parece entender perfectamente esa clase de amor suspendido. Ese vínculo donde nadie toca realmente al otro, pero ambos giran alrededor de una presencia invisible, silenciosa, monótona. Como satélites atrapados en una misma órbita emocional. Quizás por eso sus personajes se sienten más como espectros. No se verbaliza el sentimiento; la comunicación entre ambos personajes se da desde el intento de sobrevivir al vacío que cada uno acarrea.

Sucede que ya al final de la lectura me di cuenta de que circulamos una obsesión por el deseo de entenderlo todo: emociones, narrativas, finales. Ansiamos claridad inmediata y somos esclavos de las respuestas. Pero hay piezas de arte que se resisten a eso, arte que está hecho para experimentarse. Tal vez por eso siento profunda cercanía y curiosidad hacia el simbolismo y las narrativas no lineales, porque se parecen más a la vida interior del ser humano. La emoción rara vez ocurre de forma ordenada. Si nos damos cuenta, el deseo, la nostalgia y el duelo no siguen estructuras aristotélicas. Simplemente suceden. Como el mar descrito por Duras. Una presencia que nunca termina de retirarse.

Frances Swett

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