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Diario Expreso Ecuador

fUNDACIÓN DE GUAYAQUIL

El origen de la Dama Tapada y otras leyendas guayaquileñas que deberías conocer

EXPRESO hace un repaso alos relatos de la tradición oral porteña. Las historias comparten un escenario clave: el cerro Santa Ana

La dama tapada,

La dama tapada, "dama del tamarindo", es uno de los varios relatos que se remontan a la época del virreinato en GuayaquilIlustración / CANVA

Carlos Isaac Pino
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En las fiestas julianas se levantan los relatos históricos del proceso de fundación de Guayaquil, pero detrás de esa historia yace un estrato igual de rico: la tradición oral. Mitos y leyendas que, transmitidos de boca en boca, mapearon los temores y las costumbres de la ciudad de antaño, esa que nació en las faldas de tres cerros representativos: el Santa Ana, el Carmen y el 'difunto' San Lázaro, base que eleva el Hospicio Corazón de Jesús. 

Relatos que atravesaron generaciones

El historiador Fernando Mancero desentraña el origen de estas narrativas populares y señala una particularidad geográfica. Gran parte de estos relatos sobrenaturales tienen como gran escenario fundacional al cerro Santa Ana y sus callejones aledaños.

A continuación, un recorrido por las historias que la urbe se niega a olvidar.

El anfiteatro Julián Coronel, inmueble patrimonial ubicado en el centro de Guayaquil.

El anfiteatro Julián Coronel, inmueble patrimonial ubicado en el centro de Guayaquil.FREDDY RODRÍGUEZ

La viuda del tamarindo y los misterios de la calle Panamá

La dama tapada es la imagen de la mujer de rostro oculto que aterroriza a los trasnochadores; un mito con presencia en casi toda Hispanoamérica, derivado de la costumbre virreinal del velo. 

Sin embargo, Mancero aclara que Guayaquil tiene su propia figura, mucho más anclada a su topografía: la viuda del tamarindo.

La historia habla de una joven que se casó por interés con un español adinerado, al que luego asesinó al pie de un árbol de tamarindo. Al no arrepentirse de su crimen, su alma fue condenada a vagar. Su territorio de cacería no era aleatorio. "Sus apariciones siempre las hizo en el barrio intermedio, el que quedaba entre Ciudad Vieja y Ciudad Nueva", detalla el historiador. Esa zona corresponde a lo que hoy es la calle Panamá, un área que en la época colonial, cerca del puente de las 800 varas, albergaba tabernas y sitios de entretenimiento nocturno.

Calle Imbabura, entre Pedro Carbo y Panamá

Calle Imbabura, entre Pedro Carbo y PanamáARCHIVO EXPRESO

Cuando los jóvenes salían en estado etílico, se topaban con una mujer alta, vestida de negro, a la que solo veían de espaldas. La figura caminaba a la distancia justa para tentarlos, alejándolos del casco urbano hacia zonas despobladas. Allí, en la soledad, se volteaba para revelar un cráneo calvo en lugar de rostro. Las víctimas, según el relato popular, perdían la razón o encanecían instantáneamente a causa de la impresión.

El naranjo encantado y la ubicuidad de un santo

Otra leyenda arraigada en las faldas del cerro tiene matices menos lúgubres y más religiosos. Sus protagonistas son un árbol sin semillas y San Martín de Porres.

San Martín de Porres es usualmente identificado como el primer santo mulato nacido en América.

San Martín de Porres es usualmente identificado como el primer santo mulato nacido en América.TOMADO DE REDES SOCIALES

Mancero relata que el santo dominico, durante una supuesta visita al convento de Santo Domingo (ubicado en las faldas del cerro), plantó semillas de naranjo en un Santa Ana que por entonces era netamente selvático. El árbol creció y comenzó a dar frutos con una anomalía que tentaba a los transeúntes: no tenían semillas. La rareza provocaba que quienes subían al cerro intentaran llevarse las naranjas a la ciudad.

Sin embargo, el bosque se convertía en un laberinto. "Nunca podían encontrar el camino de regreso a su casa si iban con las naranjas. Solo si las dejaban en el sitio, podían regresar", explica Mancero. La historia exige una fuerte dosis de fe, ya que los registros históricos confirman que San Martín de Porres nunca abandonó Perú. La tradición oral guayaquileña subsanó esta inconsistencia atribuyéndole al santo el don de la ubicuidad, permitiéndole estar en Lima y en Guayaquil al mismo tiempo.

El hada del cerro y la cruz de Santa Ana

La historia de cómo el antiguo "Cerrito Verde" adquirió su nombre actual está ligada a un relato que mezcla la codicia con el romance trágico.

En los inicios del periodo virreinal, cuando los asentamientos se limitaban a la Ciudad Vieja, un explorador español subió al cerro al atardecer. Entre la maleza divisó una figura femenina y etérea que lo guio hacia una cueva en la ladera norte. Al ingresar, el español descubrió riquezas incalculables: piezas de oro y monedas que rodeaban un sarcófago. En su interior descansaba una princesa indígena, víctima de una maldición dictada por un brujo prehispánico.

El cerro Santa Ana de Guayaquil es un punto turístico frecuente.

El cerro Santa Ana de Guayaquil es un punto turístico frecuente.FRANCISCO FLORES

Al sentir la presencia del extranjero, la mujer despertó. Le ofreció amor eterno y la promesa de una vida feliz, con una única condición: debía renunciar a todos los tesoros de la cueva.

"Lamentablemente, el español escogió los tesoros", apunta Mancero. La avaricia desencadenó la furia de la montaña. La tierra tembló y la caverna empezó a colapsar. En medio del derrumbe, el explorador invocó a la patrona de su pueblo natal en España: Santa Ana. Milagrosamente logró escapar con vida. En agradecimiento, plantó una cruz en la cima y rebautizó la elevación geográfica. La princesa, al no encontrar al hombre de corazón puro que rompiera su maleficio, sigue atrapada en forma de bruma, rondando la ladera norte hasta nuestros días.

El fantasma de Víctor Emilio Estrada Sciacaluga

Según la tradición oral, el meteórico ascenso financiero y político de Estrada, no fue fruto exclusivo de su gestión empresarial en el Banco La Previsora, sino el resultado de un trato espiritual.

Según la tradición oral, el meteórico ascenso financiero y político de Estrada, no fue fruto exclusivo de su gestión empresarial en el Banco La Previsora, sino el resultado de un trato espiritual.Tomado de Redes Sociales

No todas las leyendas se remontan a la colonia. El siglo XX también aportó a la mitología urbana, esta vez con la figura de Víctor Emilio Estrada Sciacaluga, el banquero y empresario guayaquileño cuyo monumento descansa a la entrada del barrio Urdesa. (Mancero hace hincapié en no confundirlo con el expresidente Emilio Estrada).

La leyenda narra que, a altas horas de la noche, un hombre vestido de estricta etiqueta sale de la puerta principal del Cementerio General y detiene un taxi. Su destino es siempre el mismo: el edificio de La Previsora, en la intersección de las avenidas 9 de Octubre y Pichincha.

Las versiones del desenlace varían según quien cuente el relato. En las más sencillas, el elegante pasajero se desvanece en el asiento trasero antes de llegar al destino, dejando al chofer sumido en una crisis de pánico. Pero la variante más elaborada y popular asegura que el trayecto se completa.

"Hay quien dice que le indica al taxista que no tiene efectivo, pero le firma un cheque", cuenta el historiador. El remate del cuento ocurre a la mañana siguiente, cuando el conductor acude a la ventanilla del banco y los cajeros le cambian el documento sin chistar, confirmando que la firma pertenece, en efecto, al difunto Estrada.

Sea en los callejones oscuros de la colonia o en los taxis del Guayaquil moderno, estos relatos demuestran que la ciudad se construye tanto de los hechos que constan en los archivos, como de los fantasmas que se niegan a abandonarla.

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