El poder femenino, la fortaleza de la Fundación YacuWarmi
La organización propone mejorar la conectividad ecológica y el manejo sustentable de un corredor comunitario en la Amazonía que abarcaría 140 mil hectáreas

La fundación opera bajo tres ejes: la gobernanza de los pueblos, la conservación y la bioeconomía.
Lo que debo saber
- La denominación de corredor ayudaría a que más de 20 comunidades accedan a financiamiento internacional.
- El proyecto se extendería desde Napo hasta Orellana.
- El 80% del equipo de YacuWarmi está compuesto por mujeres.
Katerine Centeno recuerda el desempleo que generó la pandemia de Covid-19 en el sector público ecuatoriano, impulsado por medidas como la fusión de la extinta Secretaría del Agua con el Ministerio de Ambiente, concretada el 4 de marzo de 2020, por ejemplo.
Jóvenes amazónicos con bachilleratos, tecnologías e incluso ingenierías y con afinidad hacia temas de conservación han quedado a la deriva en el mercado laboral a través de los años, con una cartera de ambiente que ha sufrido más modificaciones en gobiernos siguientes.
Eso fue en parte lo que motivó a Centeno a formar la Fundación YacuWarmi, que opera en la Amazonía. “Debe haber una forma de que todos los que estemos en esa situación podamos apoyarnos”, recuerda haber pensado en ese entonces.
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Una organización guiada por mujeres
“Las mujeres en particular tenemos ese reto, el machismo contra las que ocupamos puestos de liderazgo. Debe haber un espacio donde podamos sentirnos cómodas”, agrega.
En consecuencia el 80 % del equipo de YacuWarmi está conformado por mujeres, cuya presencia y visión es esencial para las operaciones de la entidad, según Centeno.
“Creemos en el liderazgo femenino. La empatía que sentimos hacia nuestros hogares es la misma que tenemos a nivel comunitario con nuestros bosques, nuestras familias, quienes compartimos este entorno”, dice.
Sus pilares de trabajo
YacuWarmi opera bajo tres ejes: la gobernanza de los pueblos, la conservación y la bioeconomía, este último enfocado hacia un desarrollo económico que sea consistente con los valores de conservación.
Actualmente la organización trabaja en territorios de la nacionalidad Kichwa y del pueblo Quijos, que deciden si quieren formar parte de las iniciativas de la fundación mediante asambleas, que tienen lugar tras un proceso de socialización.
Un ejemplo es el proyecto del Corredor de Conectividad Comunitario, Herencia Ancestral y Bioeconomía Colonso-Antisana-Sumaco-Galeras, que combina propuestas de manejo del territorio con restauración ambiental y actividades sustentables para que las poblaciones indígenas tomen un rol protagónico en el desarrollo de sus comunidades.

El trabajo con las comunidades es esencial para la fundación.
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Trabajo en territorio
Alejandra Feijoo, técnica de la fundación, explica que el corredor comunitario abarcaría más de 140.000 hectáreas e involucraría a más de 20 localidades de dos nacionalidades, Kichwa y Quijos. Iría desde el cantón Archidona, en Napo, hasta Loreto, en Orellana.
El primer paso del plan fue consultar a los moradores si querían formar parte de la iniciativa. El proceso de socialización consistió en explicar que es una figura de gestión y no implica perder territorio.
“Ahora al llamarlo corredor queremos que las comunidades tengan acceso a financiamiento internacional y empezar a postular a los distintos fondos disponibles (...). Sabemos que hay que conservar, pero también tenemos que trabajar”, señala.
Otro componente del programa es un diagnóstico de zonas aptas para restauración ecológica, como esfuerzos de reforestación. Para ello es importante el conocimiento de los habitantes, cuyo entendimiento de su entorno enfoca las decisiones.
Un ejemplo es el plan técnico de monitoreo de Tapirus pinchaque, el tapir andino, considerado un animal bandera de la región.
Este tipo de especies, normalmente aves o mamíferos grandes, suelen ser de interés para organismos internacionales de financiamiento ambiental como el Fondo de Alianzas para los Ecosistemas Críticos, que ya provee a YacuWarmi con recursos necesarios para sus operaciones.
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Definir qué especies viven en el corredor, entonces, es importante para asegurar el interés internacional en la zona, tanto de científicos como de organizaciones privadas y públicas.
La iniciativa del corredor también contempla la creación de dos áreas OMEC (otras medidas efectivas de conservación), una categoría de conservación, en San José de Payamino y en territorios de la Asociación de Comunidades Kijus.
Esta denominación no les daría la condición de áreas protegidas, pero ayudaría a asegurar el manejo colectivo de la zona y mejorar la conectividad ecológica.
Trabajo comunitario
La conexión con los pueblos indígenas es un pilar del trabajo de YacuWarmi. Una de las barreras a superar es la del lenguaje, pues los técnicos de la fundación son mestizos.
Edgar Andy, miembro del pueblo Kichwa de Santa Rita, ubicada en Napo, ayuda a superar ese obstáculo en su función como nexo entre la organización y los líderes de su localidad.
“Tener un promotor que sepa la lengua materna ha hecho que le tengan más confianza a la fundación”, destaca.
Antes de que los habitantes se acojan a cualquier propuesta de una organización no gubernamental como YacuWarmi, Andy explica que la iniciativa debe pasar primero por un Concejo de Gobierno Comunitario para luego ser debatida.

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“Ahí se ve el beneficio que van a traer para la comunidad”, dice.
La labor de YacuWarmi, agrega, ha ayudado a tecnificar el manejo de las plantaciones del cacao y de la protección de la selva, algo que venían haciendo por generaciones, pero de forma empírica.
“Ahora que han venido las fundaciones nos han aclarado cómo realizar todo esto de forma técnica”, describe.
No obstante, Andy ve carencias en su localidad: no tienen la maquinaria necesaria para procesar el cacao y producir chocolate artesanal, por ejemplo. “Ese es uno de nuestros sueños”, indica.