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Vender parte de la compania la opcion de pocos, pero una clave para crecer
Vender acciones en bolsa para financiarse demuestra ser un mecanismo viable en el país, pero poco explotado

Años atrás pudo sonar hasta utópico. Abrir las puertas de una empresa para permitir que nuevos accionistas participen de ella resultaba inconcebible para negocios que se consideran netamente familiares. No obstante, esa es una percepción que ha venido cambiando y que hoy es una de las opciones que las compañías tienen para acceder a financiamiento y apalancar su crecimiento.
Estas empresas son conocidas como sociedades anónimas o de capital abierto. Las firmas que son un referente de ello y que quizás más se las recuerda son La Favorita o Tonicorp, pero lo cierto es que en el país, 46 compañías están dispuestas a compartir parte de su negocio.
Gabriel Rovayo, presidente de Codefe (EFQM)-Ecuador, entidad que fomenta la calidad empresarial y académica, cuenta que este modelo de trabajo tomó fuerza en los años 80, pero fue el economista Louis Orth Kelso que en un inicio propuso como alternativa de desarrollo económico y social la participación de los trabajadores en la estructura societaria de las compañías. “Una ideología que más tarde se la conoció como capitalismo popular”.
Rovayo habla de la funcionalidad que este modelo tendría en el país si es fomentado e incentivando en mayor medida, pues además de capitalizar a las empresas se ayudaría a impulsar el ahorro ciudadano, a incluir a la sociedad al mercado financiero y a reducir la brecha de desigualdad que existe.
El principal y más grande escenario que las empresas utilizan para vender y comprar acciones es el mercado bursátil. Eso ha permitido que esas 46 compañías de capital abierto inscritas en bolsa estén en manos de 40.286 personas.
Pero se trata de un mercado que aún está en pañales. Así lo explica Rodolfo Kronfle, presidente de la Bolsa de Valores de Guayaquil, entidad que ha implementado sus propias políticas para motivar la participación de pequeños inversionistas en este segmento de negocio. Entre ellas, cuenta, están las capacitaciones al público y la exoneración del cobro de comisiones a las operaciones en acciones de hasta los $500.
En el 2011, Francisco Alarcón aún se desempeñaba como presidente del holding Tonicorp. Entre sus acciones fue llevar a este grupo por primera vez al mercado de capitales, con el fin de crecer y tener mayor competitividad. “Hasta el 2014 (último año en que se desempeñó en el cargo) el 13% de las acciones se vendió y llegó a estar en ciento de manos. A esos accionistas también pudimos repartirles utilidades atractivas”, cuenta.
Para eso primero debieron poner la casa en orden y trabajar más en la transparencia de la información de la compañía, pues ser una empresa de capital abierto implica cumplir con regulaciones particulares “que protegen a los accionistas minoritarios que no tienen control ni tienen conocimiento de lo que sucede al interior de una compañía y que solo se guían por los estados financieros”.
El desarrollo de este nicho económico en el país, explica el ahora presidente de la Cámara de Industrias de Guayaquil (CIG), dependerá de cómo se lo fomente desde dos vías: “Se requiere que más empresas estén dispuestas a apostar por este modelo, pero que también haya más público dispuesto a comprar”. Esto último, explica, no se incentivará en mayor medida mientras esté vigente la tasa del 35% que el Gobierno gravó el año pasado a las ganancias que se obtengan por la compra y venta de acciones.
Lo ideal, apunta, es dejar que primero este mercado se desarrolle para de ahí en adelante taxarlo. Pensar en nuevas alternativas que ayuden al sector empresarial se vuelve primordial, sobre todo cuando se mira la fuerte competencia que se genera en un mercado exigente y globalizado.