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Alexander Falcones lleva la fusión nipona a otro nivel con Ichigo
En este restaurante de Samborondón, la cocina japonesa se fusiona con sabores latinoamericanos en medio de una experiencia sensorial.

Con su equipo buscan que cada plato se convierta en un viaje cultural.
Lo que debes saber
- Con apenas ocho meses desde su apertura, Ichigo ya apuesta por posicionarse como una experiencia gastronómica en Samborondón.
- Gyozas de birria, picaña flameada y técnicas japonesas conviven en una carta donde Latinoamérica dialoga con Oriente.
- El restaurante, de estética oriental, fue construido artesanalmente durante seis meses.
Apenas se atraviesa la entrada de Ichigo, la ambientación sorprende por ser una especie de cueva de inspiración oriental: tonos cálidos, iluminación tenue, lámparas escultóricas y un cuidado trabajo artesanal en mesas y paredes que crean un lugar pensado para entregarse al ritual de la comida.
Detrás de este concepto ubicado en Samborondón, está Alexander Falcones, CEO del restaurante, quien lleva cerca de una década ligado al mundo de la gastronomía asiática y hoy apuesta por una propuesta más arriesgada y experiencial. “Ichigo nace de la evolución”, comenta. “Está pensado para ese comensal explorador, que disfruta probar cosas nuevas y vivir experiencias gastronómicas diferentes”. La intención no era abrir “un restaurante más de sushi”, sino construir un espacio con identidad propia, donde la cocina asiática dialogue con Latinoamérica desde el producto, la estética y la emoción.
Esa mezcla cultural se percibe desde la carta. En Ichigo, Japón conversa con México, Ecuador, Perú o Corea dentro de un mismo plato. Las gyozas de birria al estilo nipón reinterpretan el clásico mexicano con técnica asiática, mientras propuestas como el Picaña Kimchi (un rollo relleno de crujiente ebi furai, zanahoria tempura y queso crema, envuelto en picaña flameada y bañado en korean-mayo) revelan ese juego constante entre intensidad, textura y sorpresa. “Lo que más impresiona es cómo distintas culturas pueden convivir en armonía dentro de un solo plato”, comenta Alexander sobre una cocina que apuesta por romper esquemas sin perder equilibrio.
La experiencia termina de construirse en cada detalle: desde la coctelería de autor hasta el emplatado cuidadosamente diseñado para despertar los sentidos desde la primera mirada. “Queremos provocar sorpresa, curiosidad y disfrute”, explica el chef Ángel Rojas, quien lidera la propuesta culinaria junto al equipo creativo del restaurante. Y quizás ahí está la esencia de Ichigo: en demostrar que la gastronomía también puede contar historias y unir culturas.
En diálogo con EXPRESIONES, Alexander y el chef Ángel Rojas cuentan la visión detrás del menú y ese arte del mestizaje culinario que hoy define la experiencia en este lugar.

Alexander lleva cerca de una década ligado al mundo de la gastronomía asiática.
Desde la cocina
¿De dónde nace la idea de fusionar la cocina japonesa con sabores latinoamericanos?
Alexander: Antes de emprender trabajé alrededor de diez años en aviación y viajaba muchísimo. Eso me permitió conocer distintas culturas. Hoy en Ichigo hablamos de una cocina nipona con alma latinoamericana. Incorporamos influencias mexicanas, peruanas, venezolanas y ecuatorianas, usando mucho producto local y fusionándolo con técnicas japonesas.
¿Qué buscan provocar en quien prueba Ichigo por primera vez?
Chef Ángel Rojas: Buscamos despertar los sentidos. Que la experiencia empiece desde la mirada, con un emplatado cuidado y estético, pero que realmente cobre sentido en el primer bocado. Que el comensal sienta que detrás de cada plato existe intención, detalle y una historia.
¿Qué plato resume mejor esa filosofía?
Alexander: Las gyozas de birria son un gran ejemplo. Tomamos una preparación muy mexicana como la birria y la llevamos a una técnica asiática. En vez de comer un taco tradicional, comes una gyoza y la sumerges en el consomé, como parte de la experiencia. Ahí se entiende perfectamente el concepto de Ichigo.

La cocina mexicana y japonesa se encuentran en un bocado intenso y adictivo.
¿Cómo trabajan la creación del menú? ¿Existe una sola cabeza creativa?
Alexander: No. Nosotros creemos mucho en el trabajo colectivo. Tenemos chefs ecuatorianos y también hemos trabajado junto a chefs venezolanos y peruanos. Pero aquí todos aportamos ideas: cocina, administración, equipo creativo. Muchas veces un chef propone algo, luego otro lo complementa y así terminamos construyendo cada plato.
¿Qué elementos de la gastronomía japonesa sienten que conectan mejor con el comensal ecuatoriano?
Chef: Los toques cítricos, las notas especiadas y los contrastes entre dulce, ácido y umami generan una experiencia familiar, pero al mismo tiempo distinta. Ahí ocurre esa conexión: en descubrir algo nuevo sin sentirse ajeno.
¿Y cuáles serían los ingredientes latinoamericanos o ecuatorianos que funcionan tan bien con la cocina asiática?
Chef: Nos inspira mucho trabajar con frutas tropicales, cítricos, ajíes, hierbas frescas y productos locales del mar. Son ingredientes que aportan personalidad, color y profundidad. Y funcionan tan bien porque la cocina asiática está basada en el equilibrio.
¿Cuál ha sido el reto más grande detrás de emprender?
Alexander: Sin duda, construir el espacio físico. Todo fue hecho casi artesanalmente: texturas, mobiliario, detalles. Queríamos que el lugar tuviera personalidad propia. Un proyecto así normalmente nos habría tomado dos meses, pero este tomó seis. Fue un reto enorme, pero también parte importante de la identidad que hoy tiene Ichigo.
¿Qué hace que esto no sea “un restaurante más de sushi”?
Alexander: La intención detrás de todo. Aquí no buscamos repetir fórmulas, sino crear experiencias. Desde el diseño del espacio hasta el último ingrediente del plato, todo tiene un propósito: sorprender, emocionar y hacer que el comensal descubra distintas culturas en una misma mesa.
Ichigo en 5 claves
- La carta tiene cocina nipona con toque latinoamericano.
- Sus ingredientes entre locales y extranjeros se fusionan con técnicas japonesas.
- El diseño del restaurante está inspirado en una cueva oriental.
- La experiencia es multisensorial.
- Está ubicado en C.C Alhambra en Samborondón.

Picaña flameada, korean-mayo y texturas crujientes que elevan el sushi tradicional.