Actual patriotismo guayaquileño
Irresponsablemente festejamos la pérdida de nuestras instituciones y la esencia de la guayaquileñidad
Cada julio y octubre aparece el simbolismo patriótico, pero nada de nada digno de distinguirse. Declaraciones, festejos, espectáculos, bailes, desfiles, etc. conducidos a la diversión, anteponiéndose a las fechas a recordar. ¡Cuánto puede hacerse y deben hacer las instituciones representativas en aras del progreso, reactivación y armonía de sus habitantes!, pero de eso pocos se preocupan. Con algarabía llevan al olvido los acuciantes problemas que tenemos con un festejo donde se tiene que pagar la entrada para consumir platos típicos; pequeñas construcciones como la piscina con olas en el Suburbio, cuando lo prioritario es la troncal 4 de la Metrovía. El nuevo aeropuerto, la firma de autorización del proyecto de aprobación para el quinto puente. Necesitamos de urgencia el concurso patriótico de todos los guayaquileños y afincados en esta provincia, sin distingo de clases. Están siendo vapuleadas, postergadas y suprimidas nuestras más señeras instituciones. Nos arrebatan el Instituto Nacional de Higiene, el otrora Hospital Neumológico -LEA; el Conservatorio de Música Antonio Neumane; como lo más normal, sin que sintamos el más ligero remordimiento cívico-social. El cuento del gallo pelón: que van a realizar el dragado, solo de una mínima parte, al otrora caudaloso río Guayas, donde termina el río Daule, dejando incólume pocos metros adelante, el sitio donde se acerca al encuentro del río Babahoyo. Ese entorno o pequeño espacio del Daule es causa de la disminución de la fuerza de las corrientes y la profundidad de su cauce, lo que se revierte en grandes bancos de arena que acarrean la muerte del río y de especies ictiológicas, tierras circundantes y de las aves que ven deteriorado su hábitat, ocasionando su extinción. No defender lo nuestro es antipatriótico, peor aferrarnos al pasado queriendo apoderarnos de la gloria por lo que otros hicieron. Irresponsablemente festejamos la pérdida de nuestras instituciones y la esencia de la guayaquileñidad.
César Antonio Jijón Sánchez