Democracia y derrotas electorales: una prueba pendiente en América Latina
Las reacciones tras los procesos electorales en varios países de América Latina han reabierto el debate sobre la aceptación de los resultados

Las elecciones en Colombia volvieron a poner sobre la mesa la importancia de aceptar los resultados electorales.
Lo que sucede en Colombia con la reacción irracional de Gustavo Petro e Iván Cepeda al oficial triunfo de Abelardo de la Espriella es realmente vergonzoso, no solo para un expresidente, si no, también para un excandidato presidencial. Es inaceptable que políticos reaccionen con amenazas contra la sociedad por el hecho de haber perdido las elecciones. El mensaje que envían es que la democracia funciona cuando ellos ganan: una postura infantil y completamente inmadura.
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Valeria Alvear
Ecuador y otros casos de polarización política en la región
Analizando casos similares en otros países, como el nuestro y la permanente calificación de usurpador al actual presidente por parte de un grupo político perdedor de las elecciones: insultos permanentes, ataques irracionales, oposiciones inaceptables (nos opondremos a todo, como sostuvo la máxima dirigente de esa agrupación política).
Pero no es solo Ecuador o los países limítrofes, allí está Venezuela, con el fraude electoral en las elecciones presidenciales últimas; o Cuba, con un solo partido político (y hay políticos de esta región que califican eso de democracia); o Nicaragua, con un régimen que controla todo y persigue a cualquier opositor, exiliándolo, descalificándolo, expulsándolo, quitándole la ciudadanía y muchos disparates más.
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Todas estas reacciones absurdas y arbitrariedades se dan de políticos que se autocalifican de izquierda, socialistas y cosas por el estilo. ¿Son estas reacciones y actuaciones una actitud permanente de los socialistas? ¿Podemos permitir que se califiquen o los califiquen de demócratas?
José M. Jalil Haas