Jóvenes eligen trabajos manuales mientras la IA transforma el mercado laboral
Jóvenes eligen la carpintería naval y la electricidad. Estudios señalan que las tareas manuales tienen menor exposición a la inteligencia artificial

La carpintería naval, la ebanistería y la electricidad son algunas de las actividades que jóvenes entrevistados por El Mundo eligieron para formarse o cambiar de carrera.
Lo que debes saber
- Un reportaje de El Mundo presenta a jóvenes que eligieron la carpintería naval, la electricidad y la ebanistería como caminos laborales.
- Lucía Reggiani dejó una empresa de software en Londres y comenzó a trabajar la madera en Madrid: buscaba crear objetos tangibles.
- La OCDE señala que las tareas manuales tienen menor exposición a la IA generativa, aunque eso no garantiza que estén libres de cambios.
Un reportaje publicado por el diario español El Mundo recoge las historias de jóvenes que han elegido trabajos manuales mientras la inteligencia artificial transforma el mercado laboral. Uno de ellos es Oibar Olano, de 22 años, quien pensó en ser periodista y ahora trabaja como carpintero naval en el País Vasco, dedicada a recuperar técnicas tradicionales de construcción marítima.
Su interés comenzó a los 16 años, cuando llegó como voluntario al centro. Después de terminar el bachillerato volvió para formarse y, según relató a El Mundo, lleva casi dos años contratado. Entre sus trabajos está la reconstrucción de la nao San Juan, un ballenero vasco hundido hace cerca de cinco siglos frente a las costas de Canadá.
La decisión de Oibar plantea una pregunta que va más allá de su historia: ¿qué lugar pueden ocupar los trabajos manuales en un mercado donde la inteligencia artificial ya ayuda a realizar tareas de oficina?
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Valeria Alvear
Qué cambia con la inteligencia artificial
La Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos (BLS) ha clasificado las ocupaciones según su exposición relativa a la IA. La medición identifica tareas en las que esta tecnología podría asistir a los trabajadores o realizar parte del trabajo. Sin embargo, la propia entidad advierte que una exposición alta no equivale a una previsión de despidos, del mismo modo que una exposición baja no garantiza que una profesión quede al margen de los cambios tecnológicos.
Esa diferencia importa para entender el caso de Oibar. La IA puede ayudar a diseñar o planificar una pieza, pero su trabajo también exige medir, cortar, ajustar y ensamblar materiales en un entorno físico. Una herramienta digital podría modificar algunas etapas del proceso sin sustituir necesariamente todas las tareas que realiza un carpintero naval.
La OCDE señala que los trabajos basados en tareas físicas o manuales presentan, en general, una menor exposición a la IA generativa que ocupaciones centradas en actividades cognitivas. El organismo distingue, además, entre estar expuesto a una tecnología y correr el riesgo de que un empleo sea automatizado: son medidas diferentes
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Aprender electricidad como camino laboral
La historia de Aaron, otro de los jóvenes entrevistados por El Mundo, muestra una elección distinta. Nació en Lima, vive en España y combina el bachillerato con un curso de electricidad de baja tensión. Antes pensaba estudiar Ingeniería de Sistemas; tras comenzar su formación técnica, descubrió que le interesa trabajar con circuitos e instalaciones y considera estudiar ingeniería eléctrica.
Su recorrido muestra que la formación técnica y la universitaria tampoco tienen que ser caminos excluyentes. Aprender un trabajo práctico puede ser una forma de incorporarse al mercado laboral, profundizar después en una especialidad o continuar estudios superiores.
En España, el Observatorio de las Ocupaciones identifica dificultades para encontrar candidatos en actividades como electricidad, fontanería, soldadura y mecánica. Ese dato apunta a necesidades concretas de contratación, aunque por sí solo no demuestra que todos estos empleos ofrezcan mejores salarios o condiciones.
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Redacción Digital
Lucía dejó el software para trabajar la madera
Lucía Reggiani, socióloga de 27 años, trabajaba en una empresa de software en Londres. Según contó en el reportaje de El Mundo, durante un viaje laboral a Bangkok pasó cinco semanas trabajando hasta la medianoche desde un hotel. Esa experiencia la llevó a cuestionar si quería continuar en ese empleo. Meses después presentó su renuncia.
Tras viajar y regresar a España, se inscribió con una amiga en un taller de madera. Su amiga dejó las clases, pero Lucía siguió aprendiendo. Después de años frente a una pantalla, le atraía la posibilidad de crear objetos que pudiera ver y usar, como un banco o una silla. Finalmente comenzó a trabajar en un taller de ebanistería en Madrid.
Lucía reconoce que aprendió mucho en el sector tecnológico, pero encuentra una satisfacción distinta al terminar una pieza hecha con sus manos. En su caso, el cambio respondió a cómo se sentía con su trabajo y a lo que quería hacer cada día.
Su historia suma otra perspectiva a las de Oibar y Aaron. Mientras ellos se acercaron a la carpintería naval y la electricidad durante su formación, Lucía cambió de rumbo después de empezar una carrera profesional. Las tres decisiones muestran maneras distintas de llegar a los trabajos manuales.