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Seguridad juridica y equipo economico
Producido el inevitable relevo en el Ministerio de Finanzas, esperamos ahora el anuncio del programa macroeconómico con el que se inaugurará el nuevo ministro. Por tratarse de verdaderas antípodas de pensamiento respecto de lo que ha prevalecido en los últimos once años, la expectativa creada es que se presentarán diferentes opciones en materia tributaria, distribución del gasto, y la solución del intríngulis creado por el manejo poco edificante que se ha hecho del crédito público.
Hoy debemos insistir en la necesidad de derogar el decreto 1218 del presidente Correa, instrumento que permitió sostener que el techo del 40 % de la deuda pública respecto del PIB no había sido sobrepasado. Esa discusión es hoy académica pues el propio ministro ha pronunciado que dicho monto está en 58 %. La seguridad jurídica demanda la existencia de leyes que se cumplan y no se violen. Se deberá proponer una nueva legislación que resuelva el tema de una vez por todas.
Es evidente que ni el ministro ni el contralor tienen la potestad legal para interpretar la ley, como tampoco puede un decreto presidencial reformar una ley que, en este tema, es clara y precisa pues la deuda debe contabilizar todos los pasivos que constituyen las obligaciones y no escoger al arbitrio o conveniencia qué debe y qué no debe ser incluido.
Finalmente, consideramos que no obstante las limitaciones que el escogimiento de una cifra representa (esto es, el 40 % del PIB), deben mantenerse las reglas fiscales que aseguren la prudencia en el manejo de los dineros públicos, pues son dineros de los contribuyentes. De no hacerlo así se estaría dando tácitamente la razón a quienes sostienen, equivocadamente por cierto, que el déficit fiscal no importa, o que tenemos amplio espacio para endeudarnos porque otros países tienen porcentajes más altos de deuda.
Debe prevalecer la mentalidad de equipo. Hasta este momento subsisten serias incongruencias entre los integrantes del equipo económico, y ello lo único que logrará será disturbar la gestión del ministro y, en el caso extremo, crear un escenario de “guerra de guerrillas” que no le hará ningún favor al Gobierno.
El presidente ha dado muestras de cambio: algunas claras, otras equívocas. Entretanto, se ha perdido un año pretendiendo continuar la práctica de un modelo quebrado. No hay más tiempo que perder.