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Revoluciones olvidadas

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Acabamos de pasar por dos fechas que antes se consideraban históricas y, como tales, se las recordaba y hasta se las celebraba dentro del lapso casi exacto de una semana. Me refiero a la revolución del 28 de Mayo de 1944, que el vulgo calificara como ‘La gloriosa’, y el triunfo de la Revolución liberal, en Guayaquil, liderada por el Viejo Luchador, Eloy Alfaro, allá en un 5 de Junio de 1895.

La victoria liberal en el Puerto, luego de una larga campaña en la que intervinieron los “montoneros”, que eran hombres del pueblo seducidos por el carisma de un hombre que representaba la necesidad de un cambio histórico, igual que en el proceso independentista de seis décadas antes, implicó el esfuerzo de subir la cordillera para llevar la liberada política a la Sierra, donde dominaba la derecha latifundista, hasta coronarla, llegando a la capital de la República para establecer, ya con la cobertura total, un cambio de sistema político y económico en toda la nación.

Recuerdo que en mis épocas de niño y adolescente el 5 de Junio era considerada una de las más importantes efemérides dentro del calendario patriótico. Sin embargo, con el paso del tiempo y tal vez porque los clásicos enemigos de antaño, los partidos liberal y conservador, se convirtieron en piezas de museo, y comenzó a imperar lo que se calificó como “neoliberalismo”, la efemérides liberal fue perdiendo categoría en la memoria cívica del colectivo nacional y ahora solo sirve para ciertas manifestaciones de grupos leales a la historia o uno que otro artículo periodístico.

No hay duda de que la firma e imposición del Protocolo de Río de Janeiro, firmado el 29 de enero de 1942, que le cercenó al Ecuador casi la mitad de su territorio, iba a crear un rencor colectivo en este país, que aún no era “banana república”, contra el gobierno de ese entonces, a quien se le cargaba toda la culpa de esa gran derrota, primero en las acciones bélicas y luego “sobre el tapete”. Y así se produjo la insurrección armada que unió a los sectores políticos más opuestos, dándose la mano comunistas con curuchupas. Guayaquil fue otra vez la sede de esa victoria popular. Pero también a La gloriosa le tocó entrar en el campo de la amnesia nacional.

cazonf@granasa.com.ec

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