Emergencia nacional
"Perdimos el miedo": la desgarradora realidad que vive La Guaira tras los terremotos
Con un saldo oficial que supera los 2.500 muertos, rescatistas internacionales y perros adiestrados trabajan entre ruinas en busca de milagros

Rescatistas participan en la búsqueda de un niño de 9 años que permanece desde hace nueve días bajo un edificio derrumbado en Caraballeda, La Guaira (Venezuela).
Lo que debes saber
- Zona cero: La Guaira concentra la mayoría de los 2.500 muertos y miles de desaparecidos por el doble sismo.
- Colapso edilicio: Las autoridades registran cerca de 200 edificios totalmente destruidos tras los movimientos.
- Inseguridad latente: Patrullas militares vigilan las ruinas para evitar robos a viviendas afectadas por el sismo.
Oscuridad macabra quebrada por las luces de linternas y lámparas, silencio roto por el ruido de martillos neumáticos y grupos electrógenos, y ráfagas de aire con olor a cadáver. Nueve días después del doble terremoto de Venezuela, la noche en La Guaira se ha transformado en un escenario lúgubre, a pesar de la solidaridad, muy lejos de su pasado de alegre balneario sobre el mar Caribe.
Buenavida
Tsunami emociona a Venezuela: el perro rescatista que encuentra sobrevivientes bajo los escombros
Valeria Alvear
La mayor parte de los más de 2.500 muertos y miles de desaparecidos de la tragedia del 24 de junio estaban en La Guaira, donde barrios enteros fueron arrasados por los sismos de magnitud 7,2 y 7,5.
Casi 200 edificios colapsaron totalmente, según las cifras oficiales que los pobladores consideran muy por debajo de la realidad.
Unas 15.000 personas damnificadas duermen en carpas en las calles, en canchas y estadios, en parques, en terrenos baldíos.
Zonas más afectadas y operativos
- Drama en Playa Grande: Sector de Catia La Mar donde equipos internacionales lograron el milagroso rescate de un civil.
- Morgue en el puerto: Espacio donde decenas de familias esperan rodeadas de dolor para identificar los cuerpos hallados.
- Destrucción en Caraballeda: El lujoso edificio Coral Beach de 12 pisos quedó reducido por completo a un montón de piedras.
Familiares, amigos y voluntarios se esfuerzan para sacar cuerpos de entre los escombros, sin que se les apague la pequeña esperanza de sacar a alguien con vida.
De hecho, el jueves 2 de julio de 2026 ocurrió el milagro de Hernán Gil, un guardia de 43 años, a quien socorristas internacionales consiguieron rescatar en Playa Grande, un barrio de Catia La Mar.
"Sándwich de losas"
Alumbradas por grandes linternas, una decena de personas excavan en una montaña de seis metros de alto formada por los escombros de un edificio de ocho pisos que se desmoronó como un "sándwich de losas", según la descripción de Manuel Alejos, que opera la grúa.
Internacional
Asedio petrolero, sanciones y amenaza militar: seis meses de máxima presión de EE.UU. a Cuba
Agencia EFE
"Estamos sacando losas, picando las losas, losa por losa, para sacar los cadáveres. Sus familiares necesitan también recuperar su cuerpo para darle su despedida", explica este hombre que dice haber extraído siete fallecidos de ese edificio.
Ángelo González, un mototaxista de 27 años, llega con agua y comida para repartir. "Ayudamos a nuestros hermanos. Todos tenemos la misma sangre", dice.
Decenas de personas esperan sentadas en sillas de plástico alrededor del puerto de La Guaira, donde se instaló una morgue improvisada.
Situación de los sobrevivientes
- Refugios improvisados: Canchas de fútbol y terrenos baldíos albergan a cientos de familias bajo toldos y carpas plásticas.
- Solidaridad civil: Voluntarios y mototaxistas se organizan de forma independiente para repartir agua y comida fresca.
- Pérdida material total: Vecinos expresan haber quedado sin hogar ni pertenencias, viviendo bajo amenaza de réplicas.
Owuar Herrera y doce de sus familiares han estado esperando desde las cinco de la tarde. Este hombre llevó el cadáver de su nieta Dasleidy Herrera, una niña de diez años que fue hallada junto a su abuela, Mildred Moreno, de 50.
Al cabo de una semana, "las encontramos, estaban abrazadas", rememora mientras espera las actas de defunción para poder llevarse los cuerpos y hacer una misa.
En Caraballeda, otra de las zonas duramente afectadas, no queda más que un montón de piedras de lo que fue el elegante edificio Coral Beach.
Encima de los escombros, un grupo de hombres busca el cuerpo de Dennis Velásquez, de 26 años, hijo de un amigo.
Sobre los restos de metal del edificio han sido colocadas botellas plásticas para evitar que causen heridas. Los voluntarios trabajan como hormigas, pasándose de mano en mano cubos llenos de escombros.

Personas afectadas por el doble terremoto del 24 de junio en Venezuela esperan atención médica este viernes, al interior de un restaurante en La Guaira (Venezuela).
"Pasamos el penthouse, el piso 12, en el 11 sacamos una familia de seis con un niño de 6 años, y ahora (estamos) en el décimo", señala Carlos Velásquez. "Queremos encontrar a mi hijo. Desde el día cero estoy aquí para sacar el cuerpo de mi hijo. Si tengo que sacarlo con las uñas, lo sacaré. Mi hijo va a descansar en un cementerio digno", asegura con la mirada triste.
César González, veterinario rescatista mexicano, le da agua a sus dos perros, Zeus y Bom. Están adiestrados "uno para detección de personas vivas" y el otro "para restos humanos".
"Entre más pase el tiempo, van disminuyendo las esperanzas. De hecho, todavía hasta hace dos días, digamos que la esperanza era mucho más alta. Y actualmente, pues, ya sabemos que sería raro, sería un milagro", explica.
"Ya fuimos saqueados"
Policías y militares patrullan para evitar saqueos. El sargento Yonder Maita, de 24 años, custodia a los rescatistas, pero principalmente quiere impedir los robos. "Hay gente que se mete en las casas, en los edificios para robar. Se aprovechan", advierte.
Internacional
El milagro de La Guaira: Hernán Gil sale con vida tras pasar ocho días bajo los escombros
Nadia Larco Bravo
En las fachadas de las casas que aún están en pie hay graffittis que dicen "Ya nos saquearon".
En una cancha de fútbol, María Arteaga, de 33 años y madre de cuatro niños, se prepara para dormir en un refugio improvisado bajo un toldo. Nueve personas pasarán la noche en colchones sucios encontrados en la calle. "Es muy difícil. Perdimos la casa, todo. Todo lo perdimos, menos la vida, gracias a Dios", exclama la mujer.
"Casi no teníamos nada y ahora lo perdimos todo", comenta su vecino Alexis Ramírez, de 25 años, quien trabajaba en un taller de neumáticos. Está junto con su hija Mía, de dos años, su esposa Fabiola, embarazada de siete meses, y su suegra. ¿Teme convertirse en una persona sin hogar? ¿Le dan miedo las réplicas del sismo? ¿Le tiene miedo a los ladrones?
"Perdimos el miedo", responde.