Científica ecuatoriana investiga en Mayo Clinic de Florida una terapia contra el cáncer cerebral
La ecuatoriana María José Ulloa desarrolla en Mayo Clinic una terapia celular experimental para combatir el glioblastoma y mejorar la vida de pacientes

Investigadora ecuatoriana realiza ensayos en laboratorio de Mayo Clinic.
Dejó Ecuador a los 19 años para estudiar en España y, tras una estancia internacional que cambió de rumbo por la pandemia, llegó a Mayo Clinic, en Florida. Actualmente, la científica ecuatoriana María José Ulloa Navas investiga una terapia celular experimental contra el glioblastoma, considerado uno de los tumores cerebrales más agresivos y difíciles de tratar.
Su proyecto busca modificar células del sistema inmunitario para que puedan reconocer y atacar tanto las células cancerosas como el entorno que favorece el crecimiento del tumor. La investigación todavía se encuentra en una fase preclínica y no representa una cura disponible para los pacientes.
El trabajo recibió un impulso del National Cancer Institute (NCI) de Estados Unidos, que le otorgó una financiación superior al millón de dólares durante cinco años. El respaldo permitirá desarrollar la terapia y prepararla para una eventual evaluación en seres humanos.
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De Ecuador a España para estudiar las enfermedades humanas
Ulloa comenzó la carrera de Medicina en la Universidad San Francisco de Quito, pero descubrió que el contacto directo con el sufrimiento de los pacientes le resultaba emocionalmente difícil. Aunque decidió apartarse de la práctica clínica, mantuvo su interés por comprender las enfermedades.
“Soy una persona muy empática y no podía separar lo que era el paciente de lo que era mi vida. Quería hacer algo diferente”, explicó en una entrevista con EXPRESO.
La ecuatoriana encontró en la Universidad de Valencia, en España, un programa de Bioquímica y Ciencias Biomédicas enfocado en el estudio de las enfermedades humanas. Después de enviar numerosos correos para solicitar su admisión, fue aceptada y dejó Ecuador en 2011.
Tenía 19 años y debía adaptarse a una nueva cultura, otro sistema educativo y una vida alejada de su familia. La distancia también significó perder momentos importantes: sus padres atravesaron enfermedades oncológicas y sus abuelos fallecieron mientras ella continuaba su formación en el extranjero.

Los abuelos comparten un momento familiar marcado por la distancia y la adaptación.
En Valencia conoció al investigador José Manuel García Verdugo, quien se convirtió en su mentor y despertó su interés por el cerebro. Ulloa trabajó en su laboratorio durante sus estudios de grado, maestría y doctorado, inicialmente en investigaciones relacionadas con los oligodendrocitos y la esclerosis múltiple.
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Una estancia temporal que la llevó a Mayo Clinic
Durante la etapa final de su doctorado, Ulloa debía realizar una estancia internacional de entre tres y cuatro meses. Su destino inicial era la Universidad de California en San Francisco, pero las restricciones vigentes durante la pandemia impidieron concretar el viaje.
A través de García Verdugo surgió la posibilidad de trabajar en Florida con el neurocirujano Alfredo Quiñones-Hinojosa, quien dirige un programa de investigación sobre cáncer cerebral en Mayo Clinic.
Lo que comenzó como una rotación temporal se convirtió en una nueva etapa profesional. La científica destaca que trabajar dentro de un hospital permite conectar de forma directa la investigación del laboratorio con las necesidades de los pacientes.
“Las muestras que analizamos vienen de los pacientes y vuelven a los pacientes. Lo que uno hace se ve reflejado en la vida de otras personas: va de la clínica al laboratorio y luego de la investigación regresa a la clínica”, señaló.
El programa cuenta con un biobanco que recibe y procesa muestras obtenidas durante cirugías. Según Ulloa, mantener esta estructura cuesta alrededor de 800.000 dólares anuales, sin incluir los experimentos ni los demás proyectos científicos.

El neurocirujano Alfredo Quiñones-Hinojosa durante una jornada académica.
¿Por qué el glioblastoma es tan difícil de tratar?
El glioblastoma se origina en las células gliales, encargadas de sostener y proteger a las neuronas. Su tratamiento resulta complejo porque no forma una masa completamente delimitada, sino que se extiende de manera difusa por el cerebro.
Además, las células que componen el tumor no son todas iguales. Esa heterogeneidad permite que una terapia elimine una población de células cancerosas, mientras otras sobreviven y continúan expandiéndose.
Otro obstáculo es la barrera hematoencefálica, una estructura que protege al cerebro e impide el paso de numerosas sustancias. Esta barrera también dificulta que los medicamentos administrados por vía oral o intravenosa lleguen al tumor en concentraciones suficientes.

Investigación científica sobre glioblastoma en laboratorio especializado.
El tratamiento convencional consiste en cirugía, quimioterapia y radioterapia. Sin embargo, Ulloa explicó que el tumor reaparece en casi todos los casos y que la supervivencia media se mantiene alrededor de los 15 meses después del diagnóstico.
“Lo primero que buscamos es extender la vida y mejorar la calidad de vida de los pacientes. Nuestro objetivo más ambicioso sería poder curarlos, pero todavía estamos en una fase preclínica”, puntualizó.
Células inmunitarias modificadas para atacar el tumor
La investigación de Ulloa trabaja con células CAR-T y linfocitos infiltrantes de tumor. En términos sencillos, los científicos extraen linfocitos T —células del sistema inmunitario capaces de destruir virus y tumores— y utilizan ingeniería genética para ayudarlos a reconocer el cáncer.
Una de las particularidades del proyecto es que algunos linfocitos se obtienen directamente del tumor del paciente y no únicamente de su sangre. Como estas células ya estuvieron expuestas al glioblastoma, pueden reconocer una mayor variedad de características del tumor.
El problema es que llegan “agotadas” y han perdido parte de su capacidad de respuesta. Ulloa desarrolla tecnologías para rejuvenecerlas, mejorar su metabolismo y añadirles receptores que les permitan atacar las células cancerosas.
La terapia también busca actuar contra el microambiente tumoral: las células y condiciones que rodean al glioblastoma y que pueden ayudarlo a crecer o bloquear la respuesta del sistema inmunitario.
“Podemos atacar el tumor y su microambiente, además de responder a la heterogeneidad que presenta”, explicó la investigadora.
Actualmente, los ensayos se realizan con cultivos celulares, modelos animales y organoides, pequeñas estructuras que reproducen algunas características de los tumores. Estos estudios deberán demostrar que el tratamiento es eficaz y seguro antes de probarse en personas.
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Llegar a pacientes requeriría millones de dólares
El siguiente objetivo es presentar las pruebas ante la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA). La evaluación de la eficacia, la seguridad y el diseño de un eventual ensayo clínico podría tomar aproximadamente dos años.
Una primera prueba con entre 18 y 20 pacientes podría costar entre 20 millones y 50 millones de dólares, según Ulloa. Para financiarla sería necesario atraer a compañías farmacéuticas u otros inversionistas dispuestos a asumir el riesgo de respaldar una terapia experimental.
La científica advierte que superar la fase preclínica no garantiza que un tratamiento llegue al mercado. Un efecto adverso grave podría detener el estudio. No obstante, en una enfermedad con una supervivencia tan reducida, conseguir algunos meses adicionales con una mejor calidad de vida ya constituiría un resultado significativo.
El camino hacia su propio laboratorio
El apoyo económico concedido por el National Cancer Institute está dividido en dos etapas. Durante la primera, Ulloa continuará trabajando bajo la dirección del laboratorio de Quiñones-Hinojosa. Posteriormente podrá pasar a una fase independiente, conocida como R00.
“Se seleccionan muy pocas personas que tengan capacidades para dirigir su propio laboratorio y desarrollar una línea de investigación”, afirmó.
Su propósito es mantener el enfoque en las terapias celulares contra el glioblastoma y estudiar fármacos que puedan aumentar su eficacia. Para Ulloa, ese paso significaría construir su propio equipo y tomar decisiones independientes sobre la dirección de sus proyectos.
Aunque asegura que le gustaría regresar a Ecuador, considera que el país todavía no dispone de la infraestructura ni de la financiación necesarias para sostener investigaciones de esta magnitud.
“A mí me encantaría volver, pero no estamos al mismo nivel tecnológico y, sobre todo, no existe la financiación que se necesita”, sostuvo.
Desde Florida, Ulloa busca que su trabajo abra nuevas posibilidades para los pacientes y, al mismo tiempo, represente a Ecuador dentro de la investigación biomédica internacional.