Mattú Arú: El encuentro de la música amazónica con la electrónica
Mattú Arú, proyecto de Byron Pelaes, une música amazónica, cantos shuar y achuar, electrónica y arte visual desde Manta y Macas

Byron Pelaes lidera Mattú Arú, una propuesta sonora con base entre Manta y Macas
Lo que debes saber
- Mattú Arú une música amazónica y electrónica desde Manta y Macas
- Byron Pelaes trabaja con cantos shuar y achuar en su proyecto musical
- El EP Ritos de la Selva conecta Amazonía, visuales y sonido en vivo
Los cantos de las culturas shuar y achuar, la electrónica y el arte visual se cruzan en Mattú Arú, proyecto de Byron Pelaes que crea un puente sonoro con la Amazonía. Con base entre Manta y Macas, la propuesta explora la relación entre territorio, memoria y música.
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La música amazónica llegó a Byron Pelaes con el asombro de un niño. Llegó como una puerta hacia un mundo que todavía no conocía. El artista nacido en Cuenca y criado entre los paisajes de Paute tenía 8 años cuando viajó por primera vez a la Amazonía. Macas fue el punto de entrada.
Luego vinieron la selva, las comunidades achuar, los traslados en avioneta y una forma de vida que le mostró otra relación con el territorio, la comida, la naturaleza, el sonido y la identidad.
Esa primera visita marcó su camino. Mientras otros niños esperaban las vacaciones para ir a la playa, él volvía a la Amazonía. Más tarde decidió mudarse a Macas, donde el entorno se convirtió en una escuela. Allí no solo observó un paisaje: empezó a entender una cultura con códigos, símbolos y cantos. Esa memoria es hoy la raíz de Mattú Arú, el proyecto musical que lidera y que actualmente tiene base entre Manta y Macas.

Imagen promocional de Mattú Arú.
Mattú Arú nace de una pregunta artística y cultural: ¿cómo puede dialogar la música amazónica con los lenguajes contemporáneos sin perder respeto por su origen?
La respuesta está en la arutrónica, concepto que el proyecto usa para definir su cruce entre electrónica de club, música en vivo, visuales, cantos shuar y achuar, ritmos afro, disco funk e indie dance. No se trata de tomar los sonidos de la selva y llevarlos a una pista, sino de construir un puente desde la colaboración, la escucha y la interpretación.
En ese proceso, los nampet, cantos vinculados a la celebración y la vida social, ocupan un lugar clave. Byron distingue esos cantos de los anent, asociados a lo ceremonial y lo sagrado, que no forman parte de su experimentación por respeto a su sentido cultural. Esa decisión marca una postura: la Amazonía no aparece como decorado, sino como territorio con memoria.
Su EP Ritos de la Selva condensa esa búsqueda. Las canciones trabajan frecuencias bajas, sintetizadores, percusión, rap shuar y paisajes sonoros pensados para una experiencia de escucha. En escena, Mattú Arú no funciona como un DJ set, sino como un live act donde cada presentación se arma en tiempo real con hardware, loops, improvisación y visuales.
Para Byron Pelaes, el arte es una forma de volver a mirar lo que Ecuador suele dejar en los márgenes. Su proyecto convierte la pista en un espacio de escucha y propone una lectura de la música amazónica: no como pasado detenido, sino como una fuerza que dialoga con el presente.
La ética de escuchar
Uno de los puntos centrales de Mattú Arú está en la forma en que se relaciona con los cantos amazónicos. Byron Pelaes distingue entre los nampet y los anent, dos universos que no ocupan el mismo lugar en las culturas shuar y achuar.
Los nampet están vinculados a la celebración, a la vida social y a formas de canto que pueden dialogar con una propuesta musical contemporánea. Los anent, en cambio, tienen un carácter ceremonial y espiritual.
Esa diferencia no es menor. Para el artista, trabajar con música amazónica implica reconocer límites. Por eso, Mattú Arú no toma los cantos sagrados como material de experimentación. Su propuesta se concentra en los nampet y en procesos de reinterpretación hechos junto a artistas de las comunidades. La intención no es extraer un sonido, manipularlo y presentarlo como propio, sino madurar una idea en conjunto.
Byron explica que incluso cuando se han realizado registros de ambiente o visitas a comunidades, esos materiales no se usan de forma automática. El acceso a esos espacios requiere cuidado, autorización y respeto. Esa postura separa al proyecto de una mirada extractiva sobre la Amazonía.
Mattú Arú no busca decorar la electrónica con sonidos indígenas. Su objetivo es amplificar lenguajes que ya existen y ponerlos en diálogo con sintetizadores, frecuencias bajas, loops y visuales.
Ahí aparece la importancia cultural del proyecto. En un país donde muchas veces la Amazonía ha sido vista desde fuera, Mattú Arú propone escucharla desde su complejidad: como territorio, memoria, música y sistema de conocimiento. La pista de baile, en este caso, también puede ser un espacio de reconocimiento.
Bogotá, el club y la física del sonido
La ruta de Mattú Arú también pasó por Colombia. Byron Pelaes, de 33 años, viajó a Bogotá para estudiar música y profundizar en herramientas que le permitieran entender mejor el sonido.
Primero se formó como músico de sesión, pero en el proceso descubrió que su interés iba más allá de tocar o grabar canciones. Le atraía comprender cómo se comporta el sonido, cómo se construye una experiencia en vivo y de qué manera la técnica puede alterar la percepción del oyente.
Esa inquietud lo llevó hacia la producción de eventos en vivo y a una búsqueda ligada a la física del sonido. Allí comenzó a aparecer una idea clave para Mattú Arú: la música no solo como composición, sino como espacio. No bastaba con crear una canción. También había que pensar cómo esa canción se movía, cómo golpeaba el cuerpo, cómo rodeaba al público y cómo podía habitar un escenario.
En Bogotá también se encontró con la música de club desde otro lugar. Él venía de escuchar música alternativa, rock, ska y propuestas con crítica social. La electrónica, en cambio, la asociaba más al universo del DJ. Esa percepción cambió al entrar en contacto con proyectos como Mitú, que trabajaban el sonido en vivo, los recursos culturales y la electrónica desde una mirada latinoamericana.
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Ese descubrimiento fue determinante. Byron entendió que era posible tomar una raíz territorial y llevarla hacia un lenguaje contemporáneo sin convertirla en adorno. La pista de baile podía ser también un laboratorio cultural.
De esa mezcla entre formación técnica, música de club y memoria amazónica empezó a tomar forma la arutrónica, el lenguaje con el que Mattú Arú busca unir tradición, cuerpo, tecnología y puesta en escena.