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Hilda Reyes: la modelo plus size que rompe prejuicios dentro y fuera de la moda
Profesional del turismo, creadora de contenido y modelo, convierte sus propias experiencias en un discurso sobre autoestima y nuevas oportunidades.

Hilda reivindica una moda en la que el estilo no tenga que pedir permiso a ninguna talla.
Lo que debes saber
- Su experiencia revela las dificultades que todavía enfrentan las mujeres plus size para encontrar ropa, representación y oportunidades dentro de la industria ecuatoriana.
- Tras abrirse camino como modelo y creadora de contenido, Hilda busca llevar su trabajo a nuevos mercados y ya ha realizado castings en Estados Unidos.
- Hilda defiende que en el ámbito laboral las personas deberían ser valoradas por quiénes son y por sus capacidades, no por su talla.
Hilda Reyes no habla del amor propio desde una versión romantizada de la aceptación. La suya es una historia con altibajos, literalmente. Ha bajado de peso, ha vuelto a subir, ha seguido dietas, ha entrenado, ha sentido ansiedad y hasta llegó a tener listos los exámenes para someterse a una cirugía bariátrica.
Pero también ha aprendido algo más difícil: no convertir su cuerpo en un tema de comparación. “No compararme con las demás mujeres. Creo que eso es fundamental”, dice. Y en esa frase cabe buena parte de la mujer que es hoy: modelo plus size, licenciada en Turismo y Hotelería, trabajadora del sector público y creadora de una comunidad digital que encontró en su manera de vestir, bailar y mostrarse una forma de representación.
El modelaje llegó casi por accidente, después de que una tienda la invitara a probarse algunas prendas y alguien detectara en ella “un ángel especial”. Hilda jamás había imaginado terminar frente a una cámara ni mucho menos recibir propuestas de marcas para modelar ropa, lencería o prendas deportivas. Sin embargo, lo que comenzó como una experiencia casual terminó abriéndole un espacio en una industria en la que, durante años, sintió que cuerpos como el suyo no tenían demasiadas opciones.
Recuerda entrar a tiendas cuando era más joven y escuchar que para ella no había talla; “incluso llegaron a enviarme a la sección de maternidad”, cuenta. Hoy, en cambio, utiliza la ropa para hacer exactamente lo contrario a esconderse: mostrar sus curvas y disfrutar aquello que durante mucho tiempo le hicieron sentir que debía disimular.
Su relación con el cuerpo, sin embargo, está lejos de ser lineal. Hay días buenos y otros en los que la inseguridad todavía aparece. También están los comentarios en redes, los hombres que fetichizan a las mujeres de su talla, los prejuicios laborales y una sociedad que sigue creyendo que un cuerpo ajeno es territorio público para opinar. Hilda ha decidido responder desde otro lugar. “Es bueno ponerse a llorar; lo malo es estancarse y no poder avanzar”, reflexiona.
Por eso su mensaje es más realista, y quizá por eso más poderoso: "cuidarse, vestirse, enamorarse, y ocupar un espacio laboral no deberían depender nunca de una talla”.
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La vida en sus curvas
¿Recuerda algún momento en particular en el que haya decidido bajar de peso?
Es algo que ha ido variando a lo largo de mi vida. La primera vez fue cuando iba a cumplir 15 años. Estaba la ilusión del vestido, la fiesta. Después, alrededor de 2004, hice un tratamiento y bajé cerca de 60 libras. Pero poco tiempo después mi papá enfermó. Prácticamente vivíamos entre la casa y el hospital y ahí la ansiedad apareció y subí el doble de lo que había bajado. Después he tenido otras etapas. En 2023, por ejemplo, bajé cerca de 60 libras. Hoy estoy en 250 libras y me gusta la mujer que veo en mi espejo.
¿Hubo un momento en el que consideró someterte a una cirugía para bajar de peso?
Sí. Llegué a hacerme todos los exámenes necesarios para entrar al quirófano: estudios del corazón, endoscopía y todo lo que me habían solicitado. Prácticamente faltaba entregar los resultados para que el doctor me dijera cuándo me operaba. Pero una noche tuve un sueño con mi papá. Él ya había fallecido y en el sueño estaba frente a mí diciéndome: “No te operes”. Y así lo hice.
¿Qué alternativas buscó después de decidir no operarse?
Comencé a buscar otras opciones para cuidarme y bajar de peso sin tener que entrar a un quirófano. Empecé a pagarle a un entrenador para hacer ejercicio desde mi casa y también contraté por un tiempo esos servicios que te llevan las comidas preparadas según una dieta.
TikTok también se ha convertido en un espacio importante para usted.
Sí, en TikTok tengo alrededor de 21 mil seguidores. Preparo temas para los ‘live’: relaciones, qué nos ayuda a seguir adelante, situaciones cotidianas… Es casi como sentarme a conversar con la gente.
¿Qué busca transmitirles a sus seguidores?
No pretendo convertirme en un ícono para que otras personas me sigan, sino llegar a mujeres de la misma manera en que, en algún momento, otras mujeres pudieron llegar a mí. Quiero que puedan desenvolverse por ellas mismas, que no vivan tan acomplejadas y que entiendan que también podemos alcanzar cosas que alguna vez soñamos o que ni siquiera imaginamos posibles.
Pero en las redes también suele haber mucho ‘hate’…
Sí, muchísimo. A veces la gente opina porque es gratis y no piensa en la reacción que puede generar al otro lado de una pantalla. Una vez subí un video bailando y alguien escribió algo muy fuerte, comparándome con una ballena. Incluso una tienda plus size salió a cuestionar por qué todavía exista ese nivel de discriminación hacia las personas con exceso de peso.
¿Cómo enfrenta actualmente ese tipo de comentarios?
Hay una frase que siempre digo: “Es bueno ponerse a llorar; lo malo es estancarse y no poder avanzar”. Creo que resume bastante cómo manejo mi vida. Hay días buenos, hay días malos, pero hay que seguir avanzando.
¿Qué cree que le falta todavía a la moda plus size para consolidarse en Ecuador?
Creo que falta que las tiendas tengan más confianza en esta comunidad. Son poquísimas las marcas que realmente apuestan por este grupo. También falta entender realmente qué es una talla plus. A veces creen que una talla plus es simplemente una L o una mujer con un poco más de cadera o de piernas, cuando estamos hablando también de tallas 16, 18 o 20, como se manejan en Estados Unidos.
Después de todo lo que ha vivido, ¿qué tiene claro hoy sobre la relación entre el cuerpo y las oportunidades?
Que el estilo no depende de una talla. Depende cómo se construye. Y el acceso laboral tampoco debería depender del cuerpo de una persona, sino de sus capacidades. Muchas veces es la sociedad la que nos hace creer lo contrario.

Hilda lleva sus curvas a la pasarela con actitud y estilo.
Mirada internacional
Durante años, Estados Unidos fue para Hilda el lugar donde encontraba aquello que escaseaba en Ecuador: variedad, diseño y tallas realmente pensadas para cuerpos plus size. “Me acostumbré a comprar ropa allá; incluso compraba bastante y ya tenía prendas para prácticamente todo el año”, recuerda. Esa experiencia también le permitió mirar de cerca un mercado donde la moda curvy tiene un espacio mucho más desarrollado.
Hoy quiere conocerlo desde el otro lado. Hilda ya ha viajado a Estados Unidos para presentarse a castings de marcas y continúa buscando oportunidades que le permitan internacionalizar su faceta como modelo. Todavía está tocando puertas, pero tiene claro que su siguiente paso puede estar fuera del mercado local.