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Los suicidios en jovenes aumentan en Guayaquil

Ya sea por rechazo o “moda”, evitan hacer cosas de chicos: desconocen cómo estos factores contribuyen a su desarrollo, seguridad e identidad.

En Ecuador la problemática se la percibe en todas las provincias, en unas más que otras. (Referencial)

Ella tuvo suerte. El pasado 3 de diciembre en un terreno vacío de la cooperativa Balerio Estacio, Karina R. trató de quitarse la vida ingiriendo un coctel de pastillas. No era la primera vez. Meses atrás ya lo había intentado con un arma blanca. La joven era adicta a la cocaína y se decía cansada del mundo.

Con fármacos, entre ansiolíticos, antidepresivos y calmantes, esa tarde buscó ‘dormirse’. “Me había hartado de la paranoia, la soledad y los fracasos, quería “descansar” pero mi madre me detuvo”.

Sandra, su madre, había averiguado dónde quedaba su guarida. Una covacha de caña, calurosa y fétida, en la que su pequeña de 15 años -de anteojos y cabello corto espeso- yacía desorbitada. “Recuerdo ver a mi mamá gritando desesperada. La vi asustada y por primera vez tuve miedo...”.

Karina, que perdió la conciencia en ese instante, fue llevada al hospital y 3 días después a un centro de rehabilitación. Se salvó.

Otros 19 jóvenes de entre 10 y 19 años, también de la ciudad, lastimosamente no corrieron con el mismo azar. No tuvieron a nadie que los detenga. Ellos consumaron su acto, al igual que lo hicieron otros 7 chicos en el 2014, en el 2013 fueron 11 y 6 en el 2010.

Los casos, todos guayaquileños, según lo reflejan las cifras del INEC (Instituto Nacional de Estadística y Censos), aumentaron con el pasar del tiempo.

Pero, ¿por qué? Las causas son multifactoriales. No obstante la violencia perpetrada contra ellos (en un 40 % por los padres y en un 26 % por los profesores), el acoso escolar, los embarazos a temprana edad y cada vez más frecuentes, y ese estado de depresión que viven por efecto de las drogas, son a decir del psicólogo clínico Samuel Merlano, el origen del repunte de las cifras de suicidios en la ciudad.

“Guayaquil tiene gente alegre, pero también gente muy triste. Aquí hay pobreza, abusos, bullying y consumo. Los jóvenes cada vez hablan menos , son solitarios”, explica. No comparten en familia, 6 de cada 10 no dialogan con sus padres para resolver diferencias e incluso no tienen un confidente.

Ya sea por rechazo o “moda”, evitan hacer cosas de chicos: desconocen cómo estos factores contribuyen a su desarrollo, seguridad e identidad.

A esto José Salinas, psicólogo del Departamento de Consejería Estudiantil de la Unidad Educativa Pedro Vicente Maldonado, suma otros factores. Las relaciones amorosas fallidas, los cambios fuertes de la vida (el divorcio de los padres, las mudanzas) y la existencia de grupos sociales que alientan a otros a autoeliminarse.

A su consulta, varios jóvenes, en su mayoría de 13 y 15 años, han llegado con cortes en las muñecas, moretones y laceraciones autoinfligidas. “La respuesta siempre es la misma: me siento solo, tengo problemas, el mundo es un asco. Y como sienten que la vida no tiene sentido, entonces piensan en la muerte”.

En Ecuador la problemática se la percibe en todas las provincias, en unas más que otras. En el 2015, por ejemplo, 58 personas de entre 10 y 14 años se suicidaron, 9 más en relación al 2013. Guayas, Pichincha y zonas de la Sierra central, como Cotopaxi, Tungurahua y Chimborazo (donde apenas hace un par de semanas se registraron 2 casos), son las que más defunciones de este tipo presentan.

Esto, claro está, sin incluir las tentativas de suicidio, que son hasta 20 veces más frecuentes que los casos ya consumados. A nivel nacional el 4 % de los adolescentes entre 12 y 17 años, al igual que Karina, llegó a intentarlo. El problema es grave, ya que los individuos que se quieren aniquilar son propensos a repetir el impulso si no reciben el tratamiento oportuno, matiza Salinas.

¿Qué hacer? Los expertos coinciden. Para evitar la tentación se debe romper el tabú. Padres y docentes deben hablar sin miedo del tema y, paralelamente, emplear técnicas no violentas para educarlos o disciplinarlos.

Ambos también deben aprender a escucharlos, incluso cuando no estén hablando, pues si bien es cierto que no son todos, la mayoría de los menores que están pensando en autoeliminarse, transmiten su estado mental atormentado por medio de conductas conflictivas.