Ecuador enfrentaría fuertes impactos económicos por El Niño, según el Banco Mundial
El Banco Mundial advirtió que El Niño podría afectar la electricidad y la agricultura en Ecuador, con riesgos para los precios y el crecimiento

El fenómeno de El Niño representa un riesgo para Ecuador por sus posibles efectos sobre la infraestructura, la producción y la economía.
Ecuador figura entre las economías de América Latina y el Caribe que podrían sufrir mayores impactos por el fenómeno de El Niño, junto con Paraguay y Argentina. Así lo recoge la cobertura del Panorama Económico de América Latina y el Caribe, publicado por el Banco Mundial el 6 de octubre de 2026. Las sequías y las inundaciones podrían afectar la producción y añadir presiones sobre los precios.
En su comunicado oficial, el organismo advirtió que el fenómeno amenaza dos actividades esenciales para la región: la agricultura y la generación hidroeléctrica. Las afectaciones en ambos sectores podrían traducirse en aumentos de los precios de los alimentos y de la energía.
La alerta económica coincide con las previsiones de la Organización Meteorológica Mundial (OMM). En su actualización publicada el 3 de septiembre de 2026, la entidad señaló que El Niño estaba establecido y que podría intensificarse hasta alcanzar su máximo hacia finales del año. También estimó una probabilidad cercana al 100 % de que persistiera hasta febrero de 2027.
Ecuador
Electricidad en Ecuador cómo se repartió el consumo entre hogares, industrias y comercios
Valeria Alvear
La dependencia del agua expone al sector eléctrico
Para Ecuador, uno de los principales factores de vulnerabilidad es el peso de las hidroeléctricas en el suministro de electricidad. Una disminución de los caudales limita la producción de estas centrales y aumenta la necesidad de recurrir a otras fuentes de generación.
Las sequías prolongadas representan un riesgo para la generación eléctrica en partes de América del Sur, la región andina y América Central. Las precipitaciones excesivas, por su parte, pueden dañar infraestructura y afectar las redes que transportan y distribuyen electricidad.
Aunque ambos escenarios afectan al sector energético, sus consecuencias dependen de dónde ocurran. La OMM precisa que la intensidad de El Niño no determina por sí sola la magnitud de los daños en cada región, por lo que sus efectos requieren un seguimiento territorial.
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Las lluvias ya afectaron la cosecha de caña
El riesgo climático también alcanza al campo. Las sequías pueden reducir el rendimiento de los cultivos, mientras que las lluvias excesivas pueden perjudicar las cosechas y dificultar su traslado hacia los mercados.
En Ecuador, las precipitaciones ya provocaron interrupciones en la actividad azucarera. Agroazucar, ubicada en La Troncal, anunció el cierre anticipado de su zafra desde el 30 de septiembre de 2026. El Ingenio San Carlos, en Marcelino Maridueña, también informó una suspensión por las lluvias intensas.
Según la información publicada por este Diario, la saturación de los terrenos dificultó el ingreso de maquinaria y el transporte de la caña. Las decisiones afectaron a trabajadores de temporada, cañicultores, transportistas y proveedores vinculados a esa actividad.
Los alimentos y la energía podrían encarecerse
Las afectaciones productivas pueden trasladarse al bolsillo de los hogares. El Banco Mundial identifica a El Niño como un riesgo adicional para los precios de los alimentos y de la electricidad, en un contexto regional de crecimiento moderado.
A los daños en cultivos e infraestructura pueden sumarse interrupciones del transporte y mayores costos de distribución. Según la cobertura del informe, estas dificultades podrían reducir el poder adquisitivo de las familias, especialmente de aquellas con menores ingresos. Los gobiernos también enfrentarían necesidades de gasto para reparar infraestructura y atender emergencias.
Ecuador crecería por encima del promedio regional
La advertencia climática llega mientras el Banco Mundial proyecta un crecimiento del producto interno bruto de Ecuador del 2,8 % en 2026, por encima del promedio regional.
Para América Latina y el Caribe, el organismo prevé una expansión del 2,2 %, frente al 2,4 % de 2025. Aunque destaca la capacidad de la región para absorber choques externos, advierte que la volatilidad energética, las tasas de interés elevadas y la deuda limitan el crédito, la inversión y los recursos públicos disponibles