Cartas de lectores: Sociedad cómoda, la ecuatoriana
Reclamemos derechos, pero cumplamos deberes.
En mi vida, que no es corta, nunca he visto tantos y desesperados pedidos, sugerencias y hasta imposiciones a un gobierno que aún no se posesiona, medida de cómo el ciudadano ha ido perdiendo soberanía y el Gobierno ganando autoridad. Hasta la mitad del siglo XX, la gente en el campo (75 % de la población) era libre y autosuficiente, sembraba para consumo de él y su familia. En la ciudad eran pocos y dependían del sueldo y la comida del campo. La única fuente de empleo era el sector público y debían estar pendientes del gobierno de turno; ello al campesino poco le importaba. El desarrollo acelerado de la ciencia y tecnología hizo girar en 180° el reparto poblacional. El campo (25% de la población) está abandonado, no hay quien cultive la tierra, hay que importar comida. La ciudad sobrepoblada no cubre servicios básicos, no hay empleo, la violencia asfixia, el empresario no tiene estrategias para desarrollarse, el trabajador baja la productividad y sube aspiraciones salariales, trabajaba 44 horas/semana, hoy 40 y quieren disminuir; ambos imploran protección al Gobierno. La salud es un lujo, hospitales sin medicina, burócratas incapaces y corruptos, médicos indolentes; en la educación igual, el ciudadano no se prepara, compra títulos; en movilidad, poco uso de transporte público, auto para cada persona, etc. Todos piden protección al Gobierno y cuando no alcanza critican. Estamos mal, la responsabilidad es compartida, debemos rectificar; menos consentimiento más aporte ciudadano. Reclamemos derechos, pero cumplamos deberes.
Marco A. Zurita Ríos