Cartas de lectores | No hay invierno destructivo
Ante los efectos negativos tangibles, la operatividad recae en el sistema de prevención de riesgos de cada municipio
En estos últimos días se han emitido frases en los periódicos, expresiones que califican a la actual estación invernal como “destructiva”. Esta situación se repite cada año y, por su impacto -que afecta a los sembríos mediante inundaciones y desbordamientos-, las notas periodísticas encuentran material para su labor.
Quien predispone el desastre es el hombre, sea por ignorancia, codicia o por no respetar el ritmo de la naturaleza, al calificar como fenómeno o desastre los eventos cíclicos de aquella.
Ante los efectos negativos tangibles, la operatividad recae en el sistema de prevención de riesgos de cada municipio; sin embargo, la rigidez del aparato burocrático limita su ámbito de competencia.
¿Hasta cuándo culpar al invierno o a la naturaleza? El hombre debe respetarla, no lidiar contra ella; sin prevención, el efecto ineludible del invierno provoca un tipo de masoquismo a los afectados y consecuencias económicas y demográficas no presupuestadas.
En virtud de lo expresado, y del caos que erróneamente se atribuye a las secuelas de la estación invernal, la gestión de riesgos debe ser política de Estado: constituirse en un ministerio con recursos financieros y logísticos, integrado por especialistas en prevención integral, que articulen instituciones, comunidades y habitantes rurales y urbanos para cuidar la naturaleza y sus vidas. No hay invierno destructivo.
Lenin Manuel Moreira M.