mercado laboral
Menos desempleo en Ecuador, pero más jóvenes sin trabajo: pasó del 28 % al 40 % en un año
Los indicadores laborales a nivel nacional muestran estabilidad, pero la situación de personas de 15 a 24 años, en la búsqueda de trabajo, se deteriora

La competencia por un puesto de trabajo se intensifica entre los menores de 29 años.
Lo que debes saber
- Aunque la tasa de desempleo en Ecuador bajó al 3,06 %, los jóvenes enfrentan una realidad distinta: el desempleo entre las personas de 15 a 24 años aumentó del 28 % al 40 % en un año.
- Expertos advierten que la falta de empleo de calidad, la escasa inversión y la inseguridad están limitando las oportunidades laborales.
- Este escenario se enfrenta pese a los incentivos tributarios y programas estatales dirigidos a este segmento de la población.
Ecuador llegó a mayo de 2026 con menos desempleados que hace un año (3,06 %), pero detrás de esta aparente estabilidad del mercado laboral hay una realidad que se esconde entre las cifras. La desocupación golpea cada vez más a los jóvenes de entre 15 y 24 años.
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El dato lo revela el más reciente informe del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), que muestra no solo una concentración de desempleados en este rango de edad, sino también cómo, en el último año, esta tasa repuntó del 28 % al 40 %, aun en un contexto de incentivos fiscales (hasta el 75 % de deducción del impuesto a la renta) para que las empresas contraten a menores de 29 años.
Karolina Pazmiño, gerente de la consultora Gente & Gestión, palpa a diario la desesperación que existe entre los más jóvenes. “Por cada vacante laboral que publicamos en las redes, para puestos administrativos o asistenciales, estamos recibiendo entre 100 y 200 hojas de vida por día”. De este universo, especifica, el 70 % corresponde a personas jóvenes.
¿Por qué los jóvenes tienen más dificultades para conseguir trabajo?
Pazmiño atribuye este fenómeno a una mayor rotación laboral, una tendencia que, según dice, se ha ido acelerando durante los últimos siete años y que, silenciosamente, ha erosionado la estabilidad de los puestos de trabajo.
Y esto último, agrega, puede darse por dos factores. Por un lado, están las nuevas generaciones, que priorizan el “salario emocional”, buscan flexibilidad y equilibrio entre la vida personal y laboral, y están dispuestas a cambiar de empleo rápidamente si no se sienten cómodas. Por otro lado, también existen quienes buscan un empleo estable que les asegure buenos ingresos y otros beneficios, una oferta que cada vez escasea más en el mercado.
Las cifras del INEC muestran que, a mayo de este año, la tasa nacional de empleo adecuado registró un ligero incremento al pasar de 35,2 % a 36,6 %, un resultado que algunos analistas consideran un estancamiento, pues no ha vuelto a los niveles de la bonanza petrolera, cuando la mitad de la población económicamente activa tenía un empleo adecuado; es decir, un trabajo que permite percibir ingresos laborales iguales o superiores al salario mínimo, trabajar 40 horas o más a la semana y acceder a beneficios como la seguridad social.
El empleo adecuado sigue lejos de los niveles de hace una década
En ello concuerda Luis Bayardo Tobar, director de la Carrera de Economía de la Universidad Politécnica Salesiana del Ecuador, quien destaca el retroceso histórico que también ha venido registrando el empleo de calidad entre la población más joven.
A pesar de que las cifras generales puedan mostrar ligeras variaciones, dice, el acceso de los jóvenes a un empleo digno se ha reducido drásticamente respecto de años anteriores, dejándolos en una situación de vulnerabilidad ante la falta de oportunidades. Hace 12 años, sostiene, la tasa de este tipo de empleo para el rango de 15 a 24 años era del 12,1 %; hoy, a mayo de 2026, es de 9,7 %.
Además de los incentivos fiscales ya mencionados, el gobierno de Daniel Noboa lanzó, desde noviembre de 2024, su programa social Jóvenes en Acción, que este año, con una inversión de $180 millones, busca facilitar la inserción de 150.000 personas de entre 18 y 29 años, otorgándoles pasantías en entidades públicas con un pago de $400 mensuales durante un período de tres meses.
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Ese tipo de ayudas, dice Bayardo, son positivas porque permiten aliviar las consecuencias económicas de no encontrar empleo en el país, pero aclara que no son suficientes, pues no representan una solución real ni sostenible. Para el economista, cualquier subsidio o transferencia monetaria debe cumplir criterios estrictos —ser temporal y focalizado—, ya que, de lo contrario, se corre el riesgo de generar dependencia en lugar de promover el desarrollo.
“¿Sabe cuál es el mejor bono que el Estado debe dar a una persona? Un empleo digno. La posibilidad de tener trabajo digno y educación”. Pero hoy, añade, hay muchos jóvenes que no tienen ni lo uno ni lo otro, lo que agrava la problemática de los “ninis” (jóvenes que ni estudian ni trabajan). Bayardo señala que, según datos del Ministerio de Educación, más de 600.000 jóvenes han quedado fuera de las aulas en los últimos 12 años, lo que los convierte en “presa fácil” para las redes delictivas debido a la falta de alternativas laborales y académicas.
Los analistas coinciden en que la falta de contratación o la inestabilidad no surge de una mala intención del empleador, sino de la dura realidad económica y de la falta de productividad en el país. “Por más que se mejoren las leyes, que se exija a un empleador contratar... si no existe un ingreso o un incremento de la productividad en la empresa, ¿cómo va a crecer la empresa con más gente?”, explica Pazmiño, quien añade que, cuando los ingresos de un negocio no mejoran, las empresas se ven obligadas a contraerse y el personal suele ser lo primero en ser sacrificado.
Para cambiar esa realidad, el economista Alberto Acosta sostiene que la economía debe crecer más rápido y con mucha más inversión productiva, lo que exige eliminar barreras a la inversión y modernizar la legislación laboral. Bayardo, en cambio, apunta a dos estrategias. La primera es apoyar a las microempresas que, al constituir el tejido productivo más grande y a la vez uno de los más afectados, necesitan acceso a crédito en condiciones favorables. “Lo otro que va de la mano es el tema de la seguridad. Por más políticas de apoyo que tengamos para el emprendimiento, no vamos a salir adelante si no se controla la inseguridad”.
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Grupos con mejor inserción
A diferencia de lo que ocurre con la población más joven, las cifras del INEC muestran ligeras mejoras en otros grupos etarios. El que más destaca, por ejemplo, es el de 25 a 34 años, cuya tasa de desempleo cayó del 40,7% al 32,7%; es decir, 7,9 puntos menos. Le sigue el grupo de 35 a 44 años, con una tasa del 15,3%, y el de 45 a 64 años, con 10,7%, lo que equivale a descensos de 1,8 y 0,6 puntos, respectivamente.
Si se observan las cifras de subempleo, los datos oficiales muestran cierta estabilidad. A escala nacional, esta tasa cayó del 20,9% al 18,3%.
Al analizarla por edades, el indicador se mantuvo casi inalterado, salvo en el grupo de 35 a 44 años, donde se registró un aumento del 19,7% al 21,5%.