Corrupción en hospitales del IESS: contratos, sobreprecios y una pregunta incómoda
La corrupción en hospitales del IESS, los contratos con sobreprecio y el manejo de recursos de salud vuelven a poner el foco en el sistema público

El IESS enfrenta cuestionamientos por presuntos casos de corrupción y sobreprecios en contratos de sus hospitales.
Es la pregunta obligatoria y mordaz que hace el beneficiario del ‘reparto’ de la salud a quienes la van a administrar. Indagar en noticieros si hay o no reparto en las provincias es ridículo: en todos los hospitales del sector público y del IESS primeramente se roba y, cuando ya no hay más que hacer, se averigua si existen insumos básicos cuyo bajo beneficio ‘no alcanza’ para contentar a todos. Cuando acontece una crisis como la del coronavirus, se liberan las pasiones y se termina negociando con muertos y mortajas con sobreprecio.
Los hospitales se prestan al negocio por el desconocimiento que los pícaros tienen de su funcionamiento y equipos. La sofisticación y los años de estudio necesarios para manejarlos con solvencia ocasionan los burdos errores de quienes solo buscan llevarse el dinero, sin importar cuánto cuesta ni para qué sirve lo adquirido.
A un pícaro jefe del IESS, Richard Espinosa, que festejaba en Madrid la compra de equipos, le preguntaron por las comisiones médicas que avalaron la adquisición. Respondió: no eran necesarias, aquí están los instructivos. ¿Velaba por la salud de los afiliados o robaba la plata?
El caso del Teodoro Maldonado Carbo
Patética es la realidad del hospital Teodoro Maldonado Carbo de Guayaquil, convertido en guarida de corsarios. En un solo día, su gerente en 2018, Luis Jairala Zunino (puesto por Espinosa), firmó contratos por 13 millones de dólares, siete de ellos con sobreprecio; es decir, en 24 horas se embolsó siete millones. Tras el allanamiento a su casa, hoy figura como prófugo.
Mientras escribo, un pelotón desocupa el Hospital del IESS de Durán. Todos adivinamos lo que hallarán. La Fiscalía podría intervenir un hospital diario y no terminaría en un año, ni alcanzarían los calabozos.
En nuestros nobles hospitales ya no se pregunta: ¿en cuál quieres trabajar?, sino: ¿en cuál quieres robar?
Carlos Mosquera Benalcázar