Diario Expreso Ecuador

Emergencias en Guayaquil

Cuando llueve, Guayaquil se paraliza: el costo de una ciudad que no puede circular

Una grúa de $ 135, taxis más caros, negocios sin ventas y horas perdidas. Las lluvias no solo inundaron Guayaquil: también golpearon el bolsillo del ciudadano

Las intensas lluvias del 19 de octubre dejaron calles inundadas y complicaron los desplazamientos de los guayaquileños hacia sus trabajos.

Las intensas lluvias del 19 de octubre dejaron calles inundadas y complicaron los desplazamientos de los guayaquileños hacia sus trabajos.Christian Vinueza

Diana Sotomayor
Publicado por

Creado:

Actualizado:

Los puntos claves 

  • Movilizarse se volvió un lujo. Las inundaciones obligaron a los guayaquileños a pagar más por taxis y plataformas ante la falta de transporte público.
  • El trabajo también se paralizó. Los retrasos, las calles anegadas y los cortes eléctricos impidieron cumplir jornadas laborales, incluso desde casa.
  • Los negocios pagaron la factura. Comerciantes perdieron ventas, suspendieron entregas y tuvieron que asumir gastos adicionales para recuperar sus locales.
  • La lluvia expuso una ciudad vulnerable. El colapso de vías estratégicas dificultó el acceso a hospitales, escuelas y empleos, con consecuencias que fueron más allá del tráfico.

Una grúa de 135 dólares, una cafetería que dejó de vender 200 dólares en desayunos y una madre que, pese a pagar un taxi para llevar a su bebé enfermo al hospital, terminó perdiendo la cita médica. Son algunas de las facturas que dejó la intensa lluvia que cayó sobre Guayaquil este 19 de octubre. Porque cuando la ciudad se inunda, el problema no se queda en las calles, coinciden los guayaquileños: también golpea los bolsillos, altera las jornadas laborales y convierte cualquier desplazamiento en una carrera contra el tiempo.

Gustavo Abril, habitante de Samanes 4, lo comprobó cuando intentó llegar a su trabajo, en la ciudadela Kennedy. Aunque conducía un vehículo alto, no consiguió atravesar las calles anegadas. El agua había convertido el sector en una piscina y, según relata, el paso de otros automotores formaba pequeñas olas sobre la calzada. Su carro terminó averiado e inmovilizado.

Ni siquiera empujándolo lograron sacarlo. Tuvo que contratar una grúa para trasladarlo hasta un taller del norte de la ciudad. El servicio le costó 135 dólares, sin contar lo que deberá pagar por la reparación. Tampoco pudo llegar a su empleo. La jornada que debía comenzar en una oficina terminó con su vehículo en un taller y un gasto que no estaba en sus planes.

Pero Abril no fue el único que pagó por intentar movilizarse. Para otros guayaquileños, el problema no fue quedarse atrapados en medio del agua, sino encontrar cómo salir de sus barrios cuando los buses no llegaban o circulaban llenos.

Pese a las intensas lluvias, comerciantes y propietarios de negocios continuaron con sus actividades en Guayaquil, entre calles anegadas y las dificultades de una jornada marcada por el mal tiempo.

Pese a las intensas lluvias, comerciantes y propietarios de negocios continuaron con sus actividades en Guayaquil, entre calles anegadas y las dificultades de una jornada marcada por el mal tiempo.Christian Vinueza

El precio de salir de casa en un día de lluvia 

Carmen Pazmiño, residente de La Pradera, en el sur, debía llevar a su bebé enfermo al Hospital del Niño, en La Atarazana. Las unidades de la Metrovía pasaban llenas y los buses urbanos que necesitaba simplemente no aparecían. Ante la urgencia y para evitar las zonas inundadas, decidió tomar un taxi.

Pagó siete dólares, pero el congestionamiento terminó por frustrar sus planes. Perdió la cita médica y tuvo que permanecer en el hospital hasta después de las 14:00, a la espera de atención. "No quiero ni imaginar como quedará Guayaquil cuando El Niño llegue con más fuerza. Somos un desastre como ciudad. Todo se paralizó", se quejó.

En la Alborada, Laura Segoviano enfrentó una situación similar, aunque su destino era el trabajo. Ante la falta de transporte público, solicitó un Uber para trasladarse al centro. El recorrido que habitualmente le cuesta cuatro dólares esta vez le salió en siete. Es decir, pagó un 75 % más por el mismo trayecto.

Y en Los Ceibos, Estefanía Castro tampoco pudo cumplir su horario. El transporte que diariamente la recoge no consiguió llegar debido a las inundaciones que se reportaron en su vecindario. Tuvo que buscar un taxi de cooperativa, que recién pudo recogerla a las 10:30, dos horas después de lo previsto. Para completar sus ocho horas laborales, debía salir de su empleo a las 19:00, en lugar de las 17:00.

Las historias se repiten con distintos protagonistas, pero con una misma consecuencia: salir de casa cuesta más y llegar a tiempo deja de depender únicamente de la voluntad del ciudadano. Quienes tienen recursos pagan un transporte alternativo; quienes no, esperan. Y en ambos casos hay tiempo que difícilmente se recupera.

Sin embargo, hubo quienes ni siquiera consiguieron empezar sus actividades. Mientras unos buscaban cómo atravesar la ciudad, otros intentaban rescatar sus negocios del agua.

Bajo la lluvia y con la mirada puesta en la llegada del transporte público, los guayaquileños intentaron continuar con sus actividades pese a las complicaciones de la mañana.

Bajo la lluvia y con la mirada puesta en la llegada del transporte público, los guayaquileños intentaron continuar con sus actividades pese a las complicaciones de la mañana.Christian Vinueza

Trabajar también cuesta

En Sauces 6, Norma Rolles abrió su cafetería, pero no para preparar los desayunos que habitualmente vende y entrega a oficinas del norte de Guayaquil. El agua había ingresado al establecimiento y lo primero que tuvo que hacer fue levantar sus implementos de trabajo y comenzar a limpiar.

En una mañana normal factura alrededor de 200 dólares. Este lunes no pudo realizar esas ventas, pese a que ya había comprado los productos para preparar los alimentos. Además, contrató a una persona por 20 dólares para ayudarla a retirar el agua, trapear, baldear y desinfectar el local.

La jornada terminó sin ingresos por desayunos y con un gasto adicional. A ello se suma el costo de los insumos adquiridos, cuyo valor no ha sido cuantificado. 

Para un pequeño negocio que depende de las ventas diarias, aseguró Oscar Bedoya, dueño de una lavandería en el mismo lugar, una mañana paralizada puede representar un golpe importante a sus finanzas. "¿Quién va a venir hoy. Tengo agua hasta en los pequeños motores de las lavadoras y secadoras. Me toca esperar y ver si nada se me daño. Si no la perdida será peor. ¿Y a quién le reclamo? Estamos solos en esto", cuestionó. 

Pero tampoco quienes tenían la posibilidad de trabajar desde casa lograron escapar de las consecuencias de la lluvia. En Urdesa Norte, Sebastián Almeida, economista, no pudo desplazarse a su oficina, ubicada en el sur, porque un árbol caído afectó postes y bloqueó el paso de vehículos.

Su jefe le pidió aplicar el teletrabajo. El problema era que tampoco tenía electricidad ni conexión fija a internet. El corte de energía se prolongó incluso después de las 15:00 en el sector, por lo que Sebastián tuvo que utilizar los datos móviles de su teléfono para revisar los balances que necesitaba procesar.

Cuando empezó a quedarse sin conexión, salió en bicicleta para comprar recargas. Hasta cerca de las 13:00 ya había gastado diez dólares adicionales en internet. El teletrabajo, planteado como una alternativa para evitar los desplazamientos, terminó convirtiéndose en otro gasto imprevisto.

Lo ocurrido con Norma y Sebastián demuestra que las consecuencias de una inundación no se limitan a quienes circulan por las avenidas. También alcanzan a quienes necesitan electricidad, conectividad y condiciones mínimas para sostener sus actividades económicas.

Una ciudad que no deja de ser vulnerable 

Detrás de estas historias hay un problema que Guayaquil arrastra desde hace años: su vulnerabilidad ante las lluvias intensas y las dificultades de una movilidad que ya enfrenta congestionamientos incluso en jornadas sin precipitaciones.

Este lunes, hasta las 08:36, el Municipio había contabilizado 57 sectores inundados. El acumulado de lluvia alcanzó los 170,37 milímetros, según los reportes oficiales difundidos durante la mañana. La emergencia afectó avenidas principales, calles interiores, transporte público y servicios básicos.

Uno de los corredores comprometidos fue la avenida Juan Tanca Marengo, por donde circulan aproximadamente 90.000 vehículos diarios. A los congestionamientos habituales se suman las restricciones relacionadas con las obras viales en ejecución. La avenida del Bombero, otra arteria estratégica para la conexión del oeste y noroeste, también registró complicaciones.

  • En sectores como Samanes, Los Ceibos, Urdesa y la Alborada, los conductores tuvieron que enfrentar calles anegadas y demoras. Los usuarios del transporte público tampoco estuvieron al margen: reportaron buses llenos, largas esperas y dificultades para encontrar unidades disponibles.
El agua se apoderó de varios tramos de las calles de Guayaquil, dejando una postal que vuelve a repetirse cuando las precipitaciones ganan intensidad.

El agua se apoderó de varios tramos de las calles de Guayaquil, dejando una postal que vuelve a repetirse cuando las precipitaciones ganan intensidad.Christian Vinueza

La paralización alcanzó incluso a la educación. El Ministerio de Educación dispuso suspender la presencialidad en los planteles con inundaciones o accesos complicados de las zonas 5 y 8, incluida Guayaquil, y activar los protocolos de contingencia educativa.

Y es que los problemas de movilidad no comenzaron con este aguacero. La encuesta Guayaquil Cómo Vamos 2025 ubicó a la movilidad como el tercer problema de la ciudad. El 63 % de los consultados manifestó insatisfacción con la ATM y una proporción similar reportó gastar más de 20 dólares mensuales en transporte.

"Las lluvias no hacen más que agravar esas dificultades. Una avenida inundada no solo provoca un embotellamiento: también retrasa la llegada de trabajadores, encarece los traslados, impide entregar pedidos y dificulta el acceso a hospitales y otros servicios. ¿Saben a qué responde esto? A la falta de planificación. Lo hemos advertido hasta el cansancio. Pero poco o nada se ha hecho. En los próximos meses las pérdidas serán enormes. Esto, sin contar los cortes de luz que se vendrán", alegó la arquitecta Tatiana Mackliff, residente de Urdesa, otro de los puntos de la ciudad que quedó por horas bajo el agua. 

tracking