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La trampa del oficialismo
A veces recuerdo a Nerón, que prefirió por pataleta de capricho o por atacar a sus enemigos, los cristianos, incendiar a Roma. Parece que el país, bajo el son de una lira, irreal o deliberadamente diseñada, arde en todos los bandos políticos.
Sin perjuicio de lo que pone cada bando, como recolectores de coimas, violaciones de ordenanzas colocando propagandas, audacia de candidatos de decir que no están formados para legislar porque más les sirve estar dispuestos a secarse o sacarse el ojo de acuerdo a lo que le convenga a quien los financia, el Gobierno también hace su parte: se permite brotes de pus por todos los lados.
El incendio del que hablaba parece provocado a propósito para marear al votante, como cuando estás en el circo: te distraen entre el malabarista y los payasos, para que no te des cuenta de la trampa. Así sucede ahora, te mueven el piso del presente y te lanzan treinta años para que caigas en la trampa y llegues a creer que ellos, los de este Gobierno, no tienen la responsabilidad de cómo está el país ahora.
Las elecciones no se darán treinta años atrás, se darán en unas cuantas semanas. Es ahora que debemos elegir si le damos el voto a un hombre como Lenín Moreno, que no puede justificar sus ingresos con recursos públicos, que conoce de las cosas que sucedieron durante su periodo como vicepresidente y no quiso ni pudo hacer nada. Un candidato que no tiene libertad para actuar porque estará vigilado por Glas, alrededor de quien hay demasiadas sospechas de corrupción. Sí, el rostro menos amargo de AP, pero con la misma facilidad de ofrecer quimeras y solapar irregularidades. Eso creo yo del candidato oficialista, creo que como político cumplió su rol y la historia y contraloría lo juzgarán, lo que hace ahora está de más. Lenín tiene una mirada en la que leo “no quería estar aquí porque me gustaba no hacer política, pero estoy por los favores que ofrecen”. No es una mirada esperanzadora, es sumisa y, sumisos hemos tenido bastantes. Es hora de ponerse de pie con dignidad y libertad.
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