Talento infantil ecuatoriano
Tiene 11 años, aprendió a programar solo y creó un videojuego sobre sus perros: él es Dilan Chacha
Dilan Chacha, un quiteño de 11 años, creó el videojuego de terror La maldición de Max y escribió dos libros inspirados en un lamentable suceso a sus perros

Dilan Chacha, el niño ecuatoriano de 11 años, posa con uno de los libros que escribió.
Lo que debes saber
- Dilan Chacha es un niño quiteño que aprendió de forma autodidacta a programar en Unreal Engine y a crear modelos 3D en Blender para desarrollar su propio videojuego.
- En 2024, sus perros Hachi y Rex murieron envenenados el mismo día, una experiencia que dio origen a La maldición de Max.
- La saga incluye libros y un videojuego de terror con el que Dilan busca generar conciencia y destinar futuras ganancias a refugios de animales.
La muerte de sus dos perros llevó a Dilan Chacha a crear La maldición de Max, una saga de libros y un videojuego de terror desarrollado por él mismo para concienciar sobre el maltrato animal. De forma autodidacta aprendió programación y modelado 3D, y ahora trabaja en ampliar su universo narrativo con la meta de destinar futuras ganancias a refugios de animales y convertir su historia en un mensaje de empatía.
Todo ocurrió en 2024, cuando Hachi y Rex, los dos perros de Dilan, murieron el mismo día. El niño se enteró de la tragedia por una llamada que recibió su padre y, hasta la fecha, se desconoce quién fue el responsable del hecho.
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"Ellos murieron envenenados", relató Dilan. El episodio lo afectó profundamente: según contó su madre, Liseth de la Cruz, el rendimiento escolar del niño bajó tras la pérdida de sus mascotas.
De ese dolor nació La maldición de Max, un proyecto que hoy incluye dos libros publicados, un tercero en desarrollo y un videojuego de terror que Dilan programa por su cuenta.

Portada del videojuego 'La maldición de Max', desarrollado por Dilan Chacha.
Por qué eligió el terror para hablar de maltrato animal
Dilan explicó que eligió el terror como género central para generar una reacción emocional fuerte en quienes maltratan a los animales. "Para que los humanos sientan miedo, para que no maltraten a los perros y que convivan mejor con ellos, porque a nosotros no nos hacen daño los perros, pero nosotros sí le hacemos daño a ellos", dijo.
El proyecto también tiene un factor solidario y es que Dilan planea repartir las eventuales ganancias del videojuego a refugios de animales. La decisión surgió, dijo, al ver casos de maltrato en su comunidad, como el de un perro al que le habían mutilado una oreja en el barrio Carcelén.

Captura de uno de los escenarios del videojuego "La maldición de Max", desarrollado en Unreal Engine.
De Max, el perro real; a Maxine, el personaje del juego
El protagonista canino de la historia lleva el nombre de Max, el perro que Dilan tiene actualmente y que ya cumplió tres años. En un inicio, Dilan pensó en titular su historia Los Hachis, en referencia a su primera mascota. La elección de Max como protagonista fue casi accidental: al diseñar al personaje, se equivocó de color y terminó dándole una apariencia blanco y negro que le recordó a su perro.

Max, la mascota actual de Dilan Chacha y protagonista de su saga de libros y videojuego.
La trama de terror y ciencia ficción creada por Dilan Chacha
La historia sigue a un protagonista que adopta a Max y se enfrenta a Sarah, una vecina que maltrata animales. El conflicto escala cuando Sarah ataca al perro, un hecho que marca el rumbo de la trama. Sin embargo, Max regresa a la vida gracias a una tecnología ficticia de nanogeneración, lo que transforma su apariencia y da origen a una nueva versión del personaje, que pasa a llamarse Maxine.
A la historia se incorporan Emma, una veterinaria que se convierte en aliada del protagonista; Daniel, un periodista que ayuda en la investigación; y Hachi y Rex, los otros dos perros de la saga. Juntos descubren que detrás de los casos de maltrato existe un consorcio dedicado a la experimentación con animales.

El jugador utiliza una linterna para explorar las zonas oscuras del videojuego.
Dilan trabaja actualmente en el tercer libro, con el que planea cerrar la trilogía y en el que aparecerán dos nuevos personajes vinculados al pasado de Sarah.
"Es como una especie de animalito muerto que también está vivo. Está como en ese trance", explicó Dilan al describir el estado de Maxine tras revivir.
Cómo es jugar La maldición de Max
El videojuego, desarrollado en Unreal Engine, incluye mecánicas de caminar, correr, agacharse, recoger objetos con física realista y abrir puertas. También cuenta con una linterna para explorar zonas oscuras y acertijos que requieren cálculos matemáticos, como ajustar un circuito a un voltaje exacto para abrir puertas.
Otro de los desafíos consiste en recolectar tanques de combustible para desbloquear un paso. El juego incluye además pasillos y cuartos falsos: si el jugador entra en ellos, Maxine aparece de forma repentina (un recurso de sustos conocido como jumpscare) y el jugador debe repetir el tramo desde el último punto guardado.

Interfaz del videojuego 'La maldición de Max', desarrollado por Dilan Chacha en Unreal Engine.
Cómo aprendió a programar sin ayuda de un adulto
Dilan no ha recibido formación técnica formal. Aprendió a usar Unreal Engine, con el que programa el videojuego, y Blender, con el que modela en 3D a los personajes, viendo tutoriales en YouTube y TikTok.
Su acercamiento a la tecnología comenzó a los ocho años, cuando su tía le enseñó a usar una computadora. Desde entonces, según su madre, el interés no dejó de crecer. "La verdad, yo me di cuenta a sus ocho años que él tenía interés en la tecnología", contó Liseth de la Cruz.

Dilan Chacha trabajando en el desarrollo del videojuego.
El mayor reto técnico: el sistema de guardado
El desarrollo no estuvo libre de obstáculos. Dilan contó que el mayor desafío fue programar el sistema de guardado de partida, que le tomó cerca de un mes resolver por errores en la configuración de nodos (bloques de programación visual que Unreal Engine usa para dar funciones al juego).
"Tuve que buscar un montón de tutoriales en YouTube. Me tardé otro mes haciendo ese sistema. Y al final ya me di cuenta que eran otros nodos, porque hay unos nodos, digamos, que tienen nombres iguales, pero sirven para diferentes cosas; de ahí ya funcionó", explicó.

Vista nocturna de uno de los escenarios del videojuego, ambientado en un complejo abandonado.
Dilan también mencionó que perdió parte del mapa del juego cuando un fallo dañó la partida, aunque logró recuperarlo gracias a una copia de seguridad. Actualmente sigue ajustando el sistema de huesos (rigging) del modelo 3D de Maxine, que en ocasiones se deforma durante la animación.

Diseño del personaje Maxine dentro del videojuego 'La maldición de Max'.
Qué quiere que sientan quienes jueguen y lean su historia
Sobre el videojuego, Dilan dijo que espera que los jugadores sientan suspenso y terror durante las persecuciones, además de tener que resolver acertijos que, según explicó, ayudan a mantener la mente activa. Sobre los libros, espera que los lectores sientan una mezcla de terror, acción y aventura, con algo de miedo, pero de una forma que aún así resulte agradable de leer.
Planes a futuro: más libros y un segundo capítulo
Además de terminar la trilogía y evaluar el lanzamiento del segundo capítulo del videojuego, Dilan tiene pensado escribir libros adicionales centrados en Hachi y Rex, dos de los personajes secundarios de la saga, cada uno con su propia historia por separado.
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El testimonio de Liseth de la Cruz, madre de Dilan
La mamá de Dilan decidió apoyar el interés de su hijo por la tecnología sin imponerle otros caminos. "Mi papel es apoyarlo en lo que está haciendo y buscar las herramientas para que siga creciendo y desarrollando aquello que realmente le apasiona. Como padres, no debemos imponerles una profesión o un camino que nosotros quisiéramos para ellos, sino acompañarlos en lo que ellos desean ser", dijo.

Dilan Chacha junto a su madre, Liseth de la Cruz, y su perro Max, protagonista de su historia.
Liseth también destacó la importancia de mantener comunicación abierta con Dilan sobre lo que hace en internet, en un contexto en el que recalca, existen personas que buscan hacer daño a través de la tecnología. "Siempre he estado pendiente de lo que hace y revisando en qué ocupa su tiempo. Creo que es importante darles confianza a los hijos para que no se guarden las cosas y puedan hablar con nosotros con tranquilidad. Eso es lo que intento hacer con mi hijo, para que me cuente de todo. Como dice el dicho, prefiero enterarme por boca de él antes que por otras personas", señaló.
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Sobre el cambio que notó en su hijo tras iniciar el proyecto, De la Cruz recordó que Max no fue comprado, y que aunque tener un perro en un departamento no siempre era sencillo, la decisión terminó ayudando a Dilan a superar la pérdida de sus otras mascotas. "Después ya fue fluyendo la autoestima, ya fue subiendo. O sea, ya él se sintió mejor. Fue muy diferente", contó.