Desempleo en mayores de 40 en Ecuador: la discriminación laboral que el Estado no enfrenta
La exclusión laboral de personas mayores de 40 años revela una crisis silenciosa que exige políticas públicas urgentes y un cambio en la visión empresarial

Profesionales mayores de 40 años enfrentan exclusión laboral pese a su experiencia y trayectoria.
Señores representantes del Gobierno Nacional: me dirijo a ustedes con profunda preocupación por la realidad que viven miles de personas mayores de 40 años en nuestro país, quienes están siendo desplazadas laboralmente y tratadas como si ya no fueran útiles. Hoy muchas empresas reemplazan a profesionales con experiencia y trayectoria por personal más joven, únicamente por un menor costo salarial. Esta situación no solo es injusta, sino inhumana. Se deja de lado a hombres y mujeres que durante años trabajaron, aportaron al desarrollo del país, pagaron impuestos y sostuvieron la economía.
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La experiencia no debería ser un obstáculo
La realidad es que una persona mayor de 40 o 50 años aún tiene capacidad, conocimiento y experiencia para seguir aportando. Sin embargo, enfrentan una discriminación silenciosa al ser considerados “muy mayores” o “sobrecalificados”. ¿Qué sucede entonces con estas personas? Muchos tienen deudas: viviendas, estudios de sus hijos y responsabilidades familiares. Al perder sus empleos quedan en una situación desesperante. Algunos pierden sus hogares, otros regresan con familiares y muchos sobreviven en la informalidad.
La situación es alarmante. Aumentan los trabajos informales porque las empresas evitan contratar mayores de 40 años. Surge entonces una pregunta: ¿qué solución ofrece el Estado? ¿Deben resignarse a la pobreza tras toda una vida de trabajo? Incluso hay casos donde la desesperación lleva a depresión, ansiedad y pensamientos suicidas.
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Es preocupante que no se haya dado la importancia necesaria a esta problemática. No se puede hablar de progreso cuando ciudadanos preparados son excluidos por su edad. El verdadero desarrollo se construye valorando la experiencia y dignidad. Un país no puede avanzar dejando atrás a quienes sostuvieron sus instituciones y familias.
Una crisis social en crecimiento
Por ello, solicitamos políticas públicas de inclusión laboral para mayores de 40 años, incentivos para empresas y programas que protejan su estabilidad. La experiencia no debería ser un castigo ni la edad una condena laboral. Trabajar dignamente no debe ser un privilegio solo para los jóvenes.
Karina Hidalgo Loffredo