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Diario Expreso Ecuador

Robots vs. choferes de buses: el día que quise que la IA maneje en Guayaquil

Opinión | Una experiencia en el tráfico evidencia un problema de fondo: cuando falta control humano, la inteligencia artificial empieza a parecer una mejor idea

El mercado de autos autónomos crecería más del 40 % anual y pasaría de 2.300 millones a 38.800 millones de dólares hasta 2032, según Fortune Business Insights.

El mercado de autos autónomos crecería más del 40 % anual y pasaría de 2.300 millones a 38.800 millones de dólares hasta 2032, según Fortune Business Insights.Generada con ChatGPT

Giannella Espinoza

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La escena de hoy refleja algo que se ha vuelto cotidiano: conducir mal ya no sorprende, se tolera —y no debería—. Así, cuando el factor humano pierde control y responsabilidad, cualquier sistema que respete reglas mínimas empieza a parecer una mejor opción.

Siempre he defendido que la inteligencia artificial no va a reemplazarnos. Que, por más avanzada que sea, hay decisiones humanas que no se pueden delegar. Pero hoy, en medio de una tarde cualquiera de tráfico en Guayaquil, voy a hacer una excepción.

Ojalá sí reemplace a unos cuantos. Y a uno en especial.

Iba manejando sin haber dormido, después de una madrugada entera trabajando en el lanzamiento de una nueva web. Solo quería llegar a casa. Como todos. Y entonces apareció: la línea 0663, en Urdesa.

No dejó de pitar ni un segundo.

No importaba si estaba atrás mío, al lado o en un semáforo en rojo. El motor rugía como si empujara al resto de carros. Como si la vía fuera una competencia. Como si cada segundo perdido fuera una ofensa personal. Y ahí es donde lo único que se me ocurre es desear que la IA lo reemplace. Y pronto.

El error humano es la principal causa de siniestros viales; sistemas autónomos prometen reducir riesgos al eliminar distracciones y reacciones impulsivas al volante.

El error humano es la principal causa de siniestros viales; sistemas autónomos prometen reducir riesgos al eliminar distracciones y reacciones impulsivas al volante.Imagen generada con IA

Conducir no es competir

Porque no es solo manejar. Es tener una licencia. Es haber pasado por un proceso. Es entender —o al menos eso creemos— que conducir implica una responsabilidad básica: la vida propia, la de los que van al lado… y la de quienes llevas dentro.

Podría haber una explicación económica detrás. Tal vez sí. Tal vez hay presión, cuotas, tiempos imposibles. Pero la calle no distingue razones. Y los demás tampoco tenemos por qué pagar esa urgencia.

Todos estamos apurados. Todos queremos llegar. Todos venimos de un día pesado. Pero eso no te da derecho a convertir la vía en un campo de batalla.

La frialdad que sí protege

Una IA, en cambio, no compite. No se desespera. No necesita “ganarle” a otro bus ni recuperar segundos a punta de bocinazos. Opera con reglas claras: respeta carriles, mantiene distancias, optimiza rutas sin poner en riesgo a nadie. No conduce con ego ni con apuro emocional. Conduce con datos, con límites, con un objetivo simple que aquí parece olvidarse: llegar bien.

Hoy, por primera vez, entendí algo incómodo: no es que la inteligencia artificial deba reemplazarnos… es que hay espacios donde sería mejor que lo hiciera.

Un sistema que no descarga su frustración en el resto. Un sistema que, al menos, entienda lo básico: que llegar no vale más que la vida.

Y sí, esta columna va dedicada a ese conductor. Porque si alguien debería ser reemplazado —aunque sea por hoy—, es él.

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