Segundas oportunidades

No hay manera de recuperar la confianza después de un desengaño si no hay voluntad. El sector privado ecuatoriano ha puesto US$ 9.435 millones como ofrenda para reconquistar al Gobierno, tras el desplante recibido en el Consejo Consultivo Productivo y Tributario. El Ejecutivo, abanderando el diálogo y apertura de miras desde antes incluso de ser un gabinete electo, aprovechó la buena disposición y dio el paso de oficializar la reconciliación con un evento de ilustres invitados entre los que se contaban ministros y empresarios hasta ahora invisibles. Con una bufanda tricolor y un sombrero marca de la casa, inmortalizaron en una foto de portada esta segunda oportunidad, como si no hubiera cuentas pendientes. Pero las hay. Y no deben ignorarse para garantizar el próspero futuro.

La década de promesas incumplidas o de promociones desinfladas por el mero paso del tiempo colocan en el subconsciente colectivo interrogantes que no pueden dejarse sin resolver: quién y en qué se invertirá, y, sobre todo, dónde estaban esos capitales tan cuantiosos que acercan la cifra ofrecida al volumen anual de exportaciones nacionales no petroleras. ¿Dónde estaban cuando el país agonizaba en iliquidez y los ciudadanos se desesperaban cayendo en el desempleo? Lo invertido nutrirá al país o será una simple inyección de dinero que volará después, tras la temporada veraniega.

El panorama económico más complicado, pese a las secuelas aún vivas, comienza a verse desde el retrovisor, pues el sector privado y el público caminan ya de la mano en busca de una nueva época de bonanza con una meta laboral ambiciosa: crear 232.000 empleos gracias a la inversión que llegará en su mayoría -un 85 %- desde el extranjero.

La seguridad jurídica y la estabilidad serán el oxígeno de esta segunda oportunidad entre los dos motores de un país endeudado a niveles asfixiantes. Pero no es suficiente. La tramitología, el exceso de entidades a las que acudir para obtener un beneficio aduanero o tributario y el recelo a ojos foráneos de no contar con un mecanismo de dirimencia de controversias imparcial pueden convertir los anuncios recientes en una mera declaración de intenciones. Y volvería otra vez la frustración de tiempos que todos los que pusieron voluntad de cambiar se niegan a revivir.