Asia vuelve a tensarse
El buda sonriente y sol naciente
ANÁLISIS. La tensión crece en Asia mientras Japón acelera su rearme, China endurece su discurso sobre Taiwán y Rusia reivindica presencia en las islas Kuriles

Personal de seguridad guía a las personas para que se refugien dentro de una estación de metro durante el simulacro de ataque aéreo de Wan-An o simulacro urbano, el 13 de agosto de 2026.
Un carro militar japonés, viejo y oxidado, avanza por una avenida de tierra. Lo maneja un soldado japonés hecho huesos —una calavera con casco, como sacada de un cómic macabro—. En el asiento de atrás va la primera ministra de Japón, Sanae Takaichi,de pie con audífonos puestos, cantando, bailando, ajena al mundo.
Internacional
Taiwán ejecuta maniobras de "contrabloqueo" marítimo ante la creciente presión de China
Agencia EFE
A los costados de la calle, manifestantes gritan "no más guerra, no más guerra". Ella no los escucha. El carro sigue de largo, feliz, hasta que el camino se acaba: un barranco. Cae. Demasiado tarde para frenar.
Eso que acabo de narrar es un comercial que salió esta semana en la televisión estatal china, hecho —con ironía quirúrgica— al estilo del anime japonés, y hablado en japonés.
Un guiño nada casual a aquel Japón imperial que el mundo conoció como el imperio del sol naciente, la misma bandera que hoy vuelve a ondear, con más músculo militar, en medio de esta tensión. Un mensaje dirigido, con puntería, al propio público al que retrata.
Un comercial que apunta a Japón
Este comercial no fue de a gratis. Tiene un motivo. Esta semana se combinó un auge simultáneo de crisis —Taiwán y China, Japón y Rusia por las islas Kuriles— y todas las fichas de la región están tomando posición, unas contra otras, aprovechando el momento. Empecemos por el principio.
En noviembre pasado, Takaichi dijo en el parlamento algo que China nunca le perdonó: que un ataque chino a Taiwán podría ser una "amenaza a la supervivencia" de Japón —es decir, que Tokio podría intervenir militarmente.

Vladimir Putin visita el crucero lanzamisiles Varyag durante la fase final de los ejercicios de la Flota del Pacífico frente a la costa de la región de Sajalín, Rusia, el 12 de agosto de 2026.
No era una ocurrencia suya: viene de Shinzo Abe, quien ya en 2021 había sentenciado que "una contingencia para Taiwán es una contingencia para Japón". Taipéi le agradeció el gesto. Beijing la llamó "halcón" y le sacó el peor de sus adjetivos: neomilitarista.
Desde entonces, Japón acelera su rearme —revisó su estrategia de seguridad un año antes de lo previsto—, y esta semana Taiwán hizo su parte: maniobras navales de contrabloqueo, simulacros de ataque aéreo para 2,4 millones de personas en Taipéi. Todo ensayo, todo prevención. Pero ensayos que se toman en serio solo quienes sospechan que el examen es real.
No es para menos: en su discurso de Año Nuevo, tras tres días de las maniobras chinas "Misión Justicia 2025" —las más grandes jamás realizadas alrededor de la isla—, Xi Jinping instauró oficialmente el "Día de la Recuperación de Taiwán", en referencia al fin del dominio imperial japonés sobre la isla en 1945. La memoria histórica, convertida en arma política.
Mientras tanto, en un rincón cercano del mapa, precisamente esta misma semana, Vladimir Putin visitó por primera vez las islas Kuriles —las mismas que Japón reclama como "Territorios del Norte" desde 1945 y que desde este año reclama con más ahínco —.
El tiempo, la estrategia de Xi
Y China, sin perder el paso, salió inmediatamente a respaldarlo, citando el mismo argumento legal que usa para reclamar Taiwán: que los resultados de la Segunda Guerra Mundial, sellados en El Cairo y Potsdam, no están sujetos a discusión. Un solo argumento, dos frentes. Economía de guerra retórica.
¿Y por qué ahora, todo junto, en la misma semana? Porque Washington tiene la cabeza —y la flota— puesta en el estrecho de Ormuz, donde libra su propio pulso con Irán por el petróleo del mundo. Cuando el árbitro mira para otro lado, los jugadores se mueven.
Xi Jinping lo dijo con una honestidad que solo permite el poder absoluto: prefiere la reunificación pacífica, y se negó a ponerle fecha —ni 2025 ni 2027—, porque su arma no es la prisa, es el tiempo, sabe que Taiwán esta fraccionada y que de darse una “declaración oficial de independencia” todos los astros se alinearian en el objetivo final de su vida ”reunificar china” como lo hicieron los grandes emperadores de las dinastías pasadas.
¿Quién se quitará los audífonos?
Por eso se busca desgastar, medir reflejos, correr límites mientras el mundo mira Ormuz. Y ese comercial infantil con su metáfora del barranco, no es propaganda inocente: es un mensaje calculado para sembrar duda en la opinión pública japonesa justo cuando su gobierno más necesita unidad.
La pregunta que deja esta semana no es retórica: ¿será que Takaichi, Putin y Xi Jinping se quitan los audífonos y empiezan a escucharse el uno al otro, antes de que el carro —el suyo, el de los tres— llegue al barranco?