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Diario Expreso Ecuador

Lolabúm habla sobre su nuevo disco 'Phantasma': “Es un disco político, pero no es de protesta”

Pedro Bonfim cuenta cómo Bogotá y Santiago transformó el sonido de Lolabúm, por qué su sexto disco revisa la historia ecuatoriana y el regreso de su formación

Martín Techo Erazo, Pedro Bonfim, Joaquín Chino Prado  y José Miguel Jim Fabre integran Lolabúm, que recuperó su formación para el sexto disco de la banda y su gira de 2027.

Martín Techo Erazo, Pedro Bonfim, Joaquín Chino Prado y José Miguel Jim Fabre integran Lolabúm, que recuperó su formación para el sexto disco de la banda y su gira de 2027.Cortesía Lolabúm

Alejandro Puga
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Lo que debes saber

  • Lolabúm eligió 12 canciones entre cerca de 80 ideas para su sexto álbum.

  • Bogotá volvió más ácido el sonido de la banda, según Pedro Bonfim.

  • La formación de Lolabúm regresó y prepara una gira para 2027.

El nuevo disco de Lolabúm, Se busca Phantasma de buena presencia para puesto a tiempo completo en Latinoamérica, reúne 12 canciones y parte de la historia de Phantasma para hablar de identidad, política y música ecuatoriana. Pedro Bonfim explica su creación y confirma que la gira comenzará en 2027.

El título ocupa todos los caracteres permitidos por YouTube y no alcanza a mostrarse completo en algunas plataformas. Se busca Phantasma de buena presencia para puesto a tiempo completo en Latinoamérica funciona como anuncio laboral, provocación y pista de un disco que Lolabúm construyó para ser escuchado más de una vez.

Publicado el 15 de septiembre de 2026, el sexto álbum de la banda ecuatoriana reúne 12 canciones seleccionadas entre cerca de 80 ideas. Once fueron creadas en Bogotá, ciudad donde Pedro Bonfim reside desde hace tres años. Las grabaciones también pasaron por Quito y Santiago de Chile, bajo la producción de Yaima Cat.

El disco toma como punto de partida la historia de Phantasma, una agrupación de los años setenta que fingió ser anglosajona para ingresar al mercado regional. Desde allí, Lolabúm aborda la identidad, la memoria, la política y las condiciones que enfrenta un artista latinoamericano para ser escuchado.

El lanzamiento también reúne a Bonfim con Joaquín Chino Prado, Martín Techo Erazo y José Miguel Jim Fabre. El músico la llama la formación “clásica” de Lolabúm: un grupo de amigos que creció junto y que ahora vuelve a encontrarse en otra etapa de su vida.

Una vez que ha terminado el disco, ¿cómo está viviendo el momento en que las canciones dejan de pertenecerle?

Fue un disco que requirió un tipo de trabajo que nunca habíamos tenido. Tuvimos que irnos, grabar en distintos lugares y cambiar la manera en que hacíamos música. Durante el proceso estábamos tan contentos con el resultado que llegamos a pensar que ya no importaba qué pasara cuando saliera. Ahora que está afuera, la sensación que tengo es que ya no es mío. La gente comenzó a hacerlo suyo y eso me alegra muchísimo.

¿Por qué la relación con los seguidores también forma parte del proceso creativo de Lolabúm?

He visto aparecer y desaparecer muchas bandas en Ecuador. Eso me mostró que lo que permite que un proyecto dure es la gente y el contacto que construyes con ella. Me gustan los encuentros en vivo porque puedo conversar y saber qué piensan. Hay canciones de este disco que surgieron de esas conversaciones. La idea de 16 phantasmas, por ejemplo, apareció durante una transmisión. Alguien propuso que hiciera una canción sobre eso y me permitió mirar el tema desde otro lugar. Ruido y Me despierto en Kito también están atravesadas por historias que los seguidores nos han contado sobre cuándo escuchan nuestra música y qué les sucede con ella.

Bogotá transformó el sonido de Lolabúm

El álbum incorpora sonidos que Lolabúm no había explorado. ¿Qué cambió al trabajar desde Bogotá?

La respuesta corta sería Bogotá. Vivir aquí nos expuso a músicos de Chile, Argentina y México, porque la ciudad se convirtió en una parada para las giras de la región. Estar aquí también permitió que llegáramos a Chile, tocáramos allá y grabáramos parte del disco. Pero Bogotá es una ciudad de ruido, velocidad, violencia y desamparo. Siento que nos volvió más ácidos. Tiene una mezcla entre el desencanto y la apuesta por la vida. Esa contradicción terminó entrando en la música.

¿Cómo consiguió que el disco hablara de política sin convertirse en una obra de protesta?

La base fue recordar que estábamos haciendo canciones. Durante las sesiones no pasábamos el tiempo discutiendo cuál debía ser la postura política, sino qué necesitaba cada tema para funcionar. Es un disco político, pero no es de protesta. Más que criticar a una persona o un gobierno, invita a pensar la historia, de dónde venimos y qué ha ocurrido antes en nuestro continente. Muchas canciones parten de ese lugar, aunque la política no sea siempre el centro. Todas comparten la intención de experimentar el mundo.

¿Qué cambió en su forma de componer al trabajar con Yaima Cat?

Fue la primera vez que un productor me exigió más canciones. Antes entregaba un disco casi terminado y decía: “Hagamos esto, pero bien y de manera profesional”. Esta vez me pedían más temas, mejores letras y revisar ideas que yo daba por terminadas. Para el disco escribimos unas 40 canciones y consideramos cerca de 80 propuestas, incluidas maquetas de otros años. A veces escogíamos una idea de un minuto por encima de una canción terminada porque entendíamos que eso era lo que necesitaba el álbum.

La política entra en las canciones de Lolabúm

Usted ha dicho que se cansó de viralizarse por sus discursos en los conciertos. ¿Por qué decidió trasladar esas ideas a las canciones?

Durante años esperamos que “los grandes” fueran quienes convocaran o dijeran algo. Después entendí que yo ya estaba en una posición desde la cual podía hacerlo. El año pasado convoqué un plantón de artistas porque asumí esa responsabilidad. También me cansé de que una frase dicha en un concierto se convirtiera en el centro de la conversación. Pensé en cómo podía comunicar lo mismo desde las canciones. No quiero insultar ni imponer un mensaje. Me interesa invitar a la gente a pensar, aunque eso se viralice menos.

¿Cómo describiría a la comunidad que se ha formado alrededor de Lolabúm?

Es una comunidad que no depende solo de nosotros. Podemos pasar meses en silencio y los seguidores continúan conversando, creando códigos y formando amistades. Creo que sienten la necesidad de identificarse con algo de Ecuador. Desde el primer disco queríamos que una persona pudiera encontrar una banda sonora relacionada con su contexto y no tuviera que buscarla siempre afuera. También siento que somos una comunidad un poco ñoña y tímida. Lo digo en el mejor sentido. La música se ha convertido en una plaza pública para esa gente.

La canción El Ecuador reaparece cada vez que ocurre una fecha relacionada con el país. ¿Cómo recibe esa asociación?

Me gusta porque no fue algo fabricado. El Ecuador no aspiraba a convertirse en un himno, ni siquiera fue un sencillo. El video salió cerca de un año después del disco. La canción sacó patitas y se metió en la vida de la gente. Eso habla de la canción y de lo que cada persona encontró en ella. Si alguien llega a Lolabúm por ese tema y después sigue el hilo hacia el resto de nuestra música, me entusiasma.

El significado de los fantasmas de Lolabúm

El título del álbum es casi un párrafo. ¿Por qué decidió mantenerlo aunque resulte difícil para las plataformas?

Precisamente por eso. El título es un chiste largo, un guiño y una provocación. También pregunta cómo estamos consumiendo la música y si realmente conseguimos acceder a una obra completa. Una periodista argentina me preguntó cómo iba a decir ese título en la radio y entendí el problema, pero parte del gesto consiste en no ceder siempre ante la industria. También existe una referencia a la frase “un fantasma recorre Europa, el fantasma del comunismo”. Aquí hay una vacante para un fantasma que recorre Latinoamérica.

¿Qué características debe tener ese “phantasma de buena presencia”?

La primera es que dé miedo. La segunda, que diga la verdad. La tercera, que guarde un secreto. El disco está lleno de fantasmas, pistas y cosas que no están explicadas. Me gusta pensar que trabajamos también para el futuro. Muchas referencias de nuestros discos anteriores fueron entendidas años después. En este hay investigación sobre la música ecuatoriana y referencias a obras que casi nadie conoce. Crecí pensando que en mi país no había ocurrido nada, cuando sí existieron músicos y propuestas. Quiero dejar esas semillas para que algún día podamos regresar a nuestra historia.

El regreso de la formación de Lolabúm

¿Qué significa recuperar la formación con Joaquín Prado, Martín Erazo y José Miguel Fabre?

Ha sido reencontrarnos como adultos. Seguimos siendo amigos, pero ahora tenemos otra cabeza, responsabilidades y vidas construidas. A Jim lo conozco desde que él tenía siete u ocho años y yo nueve. Después del primer concierto en España le dije que no estaba nada mal para dos personas que se conocieron molestando en el bus del colegio. Tocar con ellos va más allá de la música. En Madrid sentí que llegamos a ser un solo cuerpo. Cuando Joaquín grabó su primera parte pensé: “Ahora sí es un disco de Lolabúm”. Con Jim ocurre lo mismo porque crecimos juntos musicalmente y hablamos el mismo idioma.

¿La formación permanecerá y cuándo comenzará la gira del álbum?

Esa es la formación de Lolabúm. Por cuestiones logísticas, en algunos viajes tendremos que tocar con la banda que formamos en Colombia, pero oficialmente ellos se quedan. Este año tendremos una sola fecha en Ecuador, el 17 de octubre en Cuenca. La gira del disco comenzará en 2027 y será más extensa, tanto dentro como fuera del país. Guayaquil estará incluida porque no puede faltar, si Dios y Ecuador lo permiten.

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