Hacer el bien sin esperar recompensa: esto dice la ciencia
Una película planteó una sencilla dinámica de favores; años después, distintas investigaciones encontraron pistas sobre cómo la bondad influye en el bienestar

La generosidad y la ayuda mutua fortalecen las emociones positivas
Lo que debes saber:
- Los actos de bondad mejoran el bienestar emocional de quien los realiza, aumentando las emociones positivas y reduciendo las negativas.
- Ayudar a otras personas también puede influir en quienes reciben la ayuda, generando emociones positivas.
- La generosidad puede integrarse en la vida cotidiana como un hábito, y pequeñas acciones pueden contribuir a crear cadenas de ayuda.
Hace más de dos décadas, una película convirtió una idea sencilla en una propuesta capaz de conmover: ¿qué ocurriría si una persona recibiera un favor y, en lugar de devolverlo, ayudara a otras tres? Esa es la premisa de Cadena de favores (Pay it forward), estrenada en 2000.
Un niño intenta convertir la tarea de su profesor en una cadena de buenas acciones. La historia es ficción, pero la pregunta que plantea tiene un lugar interesante en la psicología: ¿qué sucede dentro de las personas cuando dan, reciben y comparten un gesto de generosidad?
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La ciencia ofrece algunas respuestas. Una de las investigaciones más cercanas a la propuesta de la película fue realizada por Pressman, Kraft y Cross y publicada en 2015 en The Journal of Positive Psychology. Se trata de tres psicólogos especializados en el estudio de las emociones positivas y el bienestar.
Su trabajo se enmarca dentro de la psicología positiva, un campo que investiga qué factores contribuye a que las personas se sientan mejor y funcionen de manera más saludable. El estudio reunió a 83 estudiantes universitarios que realizaron actos de bondad durante hora y media. Los resultados mostraron una mejora en el afecto positivo y una reducción del afecto negativo entre quienes realizaron las acciones.
La experiencia también alcanzó a quienes recibieron esos gestos. Los investigadores observaron más sonrisas entre los receptores y encontraron señales de que algunos se sintieron motivados a repetir la conducta. En el seguimiento, varios participantes expresaron su disposición a realizar un acto similar.
En 2018, John Curry -un psicólogo social - y sus colaboradores analizaron 27 estudios experimentales con 4.045 participantes. Su metaanálisis encontró un efecto pequeño a moderado de los actos de bondad sobre el bienestar de quienes los realizan. El resultado aporta una perspectiva interesante: un gesto pensado para otra persona puede tener un impacto emocional en quien lo ofrece.
Por su parte, Kennon Sheldon y Sonja Lyubomirsky, dos de las figuras más influyentes en la psicología del bienestar, han estudiado las actividades intencionales relacionadas con la felicidad y plantean que ciertas prácticas positivas pueden incorporarse de manera deliberada a la vida cotidiana. La generosidad puede entrar en ese grupo de acciones que adquieren mayor sentido cuando forman parte de hábitos y decisiones personales.
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Dar también es recibir
La psicóloga clínica Andrea Salmón explica que la generosidad puede aportar bienestar, pero también invita a mirar qué hay detrás de cada gesto y cómo nos relacionamos con los demás.
“Pienso que en la intención y en cómo nos sentimos al hacerlo. Cuando la generosidad es saludable, buscamos contribuir al bienestar del otro. Pero cuando ayudamos por necesidad de aprobación, culpa o reconocimiento, puede ser que busquemos validar algo en nosotros, aliviar o sentir que somos necesarios o valorados”, señala.
Para Salmón, aprender a recibir también forma parte de una relación sana con los demás. “Usualmente pensamos mucho en lo importante que es dar, pero recibir también puede costar muchísimo. Hay personas que aprendieron desde pequeñas a resolver todo solas, a no molestar o a sentir que necesitar a alguien es una señal de debilidad. Otras sienten que, si reciben algo, inmediatamente quedan en deuda. Hay que darle a los otros la oportunidad de estar ahí para nosotros”.
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Ese equilibrio entre dar y recibir también puede fortalecer el bienestar emocional. “Porque somos seres sociales. Sentir que podemos aportar, acompañar o hacerle un poco más fácil el día a otra persona también nos conecta con un sentido de propósito y con los demás. En esos actos así sean pequeños, por un momento salimos de nosotros mismos y conectamos”.
La generosidad, entonces, puede ser una forma de cuidar, siempre que nazca del deseo de compartir y no de la necesidad de sentirse indispensable.
Formas de llevar la generosidad a la vida cotidiana
- Hacer un favor sin calcular el retorno: Ayudar con una tarea, escuchar a alguien o facilitar un trámite puede convertirse en un gesto significativo cuando surge de manera espontánea.
- Compartir tiempo: La generosidad también puede expresarse con presencia. Una conversación, una visita o unas horas dedicadas a otra persona tienen un valor especial.
- Continuar la cadena: Cuando alguien recibe un gesto amable, puede trasladarlo a otra persona. Así aparece la lógica de la película: el beneficio cambia de destinatario y continúa su recorrido.
- Dar espacio a la reciprocidad: Recibir también forma parte del vínculo. Aceptar ayuda, agradecerla y permitir que otra persona contribuya puede fortalecer las relaciones.