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Tiempo de vacas flacas
En ganadería hay épocas en que escasean los pastizales por una conjunción de múltiples causas. El ganado empieza a enflaquecer a ojos vista y entonces hay que atender urgentemente aquello para evitar una catástrofe. Ese tiempo parece estar llegando, si no ha llegado ya, para el actual gobierno, que ya no puede escudarse más en las fallas, detectadas milimétricamente, de la administración anterior. Tiene, día a día, que hacer frente a sus propias responsabilidades, con un saldo que desgraciadamente para el país, no lo favorece.
La encuestadora Cedatos, que a través de los años se ha mantenido con un buen nivel de credibilidad, en su último sondeo da cuenta de que el 61,7 % de los ecuatorianos desaprueban la gestión del presidente Lenín Moreno frente a la aprobación de solo el 31,1 %. Gobernar es un arte difícil, un problema complejo que requiere adecuada preparación en el campo de la economía y la negociación internacional; una visión de estadista y reales condiciones de liderazgo. Pero la buena percepción y acierto del presidente al elegir a sus ministros secretarios de Estado, no han sido suficientes para impedir el tenaz deterioro de la actual situación económica: el desempleo y subempleo llegan a 21,1 %, lo que se agravará luego de pocas semanas con el anunciado recorte de 4.000 servidores públicos, a menos que el Fondo Monetario Internacional acceda a prestarnos ayuda bajo sus condiciones generalmente duras y antipopulares. Y esto cuando la inseguridad ciudadana ha aumentado frente a la flagrante inoperatividad de la policía, como ocurrió en el caso de Imbabura, en que se asesinó a puñaladas a una joven mujer delante de la Policía Nacional, que no se atrevió a disparar contra el agresor, pese al tiempo que tuvo de hacerlo ante el evidente peligro corrido por la joven víctima de la agresión. Omisión injustificable que las disculpas de la ministra del Interior no alcanzan desde luego a cubrir, y que añaden a los problemas existentes uno más, el de una policía mal preparada e incapaz de garantizar la seguridad ciudadana en tiempos violentos. Pero este es nuestro aquí y ahora, donde la acción de los poderes públicos se revela en su dura realidad, muy lejos del discurso de una vida armoniosa, proclamado al comienzo de su gestión.