Actualidad
Verdad, transparencia y confianza
Las sociedades en su gran diversidad, tiempo y circunstancia no son simplemente una totalidad de relaciones sociales y acciones humanas que reposan sobre una estructura socioeconómica, política y cultural. Comprenden un sistema de ideas, rituales y comportamientos que tejen la vida colectiva. Tienen tres aspectos que sustentan esa vida: la institucionalidad, las normas de la democracia y los principios del contrato social, que separan los poderes y que sobre todo la nutren y alimentan. En ellas la política, como principios y acción, siempre debe estar regida por valores éticos. Solo con ellos los líderes políticos pueden ofrecer a la ciudadanía verdad, transparencia y confianza.
La clave de la democracia está en contar con dirigentes, líderes y partidos que valoren la importancia de tener un comportamiento y accionar apegado a la verdad, a la transparencia y a la confianza. Estos tres términos son la triada fundamental que define la honestidad de los políticos. Sin ellos no hay respeto al país ni a la democracia.
Sin verdad y transparencia en la política y en la vida social no hay colectividad que tenga confianza en las reglas de la democracia, las leyes y la justicia. El caso Odebrecht sigue evidenciando hechos que no transparentan verdad y que no generan confianza. Eso es lo que hay que censurar de algunos políticos que quiebran la ética.
No puede un líder político o gobernante pedir credibilidad para él y su proyecto político si a cada paso salen a la luz pública mentiras, ocultamientos, trafasías y principalmente, pruebas evidentes de corrupción. Eso le quita transparencia al accionar de ellos, dejando ver huellas de inmoralidad y muestras de una política sin valores ni verdad. Así, cuando los organismos de control y tribunales no hacen un trabajo efectivo, se afecta y debilita la democracia como institución. En estas condiciones los ciudadanos pierden confianza en esos líderes, en los partidos y en sus propuestas programáticas.
El caso Odebrecht -y lo que sigue mostrando- hace necesario que los políticos implicados en esos hechos abandonen actitudes fariseas y dejen que la verdad, la justicia, la Fiscalía y los tribunales transparenten los hechos. Solo de este modo puede volver la confianza en ellos, en la institucionalidad y en las autoridades. Eso demandan y esperan la ciudadanía y el país, con urgencia.