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Diario Expreso Ecuador

 

Cartas de lectores: Apoyo a Paola Roldán

En nuestro país vemos a diario que por insuficiencia de recursos no tratamos el dolor y el sufrimiento de los pacientes adecuadamente

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La vida parece ser un proceso hacia la muerte. Si no interviniéramos en él, en su individualidad en cada ser humano, haciendo caso omiso de la ciencia y la biotecnología, sería un volver a la época en que el ser humano vivía al arbitrio de su ignorancia. Con el afán de existir plenamente, los seres humanos nos hemos convertido en una especie que busca cualquier mecanismo para acabar con todo lo que se relacione al deterioro, a la no estética, a la enfermedad, a la discapacidad, al dolor y a la lucha contra las manifestaciones corporales que llevan al fin, a la muerte. En esta dinámica de existencia, ¿hay que acelerar, intervenir o no, en los procesos de vida y de muerte en los extremos de la existencia? Frente a la enfermedad terminal existen opciones: dejar que el curso de la enfermedad siga naturalmente, utilizar medicina paliativa, negarse al tratamiento, suicidarse, solicitar suicidio asistido o eutanasia. En la mayoría de países no se aceptan las tres últimas opciones. La decisión y capacidad de una persona o sociedad para enfrentar el dolor de pacientes terminales parecen depender de concepciones preestablecidas, dadas por el contexto social y su dependencia de la capacidad económica que determina la operatividad de las decisiones. Ello nos ha llevado a pensar en el carácter de bien jurídico personalísimo que posee el dolor, y al mismo tiempo de responsabilidad social, que está en directa relación con el sufrimiento personal y colectivo, que impulsa a la persona o a terceros a ejercer un derecho sobre él, que es la autonomía de la voluntad, del paciente o de quien toma las decisiones por él. En nuestro país vemos a diario que por insuficiencia de recursos no tratamos el dolor y el sufrimiento de los pacientes adecuadamente o no respetamos la autonomía de su voluntad, al querer terminar su dolor con opciones desde su interculturalidad de la salud. Además del daño físico, se causa daño moral al paciente prolongando su sufrimiento. Solicitar eutanasia, como ha hecho Paola Roldán, desde sus concepciones, cultura de vida, del cuerpo y su individualidad, es una opción válida dentro de nuestro país multicultural y/o pluricultural.

Susana Cárdenas Miño

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