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Julieta Venegas presenta Norteña: “Regresar a las raíces es una reacción al mundo tecnológico”
Julieta Venegas conversa con EXPRESIONES sobre Norteña, el disco-libro donde explora sus raíces, la IA, los algoritmos y la música latinoamericana

Julieta Venegas tiene 55 años.
Lo que debes saber
- Julieta Venegas afirma que volver a las raíces responde al exceso de tecnología.
- NORTEÑA mezcla música, literatura y memorias familiares desde Baja California.
La cantante relaciona algoritmos, IA y el regreso de artistas a sonidos folclóricos.
La intérprete mexicana Julieta Venegas conversa con EXPRESIONES sobre Norteña, el disco-libro con el que reconstruye su memoria familiar, reflexiona sobre las raíces latinoamericanas y cuestiona cómo la tecnología afecta la creación.
“Las canciones pueden ser las historias de las que estamos hechos”, cuenta Julieta Venegas en su primer libro llamado Norteña, memorias del comienzo. Sin embargo, en esta entrevista deja claro que la oración dejó de ser una posibilidad para convertirse en un hecho, puesto que presentó diez temas que encajan perfecto con lo que es, con lo que ve y con lo que cree en su vida.
Norteña, su undécimo disco, comenzó mucho antes de entrar al estudio. El proyecto nació desde la visualización: estaba presente en su cabeza como aquella idea que debes apuntar en una servilleta porque se escapa. Con esa inmediatez empezó a escribir sonidos, soñar paisajes y plasmar emociones antes de convertirlos en canciones. “Imaginé mucho el disco que quería hacer antes de empezarlo”, cuenta en esta entrevista en exclusiva para EXPRESIONES hecha desde Ciudad de México.
Las oficinas de Altafonte, la disquera de la intérprete en esta nueva etapa, sirvieron como locación para esta conversación que fue desde lo más familiar hasta su visión de lo que es la frontera entre México y Estados Unidos en Tijuana. Un lugar que fue hogar, pero que también entiende como ese punto en el que la política, la diplomacia y la sociedad convergen.
Este proyecto, en el que van de la mano música y literatura, la “obsesionó”. Fueron algo más de dos años en los que estuvo buscando entre las fotos de su familia, entre las anécdotas de sus cercanos y los diarios que llevaba, para recapitular el camino que la llevó a cantar. “Entre el libro y el disco hacen como una especie de proyecto o como un trabajar en estéreo”, comenta. “Ahora siempre voy a querer así: leer el tema, escribirlo y cantarlo”.
Durante la conversación, Julieta habla de la intuición, de la terquedad y de cómo las raíces musicales latinoamericanas están regresando al centro de las nuevas generaciones de artistas. También reflexiona sobre el peso de la memoria, la relación con su padre fotógrafo y la manera en que Baja California terminó convirtiéndose en el paisaje emocional de este disco.
Más que presentar un álbum, la cantante parece estar reconstruyéndose frente al público. Norteña va más allá de funcionar únicamente como una colección de canciones, sino como un retrato de las historias, sonidos y recuerdos que la formaron. Uno en el que el acordeón, las fotografías familiares y la vulnerabilidad terminan ocupando el mismo espacio. Sus raíces son su bandera.
Sonar a su hogar
En los trends de redes sociales ocurre que cada vez que alguien quiere hacer algo nuevo comienza a sonar el tema de Algo está cambiando. Cuando comienza a escribir un disco o empieza una nueva etapa, ¿le pasa algo parecido? ¿Comienza a tararear sus propias canciones o cómo es ese proceso para usted?
No, yo creo que me pasaría eso con mis canciones. Siempre me pasa que necesito esa diferencia. Pero sí soy alguien que necesita sentir que estoy cambiando de etapa artísticamente en cada proceso, cuando estoy pensando o imaginando un proyecto. Norteña fue mucho de imaginármelo antes de hacerlo, eso me pareció muy importante. Cuando siento el cambio es natural, que siempre se sienta un poquito diferente. A mí me gusta hacer borrón y cuenta nueva. Este disco ha sido muy particular, porque yo creo que entre el libro y el disco hacen como una especie de proyecto o como un trabajar en estéreo. Siento que ahora me voy a poner muy exigente porque siempre lo voy a querer hacer proyectos en conjunto. Quiero leer el tema, escribirlo y cantarlo. Cuando ya nos sentamos e hicimos una canción dije: “Este es el disco, es por acá”. Entonces empezamos a componer pensando en ese universo.
Inicialmente la idea siempre fue crear música o simplemente desprenderse de esa obsesión por las memorias que menciona en el libro.
No, yo sí quería hacer un disco de música norteña. Ese fue el punto de partida. Quería un disco de música popular, que sonara a lo que escucharíamos en mi casa un domingo con una carne asada. Ese calorcito era lo que imaginaba. Después el proyecto se fue convirtiendo en mi interpretación de eso, más que en una cosa técnica de música norteña fiel a su esencia. Me di cuenta muy rápido de que no iba a poder hacerlo puro, tradicional, porque yo no soy capaz de quedarme en un género. Para mí los géneros son colores, tonalidades. No pienso en quedarme en uno solo. Entonces, aunque imaginaba el norte como territorio, paisaje e historias, sí había ciertos timbres que quería. Por ejemplo, la tuba era importantísima para mí. No era como “el disco tiene que empezar con una tuba”, sino que cada canción pedía la tuba. Y también el requinto. Cuando conocí a Gabi Romero, que viene más de un estilo serrano, dije: “Ese requinto tiene que estar en este invento que estoy haciendo”.
Ahora que menciona el requinto, tal vez no lo tienes tan presente, pero para nosotros como ecuatorianos es importantísimo dentro de nuestra música tradicional. Es el alma del pasillo, por ejemplo. Conecté mucho con eso dentro del disco. ¿Esto conecta con algo muy latinoamericano?
Yo creo que toda Latinoamérica tiene una música folclórica que nos conecta. El otro día hablaba con alguien sobre el acordeón. Yo creo que está presente prácticamente en toda la música folclórica latinoamericana. Llegó de algún lado, seguramente de Europa, pero lo apropiamos. En México, aunque digas que el acordeón es norteño, realmente no es solo norteño. Está en la cumbia, en el mariachi, en muchísimos géneros. Hay instrumentos que me transmiten un cable a tierra. Más allá de pensar técnicamente en el estilo o en el país, yo pienso en la emoción, en el timbre. Yo quería vientos porque crecí escuchando banda sinaloense en Tijuana. Quería mi sexteto de vientos, pero no para hacer algo técnicamente exacto, sino como una pintura sonora del norte.
Con respecto a la conexión entre el disco y el libro, ¿qué nació primero? ¿Las canciones le dieron vida al libro o el libro le dio vida a las canciones?
Es muy chistoso porque no hay un orden real. Hace mucho tiempo quería escribir memorias, pero no una autobiografía completa, sino memorias específicas. Mi pregunta era: “¿Por qué la música? ¿Por qué me dedico a esto?”. Luego mi hermana hizo un proyecto en Baja California relacionado con un trauma familiar. La familia de mi abuelo murió en un ciclón en Santa Rosalía. Ella empezó a explorar ese tema y sus fotos me detonaron algo. Me obsesioné con Baja California. Empecé a imaginar el disco con ese paisaje y todo fue creciendo en mi cabeza. Después terminamos yendo allá a tomar las fotos del disco. Las tomó mi hermana. Todo fue creciendo lentamente.
Al leer el libro y escuchar las canciones, se siente como revisar un álbum familiar. Cada capítulo parece describir una imagen.
Sí, totalmente. Habían anécdotas que resaltaban para mí y que sintetizaban mi conexión con la música. Mi papá es un elemento importante porque su manera estricta de ver el mundo también me construyó. Él planteaba ciertas posibilidades para una mujer y yo reaccionaba diciendo: “No, espérame, eso no es lo que yo quiero”. Creo que también nos construye aquello a lo que nos oponemos. Siempre he pensado que mi crianza fue lo que me hizo ser quien soy. No porque estuviera de acuerdo con todo, sino porque reaccionar frente a eso me ayudó a descubrir quién quería ser.
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Terca, muy terca
Lo que me cuenta conecta directamente con Terca, canción que para mí es el espíritu del disco. ¿La terquedad nace como reacción a su educación?
Sí, pero no como algo que me inculcaron. En Latinoamérica ser terca suele verse como algo negativo. Para mí tiene que ver con la intuición. Es escuchar algo dentro de ti que te dice que quieres otra cosa. Todo el mundo va por un camino y tú dices: “No sé por qué, pero yo voy por acá”. Para mí eso es positivo.
¿Y qué mujeres tercas admira?
Muchas. Mi mamá, por ejemplo. Es una mujer muy dulce, pero también muy decidida. Tiene mucho carácter.
Y cuando su hija comenzó a demostrar también esa terquedad, ¿alguna vez se cuestionó: “Estoy actuando como mi papá”?
Sí. Y creo que ahí entendí algo importante. Lo primero que tenemos que aprender como madres y padres es no crear expectativas sobre cómo va a ser un hijo. Un hijo va a ser quien tiene que ser. En mi generación eso no existía. Era más bien “vas a ser como tus padres quieren”. Ahora creo que tenemos que acompañar y descubrir quién es esa persona que se está formando.
En el libro también habla mucho de intuición. NORTEÑA parece una prueba de que confiar en ella funciona. ¿Qué le dice su intuición ahora que el disco ya está en plataformas?
Siento que el disco está hecho con muchísimo amor. Toda la gente que participó lo hizo desde un lugar muy amoroso. Yo deseo que la gente lo escuche con la verdad con la que yo lo hice. Descubrí la lentitud haciendo este proyecto. Siempre fui muy ansiosa con los discos y esta vez todo fue creciendo poco a poco. Lo siento como algo que cociné lentamente y eso me hizo descubrir muchas fortalezas mías.
Ya la veo haciendo un documental después de esto.
Te juro que cuando terminé dije: “Ahora siempre voy a querer hacerlo así”. Leer, escribir, cantar… todo conectado. Lo que más me gustó fue descubrir la lentitud en el proceso creativo.
Volver a casa: De Buenos Aires a Ciudad de México
¿Y cómo fue grabar en el Desierto Estudio?
Hermoso. Yo nunca había grabado ahí. Grabamos una parte en Buenos Aires y después nos fuimos al desierto dos semanas. Se fue sumando gente al proyecto y cada vez se volvía más emocionante. En enero hicimos una preproducción y fue la primera vez que escuché en la realidad eso que tenía en mi cabeza. Ahí confirmé que íbamos por el camino correcto.
Ahora que volvió a México ¿qué representa hoy Buenos Aires para usted?
Muchísimo. Yo creo que este proyecto no habría existido si no hubiera vivido allá. Buenos Aires me enseñó el disfrute. Me enfoqué más en mi vida personal que en mi trabajo. Construí amistades, otro equipo, otra manera de vivir. Y cuando decidí regresar a México fue muy fácil entender que ya era momento.
¿También fue una forma de alejarse un poco del agobio de la fama?
No realmente. Yo creo que una vida normal la puedes vivir en cualquier lado. Tú eliges cómo vivirla. A veces quieres fotos y a veces no. A veces quieres hablar y otras veces no. Para mí nunca fue necesario aislarme.
En el libro habla de aprender a “hackear” el sistema de la industria musical. ¿Ahora siente que puede elegir cómo hacer las cosas?
Totalmente. Antes había menos opciones. Si querías que la gente te conociera, necesitabas sonar en radio. Ahora tenemos otras herramientas. Yo elijo el camino independiente porque es el que me funciona. Me gusta ser mi propia disquera.
¿Y qué queda de aquella Julieta Venegas de hace casi 30 años?
La curiosidad. La emoción de sentarme a hacer una canción y ver qué pasa. Yo trabajo muy seriamente, aunque tenga que ver con el juego. Tengo mucho respeto por lo que hago. No soy perfeccionista, pero sí me importa hacerlo bien.
¿Cuál es la canción más personal del disco?
Todas son personales. La que le escribí a mi papá lo es muchísimo. Él hasta me llamó para decirme que quizás debía cambiar partes de la letra porque no todo el mundo entendería ciertas referencias a la fotografía. Y yo le dije: “No, es historia real. Tiene que quedarse así”.
Pero también siento que lleva escribiendo memorias desde hace 30 años en tus canciones.
Sí, totalmente. Creo que ahora simplemente lo traduje también al libro.
¿Cómo será el mundo visual del tour de NORTEÑA?
Va a haber mucho Baja California, muchos vientos y mucha teatralidad. Todo lo imaginé antes de construirlo. Estamos trabajando mucho esa parte porque quiero que el show también sea una experiencia visual y emocional.
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Alejandro Puga
¿Por qué cree que tantos artistas latinoamericanos están regresando a sus raíces musicales?
Tengo una teoría. Creo que es una reacción a un mundo demasiado tecnológico. Los algoritmos nos están guiando constantemente: qué consumimos, con quién hablamos, cómo pensamos. Y creo que regresar a nuestras raíces es una manera de volver a conectarnos desde lo humano. El arte nos permite eso. Nos permite volver a nuestras historias, a nuestra vulnerabilidad. Y no puede ser coincidencia que tantos artistas estén haciéndolo al mismo tiempo. Creo que todos estamos reaccionando a algo que está pasando en el mundo.