“Lo que no se marchita”: la muestra de Charlotte Förster que convierte la memoria en materia
La exposición, inaugurada en Guayaquil, reúne obras construidas a partir de plantas y flores, que exploran la conservación de los recuerdos

La exposición se inauguró en el Museo Municipal de Guayaquil y se puede visitar de martes a sábado.
Del duelo al recuerdo
- La exposición “Lo que no se marchita” de Charlotte Förster reúne en el Museo Municipal de Guayaquil un conjunto de obras que encapsulan flores, plantas y fragmentos orgánicos.
- La muestra parte de una investigación sobre la memoria, el tiempo y los objetos recolectados en distintos momentos de su vida.
“Lo que no se marchita” se despliega en las salas del Museo Municipal de Guayaquil como una secuencia de recuerdos encapsulados. La exposición de la artista Charlotte Förster reúne piezas que conservan flores, plantas y fragmentos orgánicos detenidos en vidrio y cera, dispuestos en un recorrido que articula la memoria, la naturaleza y el inevitable paso del tiempo.
La muestra surgió como una invitación del museo, luego de que la artista ganara el Salón de Julio el año pasado. Förster indica que la pieza con la que obtuvo el reconocimiento en 2025 estaba vinculada a la memoria de su padre, un eje que ya había trabajado en una exposición individual previa, y optó por continuar en esa línea, pero no desde la exploración de la pérdida, sino de la memoria.
Sobre el proceso de creación, la artista describe un trabajo abierto. “Creo que una de las cosas más importantes del cómo se gestó esta exposición es que nunca trabajé desde la idea de perfección. Todo fue muy abierto, muy vivo”, señala. En ese sentido, cada material respondía de forma distinta y modificaba el resultado final de las piezas.
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Ese carácter mutable también se relaciona con su forma de construir archivo. Förster explica que muchas de las piezas provienen de objetos y plantas recolectadas a lo largo del tiempo, asociados a distintos momentos de su vida. Entre ellos aparecen recuerdos familiares, mudanzas, momentos de gran alegría y la pérdida de su padre cuando tenía 18 años.
El título de la exposición funciona como una clave de lectura. “Lo que no se marchita” alude, según la artista, a aquello que se desea conservar más allá de su fragilidad. “Es lo que no quiero soltar, lo que quiero que se mantenga vivo a pesar de su naturaleza, a pesar de la finitud, a pesar de la fragilidad de nuestra propia memoria”, explica.

“Lo que no se marchita” alude, según la artista, a aquello que se desea conservar más allá de su fragilidad.
Una exploración personal
En el recorrido aparecen técnicas como la fundición, la cerámica y la encáustica. La artista señala que ha trabajado con cera en distintas etapas de su producción. En esta muestra, el material funciona como un recurso de preservación, en diálogo con flores y plantas que han sido encapsuladas para detener su proceso de transformación.
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El vidrio aparece como otro eje central. Förster lo describe como un contenedor que permite detener el deterioro natural de las plantas. “Es como una pieza arqueológica… es un vestigio de nuestra existencia que el paso del tiempo no lo va a destruir por sí solo”, señala. En ese sentido, las piezas funcionan como registros que suspenden el tiempo biológico.
En esa suspensión, la artista propone una lectura casi clínica de las plantas. “Es como ver una radiografía de ellas”, dice sobre las piezas despojadas de color, donde quedan transparencias, sombras y residuos del proceso de conservación. La eliminación del color, explica, permite una atención más directa a la forma y la estructura.
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Una parte del material proviene de la época de la pandemia. La artista recuerda ese periodo como un momento de observación de los cambios en la naturaleza. “Veía noticias muy tristes, claro, pero había otras que me agradaban, como ver delfines nadando en Venecia”, comenta. Esa tensión entre lo crítico y lo inesperado aparece como trasfondo de varias piezas.
La relación entre fragilidad y resistencia atraviesa la muestra. Förster observa que las flores pueden ser extremadamente delicadas, pero también capaces de abrirse paso en entornos difíciles. “Pueden romper el pavimento para hacerse espacio”, señala.

En el recorrido de la muestra aparecen técnicas como la fundición, la cerámica y la encáustica.
Visitas con la artista
La exposición también busca una relación directa con el espectador. “Eso es quizás lo que más espero de la muestra: que el público pueda reconocerse en ella”, afirma Förster.
Plantea que los objetos y las atmósferas de la sala pueden activar recuerdos propios, asociaciones personales y sensaciones que no necesariamente son explícitas. “Me encantaría que quienes la visiten se pregunten: ¿qué es lo que encuentro yo verdaderamente valioso? ¿qué es lo que quiero guardar?”, indica.
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La muestra Lo que no se marchita se puede visitar en el Museo Municipal de Guayaquil hasta el 27 de junio. Como parte de la programación, se han previsto visitas guiadas el sábado 13 de junio a las 15:00 y el sábado 27 a las 11:00.