Exiliados nicaragüenses: “La represión cruza la frontera”
Desterrados de Nicaragua denuncian que su país tiene una red para vigilarlos e intimidarlos que incluye a funcionarios migratorios y diplomáticos

El maestro nicaragüense exiliado Gabriel Putoy sostiene una imagen religiosa durante una entrevista.
Gabriel Putoy no sale solo ni para botar la basura, tampoco pasa dos veces por el mismo sitio: los nicaragüenses exiliados en Costa Rica viven con miedo a ser alcanzados por la persecución del gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo.
El portón de su casa no se le abre a cualquiera. Una docena de crímenes o intentos de asesinato de exiliados ocurrieron en los últimos cinco años, denunció en marzo un informe de expertos de la ONU.
“Nos monitorean. No nos sentimos seguros. Es terrible esta zozobra”, dice a AFP el profesor de 49 años en una habitación que hace de sala, cocina y dormitorio, dominada por una hornacina con una Virgen de yeso.
Allí se llega tras cruzar un patio con ropa tendida junto a un muro con el escudo de Nicaragua. El apartamento es chico, pero alberga a siete expatriados que se conocen hace años y se cuidan entre sí.
Una “extensa” red para vigilar
Según el Grupo de Expertos en Derechos Humanos de la ONU, Nicaragua tiene una “extensa” red para vigilar, intimidar y atacar a opositores exiliados que incluye a ejército, policía, funcionarios migratorios y diplomáticos.
“Están intentando silenciar a los cientos de miles de nicaragüenses en el exilio”, dijo a AFP el estadounidense Reed Brody, experto del grupo conocido como el “cazadictadores”.
Ortega, de 80 años y con casi dos décadas en el poder, y su esposa, acusan a los organismos internacionales de “injerencistas” y “mentirosos”, y a sus opositores de haber intentado derrocarlos con masivas protestas en 2018.
Su represión dejó unos 300 muertos, presos políticos y una diáspora en Costa Rica, Estados Unidos y España que incluye unos 400 activistas, intelectuales, religiosos y periodistas despojados de nacionalidad y bienes, acusados de “traición a la patria”.
“La dictadura lo mandó a matar"
Putoy cruzó en chancletas a Costa Rica por un punto ciego de la frontera en 2019, tras ser liberado luego de pasar un año preso, según él por participar en las marchas y trabajar en un colegio católico.
El temor se desbordó con el asesinato del mayor retirado del ejército Roberto Samcam, quien recibió ocho disparos en la puerta de su casa en San José, en junio de 2025.
En su apartamento entre plantas, libros y fotos de su marido, Claudia Vargas relata a la AFP que el crimen estuvo precedido por “amenazas de muerte” y una “campaña de difamación en redes sociales”.
Samcam, de 66 años, se exilió con su familia en 2018 tras denunciar la represión del ejército en las protestas. “La dictadura lo mandó a matar, su crimen muestra cómo opera la inteligencia” gubernamental, afirmó Vargas, de 53 años.
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"La represión no termina con solo cruzar la frontera"
En la calle a plena luz del día, el opositor Joao Maldonado sobrevivió con heridas de bala a dos atentados en 2021 y 2024. Su esposa quedó en silla de ruedas.
“La represión no termina con solo cruzar la frontera. No tengo la menor duda de que esto viene ordenado desde Nicaragua”, aseguró su abogado Marlon Medina.
Sin mencionar a Managua, la policía del Poder Judicial costarricense, que no respondió consultas de AFP por ser casos en investigación, señaló “motivos ideológicos” en el crimen de Samcam y los atentados contra Maldonado.
“Es un fenómeno nuevo” en un país con tradición de asilo, dice Medina, al abogar por facilidades para denunciar estos casos.
Para la viuda de Samcam, activista de derechos humanos, callar tampoco es opción: “No voy a dejar que el miedo me venza porque es lo que el poder está tratando de hacer: silenciarnos”.