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William Ospina lucha contra el cambio climatico
El autor publicó ‘Parar en seco’, un ensayo sobre la naturaleza y el hombre. La obra analiza el avance de la humanidad

“Cuando en el mes de marzo de 2016 los diarios mostraron que se había blanqueado la barrera coralina de Australia, muchos en el mundo tuvimos la sensación de que la hora definitiva está llegando”.
Con ese espeluznante párrafo, el escritor colombiano William Ospina abre ‘Parar en seco’, su obra más reciente, publicada con la editorial Navona.
El ensayo lleva al lector por una travesía de la historia de la humanidad, un viaje que atraviesa los siglos, en el que analiza la evolución de la conciencia humana y la relación del hombre con la naturaleza a través de la mirada de personajes tan relevantes como Cristo, Buda, Diógenes, Platón y Hölderin, así como la relación entre ellos y las culturas que los adoraban.
Hasta ahí, el balance con la naturaleza es uno sostenible, uno equilibrado. Sin embargo, Ospina deja entrever cómo el progreso es también el inicio del declive del medio ambiente, mientras los poderes del mundo se han ido haciendo cada vez más autónomos, las democracias cada vez más sujetas a intereses particulares, y al interés particular de todos; el alto rendimiento.
Al respecto, el escritor es claro: o nos detenemos, o las consecuencias serán imparables y nos sorprenderán sin capacidad de respuesta.
“La era de la dominación estúpida y carente de escrúpulos de los humanos sobre la naturaleza podría dar lugar a una súbita mutación que vuelva a hacer de nosotros la más frágil de las especies. Y ello habrá ocurrido, asombrosamente, gracias a nuestro talento, nuestro saber y nuestra insuperable soberbia”, comenta.
El amor de Ospina por la naturaleza no es reciente. No nació en la adultez, o al ver los efectos del cambio climático sobre los polos. Nació en su precoz juventud con dos obras que lo marcaron: ‘La situación humana’ de Aldous Huxley y ‘La Ira de la tierra’ de Isaac Asimov y Frederick Pohl.
Estas, dice, lo impactaron no por las proyecciones a futuro del estado del planeta o el calentamiento global que hacían, sino por cómo se referían ya a los incalculables daños hechos hasta ese entonces (los años sesenta) por la humanidad, sobre todo a los océanos y a las especies en peligro de extinción.
“No es fácil decir cuándo comenzó el ser humano a ser consciente de sus propios maleficios... Lo sentimos en el clima, con veranos e inviernos cada vez más alterados, con el desplazamiento de los mapas vegetales, con la modificación de los nichos de las especies de plantas y de insectos, con el extravío de bandadas y cardúmenes, con la mutación de los virus y la amenaza creciente de las pandemias”.
Pero antes que provocar pánico al lector, ‘Parar en seco’ es quizás una advertencia, un clamor que este idealista espera que sea escuchado, sobre todo por las nuevas generaciones.
En la obra, que es de tan solo 69 páginas, el más fuerte de los pedidos del escritor, y el más urgente, es la renuncia a los combustibles fósiles y la adopción de energías limpias, proyectos que sí están en proceso, sobre todo en los países del primer mundo, pero no con la suficiente rapidez.
“Un planeta que durante milenios ha sido el escenario más propicio para la vida, para nuestra forma de vida, podría transfigurarse ante nuestros ojos en una morada inhóspita, de sol calcinante, de aire tóxico, de agua impotable, de pieles irritadas, de complicaciones respiratorias, donde los tejidos enloquezcan, los sentidos se alteren y los gérmenes escapen a todo control”, concluye.