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Sanciones acertadas
No se trata de otra hazaña de las “barras bravas” que en nuestro medio, felizmente, no han hecho noticia desde hace ya algún tiempo y se han mantenido comportaditas, demostrando que la eliminación de las vallas en los estadios, con confianza en el público, en realidad sí ha funcionado.
Se trata de un hecho particular, es decir de la unidad y no de la masa. Me refiero al lanzamiento desde las tribunas de una botella (de cola con nuevos impuestos debe ser) contra un juez de línea, proyectil vidrioso que le hirió el brazo al hombre de la banderita y detuvo el partido un buen tiempo.
Felizmente, quienes fueron espectadores cercanos de este torpe hecho de violencia no quisieron convertirse en cómplices de la salvajada y denunciaron al autor del atentado, el cual fue capturado y conducido ante los jueces para que lo sancionen de acuerdo a una ley que debe existir en alguna parte de los textos de los códigos penales vigentes. Y tales jueces, al parecer, se mostraron un tanto compasivos con el joven de apenas 18 años que había cometido algo más que una malacrianza, sentenciándolo solamente a cumplir cien horas de labor comunitaria en Guayaquil (¿de qué manera, con quién y bajo qué controles?) y prohibiéndole que durante un año, a partir de la fecha, pise el Monumental, aunque nadie le puede impedir que especte cómodamente los partidos en que participa el ‘Ídolo’, el club de sus querencias, por la pantalla chica.
Sin embargo, como suele decirse, quien salió más lastimado que el propio árbitro lateral herido fue el club torero que, “sin saber leer ni escribir”, fue castigado con una severa sanción que va a doler mucho, sobre todo si se toma en cuenta que el ‘Ídolo’ viene atravesando una muy difícil situación económica por las deudas que le han caído encima. Y las que fueron “manos del Ecuador” no saben cómo mismo atajarlas. Encima, “tras cuernos palos” , le cae este castigo como un balde de agua recontra helada.
Eso quiere decir que cualquier majadero que se sienta hincha del equipo más popular del Ecuador, en cualquier momento puede llevar, más que a la ruina, a un desajuste moral y colectivo al club de sus amores, por un acto por el que no va a sufrir castigo alguno.
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