La violencia cambió estas profesiones en Ecuador: historias de quienes salen a trabajar con miedo
Las historias de varios trabajadores muestran cómo cambió horarios y rutina. Experto considera que aún es prematuro hablar de una mejora en tema de violencia

Conductores, taxistas y repartidores cambiaron rutinas por la inseguridad en Ecuador.
Lo que debes saber
- Conductores, taxistas y repartidores cambiaron rutinas por la inseguridad en Ecuador.
- El 57 % de ecuatorianos identifica la inseguridad como el principal problema del país.
- Trabajadores reorganizan horarios y rutas para reducir riesgos de la violencia en Ecuador.
La inseguridad en Ecuador ha transformado la forma de trabajar de miles de personas. Conductores de buses, taxistas, repartidores y líderes religiosos han modificado horarios, rutas y métodos de trabajo para reducir los riesgos asociados a la violencia y la delincuencia.
Aunque continúan ejerciendo sus profesiones, muchos han incorporado medidas de prevención para proteger su integridad mientras desempeñan sus actividades diarias.
Un asalto que cambió la forma de conducir
A las dos y media de la tarde de un domingo, un bus urbano avanzaba por su ruta habitual. Una decena de pasajeros viajaban entre los asientos y el pasillo, mientras el conductor cumplía una jornada más de trabajo.
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Dos jóvenes se subieron, como cualquier usuario habitual. Pagaron el pasaje y tomaron asiento. Nada hacía pensar que, pocos segundos después, el recorrido cambiaría por completo.
Apenas el vehículo cruzó una vía principal, uno de ellos se levantó y apoyó un revólver calibre .38 sobre la cabeza del conductor. “Dale suave… sigue, sigue”. Así recuerda Carlos (nombre ficticio para proteger su identidad) el momento que transformó su manera de trabajar.
Mientras uno lo mantenía apuntado, el otro recorría el pasillo arrebatando celulares, dinero y pertenencias a los pasajeros. Los gritos llenaron el bus. Algunos pedían que detuviera la marcha. El asaltante le ordenaba que siguiera conduciendo.
La ausencia de métricas dificulta ver si los recursos están produciendo los efectos esperados
“Lo que más miedo me dio no fue que me mataran a mí. Pensé que el muchacho era tan joven que, con los nervios y la gente gritando, podía escapársele un disparo”, expresa el conductor.
En medio del caos abrió discretamente la puerta trasera. Algunos pasajeros saltaron del bus en movimiento. El delincuente reaccionó con insultos y volvió a exigirle que avanzara. Cuando todo terminó, Carlos descubrió que los asaltantes habían dejado una moto estacionada dos cuadras más adelante para escapar.
Desde aquel domingo, conducir dejó de ser una rutina. “Ya no es solo manejar. Uno tiene que mirar quién sube, cómo observa, dónde se sienta. Antes pensaba en el tráfico. Ahora también pienso en quién puede representar un peligro”.
Política
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Rosero Mariela
La inseguridad redefine la rutina laboral en Ecuador
Su historia no es un caso aislado. En Ecuador, la violencia ha cambiado la forma en que miles de personas ejercen profesiones que, hasta hace pocos años, difícilmente eran asociadas con el riesgo. Las cifras ayudan a explicar ese cambio.
Aunque el presidente Daniel Noboa aseguró el 19 de mayo que las restricciones de movilidad aplicadas en varias provincias permitieron reducir en un 39% las muertes violentas durante la primera quincena del mes, la percepción ciudadana sigue marcada por la preocupación.
La más reciente encuesta del Centro de Investigaciones y Estudios Especializados (Ciees) revela que el 57% de los ecuatorianos consideran a la inseguridad y delincuencia como el principal problema del país. En Guayaquil, esa percepción asciende al 68%, mientras que en Quito alcanza el 46%.
Para el analista en seguridad Jean Paul Pinto, aún es prematuro hablar de una reducción sostenida de la violencia. “Es muy pronto para sacar conclusiones. Habrá que esperar al cierre del año para saber si la disminución se mantiene en el tiempo”, explica. Esa incertidumbre se refleja en quienes trabajan todos los días en las calles.

Trabajadores reorganizan horarios y rutas para reducir riesgos de la violencia en Ecuador.
Los taxistas cambiaron las calles por clientes de confianza
Durante cuarenta años, Miguel (nombre ficticio) conseguía su clientela deteniéndose donde alguien levantara la mano para pedir un taxi. Era una rutina tan natural como encender el carro al iniciar la jornada. Hoy ya no lo hace.
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“Desde que la delincuencia aumentó, dejé de recoger pasajeros en la calle. Solo trabajo con clientes conocidos o recomendados por la compañía”, admite.
La decisión le ha significado rechazar carreras y reducir ingresos, pero también le ha permitido sentirse más seguro. “Ya no se puede confiar. Muchas veces parecen personas comunes y terminan siendo delincuentes. Nunca imaginé que tendría que trabajar de esta forma”.
Su teléfono sustituyó las largas esperas en las avenidas. Ahora organiza su jornada mediante llamadas y servicios previamente coordinados. Adaptó su trabajo para seguir ejerciendo la profesión que ha desempeñado durante cuatro décadas.
Pronunciamiento
Predicar también implica reorganizar horarios
La necesidad de reorganizar la rutina también alcanzó a quienes realizan labores comunitarias. Pedro (nombre protegido) es Testigo de Jehová. Desde hace más de diez años recorre distintos sectores compartiendo mensajes religiosos. Hoy planifica cada visita considerando algo que antes no era una preocupación: la hora de regreso.
“No encuentro taxis que quieran entrar a ciertos barrios y los mismos vecinos nos dicen que después de cierta hora ya no es seguro”, menciona.
Por eso procura terminar sus recorridos antes de la una de la tarde cuando visita sectores considerados conflictivos. “No puedo hacer visitas a las cuatro o cinco de la tarde porque luego se vuelve complicado salir”. No ha dejado de realizar su labor. Simplemente aprendió a reorganizarla.

Los misioneros de los Testigos de Jehová han optado por concluir sus recorridos de casa en casa temprano.
Los repartidores incorporan nuevas medidas de prevención
La misma capacidad de adaptación aparece entre quienes trabajan entregando pedidos a domicilio. Antes de salir, Mario (nombre ficticio) repite el mismo ritual cada mañana: revisa su motocicleta, guarda el celular en un lugar poco visible, confirma la ruta y hace una breve oración.
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“Mi recorrido es largo y muchas veces solitario. Nunca había visto mi ciudad de esta manera”. Perdió su empleo durante la pandemia y halló en el reparto una oportunidad para volver a generar ingresos.
Sin embargo, esa nueva ocupación también le enseñó a evaluar riesgos que antes no formaban parte de su jornada. Recuerda especialmente una entrega nocturna hacia la vía a la Costa. “Sentí mucho temor de conducir solo por una carretera casi vacía”.
Cada historia es distinta, pero todas tienen un punto en común: quienes las protagonizan decidieron seguir trabajando. No aceptaron la inseguridad como algo normal. Respondieron adaptando sus rutinas, reforzando medidas de prevención y encontrando nuevas formas de ejercer sus oficios. El Ecuador actual se mueve de manera diferente.