"Muchas veces son un factor de riesgo más que uno protector": así influye la familia en la bulimia
Parte del tratamiento del paciente incluye una intervención a su círculo familiar, que supone educarlos sobre la condición

La bulimia consiste de un ciclo de atracones seguidos de conductas compensatorias, como vómitos y ejercicio excesivo.
Lo que debes saber
- Las mujeres son más propensas a desarrollar bulimia que los hombres.
- Vigilar y castigar a los pacientes no es productivo, según expertos.
- Existen organizaciones de apoyo e insumos para las familias de afectados por trastornos de conducta alimentaria.
Mayra (nombre protegido), de 27 años, solía bajar a su cocina por las noches a escondidas de su madre cuando era adolescente.
Recuerda que comía todos los postres que encontraba, cortesía de su abuela, fanática de los dulces. Luego, impulsada por un sentimiento de culpa, subía al baño de su cuarto y vomitaba, intentando que las calorías ingeridas no afecte su peso.
Su familia dejó de comprar golosinas, pero Mayra continuó su ciclo de atracones y purgas de todas formas.
Eventualmente su mamá buscó ayuda profesional. Le diagnosticaron bulimia nerviosa, un trastorno de la conducta alimentaria (TCA) que puede ocasionar graves consecuencias.
Aunque Mayra ha logrado controlar su condición, admite que su relación con la comida todavía no es la mejor.
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Karla Pincay, psicóloga del departamento de Bienestar Universitario de la Universidad Casa Grande, explica que la bulimia es un TCA que se caracteriza por episodios de “ingesta desproporcionada” en los que el afectado cree que pierde el control de sí mismo.
Luego vienen las “conductas compensatorias desadaptativas”. Estos comportamientos incluyen realizar ejercicios excesivos y tomar laxantes, además de inducirse el vómito.
“La persona restringió tanto su alimentación durante el día que después rompen esa restricción debido a que el cuerpo pide comida. Luego, en consecuencia se siente culpable o frustrada porque piensa que va a subir de peso. Entonces toma laxantes y hace cuatro horas de cardio en vez de dos. Ahí viene el ciclo de la bulimia”, señala Pincay.
De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud, 16 millones de personas a nivel global tenían un TCA en 2021, 3,6 millones de ellos niños y adolescentes, representando un problema planetario.
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Señales de alerta
Los pacientes bulímicos suelen tener un peso adecuado o mayor al idóneo, a diferencia de los que padecen de anorexia. Esto hace que sea más difícil detectarlos.
Algunos síntomás más confiables son el conteo de calorías y pesar los alimentos, además de indicios de problemas de salud mental como ansiedad, estrés o tristeza.
“Las reglas alimentarias rígidas también son un síntoma: únicamente comen ensalada de desayuno, almuerzo y merienda, o realizan ayunos de más de ocho horas”, dice.
Desde una perspectiva médica, irregularidades gastrointestinales como reflujo y dolores abdominales, arritmias y complicaciones dentales podrían indicar bulimia.
“El ácido gástrico genera una erosión del esmalte, se generan caries y sensibilidad”, indica, agregando que el tratamiento del trastorno no solo debe involucrar a los pacientes sino a sus parientes.
Intervención familiar
El tratamiento y la recuperación de un individuo con esta aflicción requiere que los profesionales de salud mental trabajen con las familias.
“Si el círculo cercano tiene muchas creencias que no están alineadas al proceso de acompañamiento, es importante trabajarlas” mediante la psicoeducación, dice Pincay.
Esto consiste en invitar a los allegados a que conozcan la sintomatología del trastorno y se acerquen a cómo vive el paciente del TCA.
Son justamente las actitudes y forma de crianza de los padres, abuelos y tíos, por ejemplo, los que son capaces de moldear la relación del afectado con la comida y con su imagen corporal de manera negativa desde temprana edad. Comprender esta dinámica es parte del procedimiento psicológico.
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Los padres de Mayra, por ejemplo, intentaron controlar sus conductas compensatorias, vigilándola. Esto no dio mayores resultados.
A su vez, ella recuerda que tanto su madre como su tía la presionaron durante su niñez y su adolescencia para que maneje su peso, comentando sobre su apariencia y hábitos.
Mudarse sola la ayudó a evitar este tipo de situaciones, mejorando su salud mental.
“La familia debe entender que vigilar, castigar y presionar no va a resolver el problema. Esto lo veo mucho como una adicción, la familia no puede ni dormir por estar pendiente. El TCA no afecta solamente a quien lo vive, también al entorno. Cada uno de ellos está descubriendo lo que significa ayudar, y no todos tienen los recursos para sostener (...). Muchas veces la familia es un factor de riesgo más que uno protector”.
Parte del trabajo es que los padres y madres no invaliden los sentimientos de sus hijos respecto a su relación con los alimentos: esto genera culpa en un paciente con un trastorno que altera la percepción de sus cuerpos.
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Según FEAST, una organización internacional sin fines de lucro que apoya a los familiares de estos pacientes, compartir una merienda puede constituir una herramienta poderosa para la recuperación. A la vez, esta experiencia puede resultar complicada para quienes enfrentan estas condiciones, pues pueden sentirse invalidados, lo que perpetúa el ciclo del trastorno.
Por eso la entidad recomienda que el núcleo familiar mantenga una disposición calmada, además de proveer un ambiente tranquilo y comer en horarios consistentes.
Encargarse del emplatado y las porciones es esencial, pues es en este último aspecto donde los TCA tienen fuerza. Incluir comidas que el ser querido solía restringirse, como carbohidratos y dulces, es recomendable para el proceso de recuperación del paciente.