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Rigoletto: un secreto

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Cuando las partituras fueron entregadas a los cantantes para los ensayos de la primera presentación, Raffaele Mirate, tenor que tenía a su cargo el papel del duque de Mantua, notó que el aria que tenía que cantar en el último acto no estaba. Se acercó a Verdi y le indicó: “Me hace falta una pieza”. Contestó Verdi: “Hay tiempo, te la daré”. Todos los días Mirate preguntaba por su perdida aria y Verdi daba alguna excusa. Finalmente se la entregó “a tiempo”, la noche anterior al último ensayo con toda la orquesta, momento en que también los músicos vieron por primera vez las notas de esa aria.

Verdi, mirándolo fijamente le dijo: “Mirate, dame tu palabra de honor que no vas a cantar en voz alta esta melodía en tu casa, que tampoco la vas a tararear, ni siquiera silbarla; en otras palabras que nadie la va a escuchar hasta el día del estreno”. Mirate así lo prometió.

Verdi sabía que tenía un verdadero “hit” en sus manos y no quería que se pierda el efecto, ni que por lo popular de la tonada se lo acuse de haberla compuesto antes y haberla “tomado prestada” de otra obra. Además hizo jurar a toda la orquesta y a todo el elenco, tal como lo hizo con Mirate.

El secreto de “la donna é mobile” se guardó y el efecto del aria en el estreno fue prodigioso; al final del segundo verso la sala estalló en aplausos, bravos y vivas al maestro.

Una vez que Rigoletto se estrenó , “la donna é mobile” estuvo en la boca de toda Venecia, y de toda Italia luego. Según cuenta Ethan Mordden en su libro Anécdotas de la ópera, “se la escuchaba en el campo y en la calle, en los puentes y en las góndolas, desde Cannaregio a San Pietro di Castello”.

Francesco Piave, autor del libreto y una especie de duque de Mantua con relación a mujeres, decidió cantar el aria cuando se encontró con una de sus anteriores amantes frente a él en la vereda. Al cruzar junto a ella cantó: “La donna è mobile qual piuma al vento” (la mujer es voluble como pluma al viento). A lo que la mujer improvisó para deleite e hilaridad de los paseantes: “E Piave é un asino, che val’ per cento”. “Y Piave es un asno que vale cien (asnos)”.

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