Adolescentes bajo asedio
Un caso en Latacunga alerta sobre la posible presión de grupos criminales a estudiantes, evidenciando el riesgo de reclutamiento en entornos escolares

El crimen organizado busca influir en adolescentes dentro de entornos escolares, según alertas recientes.
Hoy la alarma social se centra en la posible incursión de estructuras criminales en espacios destinados a la formación escolar. Lo ocurrido en Latacunga, donde estudiantes habrían sido intimidados para integrarse al GDO los Lobos, es una señal de advertencia sobre una amenaza que busca instalarse y contaminar el futuro del país: las aulas escolares.
Guayaquil
Esta es la forma en que el crimen organizado recluta adolescentes en Ecuador desde redes sociales
Edison Andrés García Yépez
El reclutamiento de menores como estrategia del crimen organizado
Cuando una organización criminal logra sembrar miedo entre adolescentes, la disputa deja de ser territorial para convertirse en una confrontación psicológica y cultural. El objetivo no es únicamente controlar un espacio físico, sino influir sobre decisiones y expectativas de vida. En términos prácticos, se intenta normalizar la violencia como mecanismo de reconocimiento y poder.
La experiencia internacional demuestra que el reclutamiento de menores prospera donde coinciden la fragilidad familiar, la ausencia de oportunidades, la deserción escolar y la falta de referentes positivos. Por ello, responder únicamente con medidas policiales es insuficiente. La seguridad es indispensable, mas la prevención resulta estratégica.
El rol de las escuelas, familias y comunidades en la protección juvenil
¿El desafío?, fortalecer los entornos de protección. Cada escuela debe ser un espacio de detección temprana, cada familia, un núcleo de acompañamiento emocional, y cada comunidad, una red activa de vigilancia y apoyo. La sociedad debe ofrecer un proyecto de vida basado en la dignidad, el conocimiento y las oportunidades.
Lo sucedido en Latacunga nos obliga a comprender que la lucha contra el crimen organizado se inicia en conversaciones familiares, programas educativos, actividades deportivas y en la capacidad colectiva de transmitir a los jóvenes que existen caminos legítimos para construir su futuro.
La pregunta decisiva es: ¿qué narrativa permitiremos que prevalezca en la mente de nuestros adolescentes, la que promete poder inmediato a través de la violencia o la que construye progreso mediante el esfuerzo y la educación? La respuesta dependerá de todos. Porque la sociedad que protege a sus jóvenes, protege su futuro; pero cuando guarda silencio, deja abierta la puerta para que otros decidan por ellos.