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Gustavo Segale celebra el Día del Padre junto a sus perros: "Ellos son mis hijos"
Tras años detrás de cámaras, asume un nuevo reto con un segmento en TV dedicado a fortalecer la relación entre las personas y sus animales de compañía

El ejecutivo asegura que su conexión con los animales le ha permitido comprender mejor los vínculos afectivos.
Lo que debes saber
- Con sus perros Lula y Yapo, a quienes considera parte fundamental de su vida, celebrará el Día del Padre.
- Sus progenitores viven en Estados Unidos y su hermana es la coach deportiva, Érika Segale.
Gustavo Segale (56), gerente de Marketing de Ecuavisa, ha desarrollado una trayectoria de 15 años dentro de la empresa. Además de su labor, es comunicador animal y hermano de la coach deportiva Érika Segale.
Aunque en algún momento consideró la posibilidad de convertirse en papá, ese proyecto de vida no llegó a concretarse. Tiene sobrinos, a quienes adora, mientras que sus progenitores, Maggy y Gustavo, residen actualmente en Estados Unidos.
Cada año, él celebra el Día del Padre de una manera muy especial: junto a sus queridos ‘hijos’ perrunos, Lula y Yapo, quienes se han convertido en sus compañeros inseparables y en el centro de su cariño.
Desde el 23 de junio, presentará Se habla animal, un segmento dentro del programa En contacto en que desempeña su faceta como comunicador animal por la conexión que asegura tener con ellos.
¿Alguna vez quiso ser padre?
Antes de los 50 años contemplé esa posibilidad. Sin embargo, en Ecuador no existen leyes que regulen el embarazo subrogado. Analicé distintas alternativas, pero finalmente no se concretó.
¿Se sintió presionado para convertirse en padre?
Más que presión, lo que experimenté fue el anhelo y el deseo de serlo.
"Ellos se conectan con las emociones"
¿Cómo celebra el Día del Padre con sus peludos?
Mis padres viven en el extranjero, así que los llamo por teléfono. Luego comparto el día con mis perros. Lastimosamente, en Guayaquil todavía hay pocos espacios adecuados para disfrutar con ellos, a diferencia de ciudades como Quito o Cuenca.
Aunque no tiene hijos, dedica buena parte de su tiempo al cuidado de otros seres vivos.
Es algo que disfruto mucho porque, de cierta manera, canaliza mi instinto paternal. Ambos tienen alergias alimentarias: uno al pollo y el otro a la carne. Debo estar pendiente de su alimentación para evitarles problemas de salud.
Eso sí, procuro que sigan siendo perros. Hoy existe una tendencia a humanizarlos demasiado. Amo a los animales; si pudiera, tendría gatos, una vaca y hasta cerdos (risas).
Es común que las personas humanicen a sus animales de compañía.
Más allá de vestirlos o celebrarles cumpleaños, muchas veces creemos que piensan como nosotros. Lo cierto es que poseen una sensibilidad extraordinaria. Hay estudios que demuestran que pueden detectar enfermedades como cáncer o diabetes.
Mientras los humanos priorizamos el pensamiento racional, ellos se conectan principalmente con las emociones. Por eso considero que deberíamos dejar de usar la palabra ‘mascota’. Son animales de compañía y nosotros somos sus humanos responsables, no sus dueños ni amos.
Las nuevas generaciones parecen optar cada vez más por los animales de compañía en lugar de tener hijos.
Es una decisión completamente personal. Algunos lo hacen por comodidad o porque creen que representa un menor gasto económico, aunque en la práctica no siempre es así.
¿Qué le han enseñado los animales sobre los vínculos afectivos?
Desde mi experiencia como comunicador animal, creo que llegan a nuestras vidas con un propósito y parten cuando ese aprendizaje concluye. Siempre invito a las personas a observar qué les reflejan sus animales. Por ejemplo, Lula sufrió una pancreatitis que no lograba estabilizarse.
Luego entendí que yo estaba guardando emociones que no expresaba y que ella estaba manifestando, de alguna manera, ese desequilibrio. Era un reflejo de lo que me ocurría internamente. El vínculo con un animal es profundamente personal e intransferible. Solo quien lo vive puede comprenderlo plenamente.
"Los animales carecen de ego"
Existe una frase popular que dice: “Mientras más conozco a los hombres, más quiero a mi perro”.
Los animales brindan amor sin condiciones y una lealtad absoluta. Además, carecen de ego. Como los niños pequeños, pueden pelearse y, minutos después, seguir jugando sin resentimientos.
Durante años ha estado ligado a los medios de comunicación y al marketing. ¿Cómo surge su faceta como comunicador animal?
Siempre he sentido una conexión especial con los perros. Incluso aquellos que suelen desconfiar de los extraños terminan acercándose a mí. Bromeo diciendo que fui perro en otra vida y que, además, nací en el año del perro según el horóscopo chino.
En 2019 conocí algunos cursos sobre comunicación animal y despertaron mi curiosidad. Al año siguiente inicié mi formación. Aunque a muchos les resulte difícil creerlo, es posible percibir información y emociones de los animales. Considero que es una habilidad que puede desarrollarse. Quizá mi perfil creativo me ha permitido fortalecer más mi sensibilidad emocional que mi lado racional.
En Japón existe la creencia de que, cuando un gato se pierde, se puede pedir ayuda a otros felinos para que lo guíen de regreso a casa.
Sí, y tuve una experiencia relacionada con eso. Una amiga había perdido a su gata y, mientras la acompañaba a casa, vimos un gato en la calle. Le sugerí que le pidiera ayuda para encontrarla. Ella lo hizo y el animal regresó.
Tras una enfermedad y cuando ya no se puede hacer nada por salvarlos, muchas veces las personas consideran aplicar la eutanasia a sus animales, pero esta decisión suele generarles culpa.
Los animales llegan a nuestras vidas con un propósito y para dejarnos enseñanzas. A través de mi conexión con ellos, he comprendido que no en todos los casos es necesario recurrir a la eutanasia. En ocasiones, lo mejor es permitir que completen su ciclo de vida, porque la lección para el ser humano puede estar precisamente en aprender a soltar.
Cuando se opta por la eutanasia, es importante verla como un acto de amor y compasión hacia el animal, y no desde la culpa. Ellos entienden la muerte como parte natural de la vida y no la viven con el temor que tenemos los humanos.

No solo quiere tener perros, también gatos, una vaca y cerdos.
Al final, cualquier decisión que se tome será la adecuada si nace del amor y de la intención de procurar su bienestar. Mi recomendación es despedirse de ellos, expresarles lo que sentimos y acompañarlos hasta el final, independientemente de la decisión que se haya tomado.
¿Qué les dice a las personas que no creen en la comunicación animal?
Cada persona necesita vivir su propia experiencia para comprenderlo. Es algo parecido a lo que ocurre entre una madre y su bebé recién nacido: existe una conexión que permite sentir e intuir muchas cosas sin necesidad de palabras.
Sin embargo, a medida que crecemos y priorizamos la razón y el lenguaje, solemos alejarnos de esa capacidad intuitiva. A quienes no creen, les invitaría a darse la oportunidad de sentir y escuchar esa intuición. Los animales siempre están comunicando algo.
A la TV
¿Cómo surgió la idea de hacer un segmento televisivo?
Fue un ejercicio que nació al inicio como una prueba. Siempre he estado detrás de cámaras y vinculado a la parte creativa, por lo que nunca imaginé estar frente a ellas. En el canal, como suelo desarrollar proyectos constantemente, era un poco complejo que esta propuesta se concretara.
Tampoco quería insistir demasiado para no mezclar una cosa con la otra. Casi siete de cada diez personas tienen animales y, cuando se habla de ellos en televisión, la respuesta del público es muy positiva. El objetivo es que comprendamos mejor a nuestros animales.
¿Qué errores comunes cometen las personas al interpretar las necesidades de los animales?
Uno de los errores más frecuentes es utilizar el nombre del animal para regañarlo o asociarlo con experiencias negativas. El nombre debe emplearse únicamente en contextos positivos. Tampoco es recomendable ponerles nombres que puedan generar burlas o ridiculización, como Sansón, Diablo o Karma. Ellos perciben las emociones y las intenciones de quienes los rodean.
Otro error común es creer que los animales no se dan cuenta cuando una persona está triste o llorando. Son muy sensibles a los estados emocionales de los humanos y suelen reaccionar ante ellos.
¿Qué hacer para evitar que el animal crea que fue abandonado cuando la persona responsable muere?
Si las circunstancias lo permiten, es recomendable que el animal pueda ver el cuerpo sin vida de la persona fallecida. Esto le ayuda a comprender que no regresará. También es importante permitirle olerlo, ya que lo peor para el animal es creer que fue abandonado.
Este mismo procedimiento puede aplicarse cuando muere otro animal con el que convivía. Además, es aconsejable que las personas dejen instrucciones claras a sus familiares sobre quién se hará cargo de sus peludos en caso de que muera. Sin embargo, no siempre se cumplen esas disposiciones.